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EL HERMANO PEQUEÑO DE RECUPERANDO IDEAS.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

CRITICA.

Quizá sea demasiado pronto para que el ánimo decaiga, pero los signos que el nuevo gobierno municipal ha lanzado desde su toma de posesión no son nada ( o son muy poco) halagüeños para los que pensaban (mos) que el cambio era posible tras las elecciones del pasado mes de mayo. Para algunos, incluso sea demasiado pronto para la crítica, pero es una evidencia: la ausencia de ésta  ( ya sea por un falso “buenismo”, ya sea por las razones instrumentales (razón que establece relación entre un objeto, y los medios que sean para conseguirlos) provoca la autocomplacencia; camino corto hacia el clientelismo de todo tipo.
Se ha criticado con virulencia el asunto de las remuneraciones: que si no es coherente con lo dicho, que es, poco más que una traición a los votantes de éste o aquel partido, etc. Se ha criticado la “aparición” en escena del personal eventual ( asesores, de confianza, etc.). Se ha criticado la poca iniciativa política desde el inicio mismo del mandato. Pero las críticas han sido, o bien en círculos muy concretos, o provenientes de una oposición/oposición ( lo de oposición/oposición es, simplemente por clarificar: la oposición actual es el pp y ciudadanos, siendo el PSPV-PSOE una especie de apoyo/oposición) transfigurada demagógicamente en defensora de los compromisos electorales. Pero existe un cierto ambiente crítico entre aquellos que, tras los comicios municipales del mes de mayo, apoyamos un proyecto de cambio ético y estético, y a ésta actitud crítica me quiero referir.
La palabra “critica”, como tal, es entendida generalmente como un cuestionamiento y no como un disenso o discrepancia. Evidentemente hay un cierto tipo de crítica que no lo es, pues utiliza la media verdad y la demagogia desmemoriada para su construcción. La crítica, que aunque innecesariamente debe ser puntualizada como “constructiva”, es a la que me refiero y la que considero que debe ser practicada con asiduidad, pero con moderación ( y cuando digo moderación no me refiero a “morderse la lengua”, sino a moderar posiciones: a no querer imponer criterios, ideas o pareceres, sino a estar dispuesto a discutir, dialogar e incluso, a modificar posiciones). Y sobre la necesidad de entender el contexto de la crítica voy a intentar desarrollar mi exposición.
Creo que la emergencia de determinados sectores críticos es algo saludable, máxime cuando éstos no practican el razonamiento instrumental sino ese razonamiento  basado en argumentos e ideas; en principio, discutibles y falsables, pero exentos de objetivos impositivos o hegemónicos.
No obstante, es necesaria la comprensión de los razonamientos a los que criticamos, pues de lo contrario se antepondrían los argumentos puramente emotivos, lo que vaciaría de razonamiento el dialogo crítico que se pretende impulsar. Pero la comprensión de los razonamientos criticados no implican la aceptación, algo que debe ser una premisa en ese deseable dialogo crítico que algunos proponemos: el deseo de aceptación o imposición es un objetivo que vulnera el dialogo y lo convierte en monologo buscando, no el consenso de argumentos, sino la pura hegemonía personal.
Si el nuevo gobierno quieres ser verdaderamente el instrumento para iniciar ese cambio deseado, en principio debería ser receptivo a la crítica y al debate donde todas las posiciones partan de un mismo nivel, al margen de la coyuntural responsabilidad que cada cual ocupe o el rol que juegue. Creo humildemente, que los que apoyamos críticamente el cambio que creemos que puede representar el nuevo gobierno local, lo hacemos desde posiciones de encuentro y no de enfrentamiento, algo que, aunque sea emocionalmente difícil de entender ( o asumir) debería ser el primer ejercicio para avanzar en un nuevo modelo de institución donde los gobernados no estén al servicio de los gobernantes.

sábado, 29 de agosto de 2015

SINDICALISMO EN TIEMPOS DE CÓLERA.

Los sindicatos mayoritarios son, pese a la todavía imagen simbólica de “sindicatos de clase”, parte del problema institucional que la sociedad percibe y rechaza pero, ¿realmente son un problema, realmente son o siguen siendo útiles a la sociedad?.
Plantear esta pregunta no es baladí, pues si la desafección de la sociedad hacia los partidos es un hecho, y se ha manifestado en la emergencia de alternativas a los, hasta hoy, instrumentos para el mantenimiento del estatus quo; respecto a los sindicatos mayoritarios ha pasado algo similar, pero con una repercusión mediática menor y la no emergencia de alternativas, digamos: viables.
El sindicato es una herramienta; un instrumento para la defensa de los y las trabajadores y trabajadoras pero, al mismo tiempo, fue y debe recuperar el carácter de movimiento social que propició importantes movilizaciones y cambios en la sociedad, antes, durante y después de superada la transición a la democracia representativa de la que hoy “gozamos”. Pero, al igual que los partidos que hasta ahora representaban el mantenimiento y la reproducción ( aunque con matices, algunos importantes y otros meramente simbólicos o discursivos) del sistema “sufrieron” un proceso de institucionalización, a los sindicatos les ocurrió lo mismo.
La garantía de un nivel de representatividad institucional “garantizó” a los sindicatos de clase una serie de, digamos, privilegios: liberados institucionales, acumulación de horas, subvenciones, formación, etc. Y estos instrumentos, que deberían haber servido para avanzar en un trabajo sindical dirigido a reforzar la unidad de los y las trabajadores y trabajadoras, sirvieron para construir élites sindicales.
Algunos ven en la crítica a las todavía existentes élites sindicales un ataque mismo al sindicalismo, cuando es todo lo contrario: una reivindicación del papel de los sindicatos como instrumento de lucha y unidad de una clase trabajadora atomizada, disgregada y diluida en intereses sectoriales, algo que ha propiciado el “sálvese el que pueda”, mirando de reojo al de al lado para, o envidiar su situación o para ponerse de perfil, no sea que la miseria se acerque demasiado a la precariedad general que todos sufrimos.
Los sindicatos son y deben seguir siendo útiles: los trabajadores y trabajadoras no tenemos otra herramienta para defendernos de los ataques de los crecidos empresarios que, gracias a las sucesivas reformas laborales y a un clima de individualización de las relaciones laborales tiene, hoy más si cabe, la sartén por el mango: todo sea por la productividad y el empleo, aunque éste sea precario y no nos saque de la miseria ( no solo económica) en la que pataleamos para seguir a flote.
Quiero finalizar con dos detalles que, en mi opinión, inciden en la perentoria necesidad de reconstruir el movimiento sindical, pero desde abajo. El primero, las declaraciones de los dirigentes sindicales sobre un “logro” para las trabajadoras de la administración sobre bajas por embarazo: ¿sólo para las trabajadoras de la administración?, ¿eso es un logro?: sí, pero un logro sectorial que nos divide y nos enfrenta a los precarios en una guerra en la que la manipulación, sumada a la torpeza sindical, añaden leña a un fuego que solo calienta a los poderosos.
El segundo detalle: declaraciones de dirigentes sindicales sobre “haber logrado” que la administración “devolviese” derechos sustraídos a los trabajadores y trabajadoras públicos. ¿Solo para los trabajadores públicos?, ¿logro?, ¿fruto de la lucha?: la administración, en su táctica electoralista ( la misma que parecen motivar las declaraciones, pues si no es así, no lo entiendo) ha “concedido” algunas cosas a los empleados públicos ( un sector sobre el que tendríamos que reflexionar tranquilamente: corporativismo, insolidaridad, etc. pese a estar en situación de encabezar la solidaridad  entre la clase trabajadora y la lucha por la recuperación de la dignidad; pero ya se sabe:¡ sálvese el que pueda!). Las “movilizaciones”, escasamente seguidas, han servido para poco o más bien para nada, así que los “logros” no son tales, sino concesiones: ¡menos retórica tacticista y más reflexión compañeros!.

Sí, creo en el sindicalismo. Sí, creo en los partidos, pero como instrumentos y no como fines para la acomodación de nuevas-viejas élites. La construcción de una alternativa pasa, en mi opinión, por la reconstrucción de los partidos y sindicatos más allá del papel institucional: en la calle, codo a codo con los parados y paradas, con los precarios , con los jóvenes.

sábado, 22 de agosto de 2015

HERENCIAS Y RESPONSABILIDADES

Tras más de veinte años de estancia en el gobierno municipal, la “herencia” es importante. Una gestión marcada por una impronta claramente elitista donde las decisiones eran tomadas por unos pocos y, en demasiadas ocasiones marcadas por actitudes soberbias. Esta talante ha propiciado una, si cabe, mayor desvertebración del movimiento ciudadano en todos sus aspectos, resignado a la imposición de políticas y decisiones desde la cúpula del poder local. En todo caso, y en torno a problemas concretos, se ha dado una cierta agregación de opiniones: vertedero e impuestos. Aunque esta agregación no ha sido masiva, si ha creado un debate sobre ambas cuestiones.
La herencia no es solo en cuanto a la gestión ( de servicios, programas, etc); ni siquiera sobre la situación de las cuentas municipales: la herencia también son una serie de “tradiciones, costumbres y hábitos” que, en mi opinión, son tan importantes como las cuestiones referentes a políticas concretas, pues pueden condicionarlas de tal manera, que las ilusiones creadas en torno al cambio de gobierno que las urnas propiciaron el 25M podrían tornarse en una mayor frustración y, por lo tanto, descrédito de los nuevos gobernantes ( poseedores, en principio, de un patrimonio simbólico que deberían concretar en programas y políticas, pero también en gestos  coherentes con el mismo).
Hablaríamos de “tradiciones”, si nos referimos, por ejemplo, a la estructura misma de debate político: comisiones informativas, junta local de gobierno, plenos, organización de las áreas delegadas, etc. Aquí, ya se debería haber dado una nueva dimensión a la propia organización que confiriese un nuevo significado, tanto a las áreas como a los órganos de debate político (Las comisiones informativas, su denominación, la expresión e un compromiso político sobre la participación de vecinos afectados o interesados con voz en las mismas…)
En cuanto a la denominación misma de las áreas delegadas, solo un ejemplo: ¿porqué seguir denominando servicios sociales o participación ciudadana a unas áreas que deberían desarrollar una política dirigida a la igualdad o a la democracia participativa?. Soy consciente de que, solo la denominación; solo la terminología no define una política, pero si la orienta y le da un nuevo significado que incidiría en un aspecto cultural y pedagógico que no se debería olvidar si el objetivo de cambio no es solo partidario o coyuntural.
Otra de las herencias “tradicionales” que la ciudadanía esperaba que se cambiasen se refiere a los salarios y el personal político contratado por la administración. Debo decir que, para mí, no es una cuestión fundamental, pero entiendo que para muchos ciudadanos y ciudadanas, el carácter simbólico de las reformas propuestas en éste sentido sí lo son. Y no me refiero únicamente a las cantidades, sino a la “continuidad” en cuanto a la justificación o argumentación (tanto en las retribuciones como en la subvención a los grupos políticos, sin que, por ejemplo en ésta última se introdujese compromiso alguno sobre la transparencia y rendición de cuentas de los perceptores). El hecho de que no se haya hecho público, a través de información municipal el nombramiento de personal de apoyo político no dice mucho sobre el compromiso de transparencia, sin hablar del cambio de criterio en alguno de los grupos participantes en el gobierno plural en torno a éstas cuestiones.
Creo que hay herencias igualmente perniciosas para un nuevo gobierno que acaba de asumir la responsabilidad institucional que las meramente materiales, de ahí que algunas de las decisiones ( por ejemplo: la convocatoria del Pleno en el que se discutían las retribuciones por la mañana) hayan chocado, al menos, con las expectativas que muchos y muchas tenían puestas en el nuevo gobierno plural.

Creo que los primeros pasos han sido demasiado titubeantes, no en cuestiones de fondo (que, evidentemente requieren un estudio y un debate más profundo y  largo en el tiempo) sino en cuestiones de forma que, sin duda, hubieran marcado desde el inicio ese compromiso de cambio que muchos y muchas anhelábamos. 

lunes, 17 de agosto de 2015

UN PRINCIPIO: SOLIDARIDAD


¿Somos los y las trabajadores y trabajadoras públicos igual que el resto?: básicamente, sí. Nos diferencia nuestro estatuto y la legislación por la que nos regimos, pero en lo fundamental, somos iguales, con matices. Los y las trabajadores del sector privado, están sometidos a una estrategia de precarización que, aunque aparentemente no lo parezca, también nos afecta a los y las trabajadores y trabajadoras públicos. Pero no voy a filosofar sobre esa otra estrategia que, proveniente desde diferentes sectores, cuestiona y enfrenta a los y las trabajadores entre si con un objetivo: atomizar los intereses de la clase trabajadora para así disponer de una mayor, digamos; disponibilidad a la hora de aceptar recortes y precariedad. Voy a centrarme en un concepto retributivo que nos situará frente a un principio ético: la solidaridad.
Los trabajadores y trabajadoras del sector privado, “gracias” a la sucesión de reformas y a la debilidad estructural del tejido económico productivo, se encuentran en una gravísima situación en la que, ni teniendo trabajo se deja de ser pobre ( ver datos de Encuesta de Condiciones de Vida del INE 2014). La reformas laborales aprobadas no han incidido en un cambio de modelo productivo, pero si lo han hecho en las condiciones de vida de los y las trabajadores y trabajadoras. Los empleados públicos no estamos exentos de este “empobrecimiento”, ya que, a la privatización ( gustan de llamar “externalización), bajadas de salario y congelaciones varias, hay que sumar la estrategia que reúne todos estos parámetros de precariedad: desmontar los servicios públicos para igualarnos a todos y todas en la pobreza y así poder contar con lo que, ya Marx denominó el Ejercito de Reserva ( paro y precariedad estructural para mejor y mayor disposición de mano de obra barata, donde la competencia entre los pobres propicie un crecimiento de ese otro objetivo: individualización extrema del individuo, que es igual a la competición o guerra entre los y las trabajadores y trabajadoras por ocupar cualquier empleo a cualquier precio).
El concepto retributivo al que quiero referirme es: horas extras o servicios extraordinarios. Y el principio, como decía; el de solidaridad, entendida ésta como la concienciación de compartir situación social, al margen ( y parece fácil decirlo…) de la estabilidad laboral que se tenga.
Las horas extras en la empresa privada se ha generalizado como un método de doblar la producción con los mismos ( o menores) costes laborales. Estas horas, se realizan, no ya de forma extraordinaria, sino como parte estructural de la producción, siendo de obligada de realización y de dudosa compensación en muchas empresas. En las instituciones públicas ( al menos en la que yo presto mis servicios), los servicios extraordinarios ascienden, presupuestariamente ( presupuesto 2014 prorrogado) a más de cien mil euros. Y la pregunta que conecta el concepto retributivo y el principio de solidaridad, ¿deben realizar servicios extraordinarios los y las trabajadores y trabajadoras municipales?. Legitimamente, si. Pero la cuestión ya no es siquiera la legitimidad, sino la ética.
Los trabajadores y trabajadoras públicos “deberíamos” ser los que rompiésemos ( por estabilidad) la dinámica de atomización y enfrentamiento, convirtiéndonos en un tipo de “vanguardia” de los derechos: luchar por que las externalizaciones no se realicen, porque se fomente el autoempleo local, la creación de bolsas de trabajo temporal, los servicios gestionados con objetivos sociolaborales, etc.  Por el contrario, con el tiempo nos hemos convertido en una especie de élite laboral ( vilipendiada, si, pero envidiada, también) que olvida dos principios básicos: siendo trabajadores, prestamos servicios a la ciudadanía ( lo que presupone una cierta vocación de servicio), y debido a nuestra estabilidad, deberíamos fomentar y potenciar una conciencia colectiva que obligase a las estructuras políticas a preocuparse, no por las movilizaciones sectoriales, sino por una movilización general y transversal (laboralmente hablando).
Personalmente creo que, ese principio que otorga a todo aquel que cree que es necesario recuperar la solidaridad el atributo de “tonto”, debe ser combatido, y si exigimos a nuestros representantes principios y ética, nosotros, como servidores públicos profesionales deberíamos asumirlo como parte de nuestro necesario adn.

Repartir el potencial empleo que las administraciones locales tienen a su disposición no resolverá un problema en el que, por competencias y por dimensión, poca incidencia tienen las acciones locales, pero si puede paliar las situaciones de mayor gravedad: inserción laboral de jóvenes y reinserción de mayores; situaciones familiares extremas, etc. 

jueves, 6 de agosto de 2015

¿PLURALIDAD vs UNIDAD?


La pluralidad manifiesta del nuevo equipo de gobierno parece que quiere diluirse tras la figura del “equipo de gobierno”. En la última sesión plenaria, pese a designarse portavoces de los grupos políticos constituidos, los que están integrados en el equipo de gobierno no intervinieron como tal, haciendo las veces de portavoz único un miembro del gobierno plural.
En mi opinión eso no es positivo para la político ni positivo para una democracia que cada día es más plural y diversa en sus manifestaciones políticas.
El hecho de que las organizaciones participantes en el acuerdo plural no intervengan como tales me parece un intento poco positivo de trasladar un mensaje simbólico de unidad, cuando el grado de coincidencia únicamente se concreta a través del acuerdo suscrito y las políticas acordadas.

Creo sinceramente que no ha existido un análisis político por parte de cada uno de los actores implicados. Y cuando me refiero a un análisis político no quiero decir una valoración partidaria y electoral, sino una reflexión sobre el papel que cada uno quiere jugar en la sociedad, pues no solo de la institución vive la política, y olvidarlo, es olvidar el sustento mismo de la democracia: la pluralidad.

SALARIOS Y ASESORES.

Tras la celebración de la última sesión plenaria, la cuestión de los “salarios” ha pasado a ser la comidilla de una parte de la ciudadanía. Los argumentos que cada cual expuso en el Pleno tiene, por supuesto, legitimidad, pero deberían ser analizados detenidamente porque expresan, en sí mismo, no solo una serie de contradicciones, sino una posición tácita por parte de cada uno de los actores implicados en la nueva legislatura.
Por un lado, se observa un discurso demagógico por parte de la derecha que perdió el poder. Discurso apoyado, con la coincidencia de voto, del nuevo grupo de Ciudadanos, el cual expresó una posición que, lejos de suponer una novedad, significada una obviedad ( la división a partes iguales del presupuesto ) sin que los criterios que defendía como novedosos estuviesen claros.. El argumento del pp, sobre que la “carga” de la rebaja la soporta la oposición se sustenta, únicamente en el número de miembros del gobierno plural y el número de componentes de la “oposición”, pues respecto a las cantidades no es así, y la cifra de remuneraciones de 2014 y la actual así la demuestran.
La posición del grupo Socialista, pese a apoyar las retribuciones, planteó un argumento basado en el concepto “responsabilidad”, aunque, en mi opinión, se basa en una mera cuestión de estatus,  cuestión que no es novedosa, pues la conclusión del proceso de negociación estuvo marcada igualmente por una cuestión de estatus, cuestión que propició que el grupo socialista no entrase en el gobierno plural.
La cuestión de las remuneraciones se “salvó” gracias al apoyo del grupo socialista, pero existen demasiadas contradicciones que algunos de los miembros del nuevo gobierno deben explicar a sus votantes.
Pero, en mi opinión, hay cuestiones que son, en principio, más preocupantes para la cristalización y consolidación de ese proyecto de cambio que muchos deseamos. Una de ellas es la cuestión “pendiente” del denominado personal de confianza.
Algunos de las organizaciones que hoy componen el gobierno plural, se afanan en explicar lo que antes criticaban vehementemente. Y los argumentos, siendo contradictorios, entrañan una verdad: los cargos públicos no tienen , ni deben tener conocimientos específicos: los cargos políticos deben tener, un programa y las ideas claras sobre los objetivos políticos que se persiguen. Otro de los argumentos es el nulo asesoramiento que los funcionarios y funcionarias públicas han realizado o pueden realizar. Esta justificación no se sustenta, ni en hechos ni en datos, pues el trabajador municipal no ha podido asesorar dada la red clientelar que el pp había construido a lo largo de más de dos décadas, premiando el seguidismo y la complacencia a la profesionalidad.
Dicho esto, considero que, si existe una necesidad de mayor asesoramiento técnico, la administración local tiene una amplia plantilla donde buscarlo, y no siendo así, dispone de una red de instituciones en las que apoyarse para dilucidar, en su caso, la legalidad de las políticas y programas. Y ahondando más si cabe: si fuese necesario un asesoramiento, éste tendría un costo económico elevado pues a nadie le cabe en la cabeza que un asesor profesional y experimentado en un campo determinado pueda cobrar como un auxiliar administrativo.
La figura, controvertida, del personal de confianza, se ha basado en la necesidad de los partidos políticos en reforzar sus propias estructuras, así como la de dar cabida institucional a personas por interés partidario. Los “asesores” han sido, o meros auxiliares administrativos, o comisarios políticos, o militantes complacientes “merecedores” de algún tipo de premio o reconocimiento.
No obstante, considero que contar con otras opiniones, en primer lugar supone una delegación de poder, que bien podría recaer, o en personal público o en militantes que, de forma altruista prestasen colaboración o consejo a sus organizaciones. Igualmente, existe una vía no explorada que es la creación de becas remuneradas destinadas a estudiantes de diferentes especialidades, formados pero sin experiencia laboral, pero deseosos de poner en practica sus conocimientos y, porque no, de colaborar en el desarrollo de nuevas políticas más acordes con las demandas y necesidades de una sociedad cada día más desigual.  Pero para aplicar, por ejemplo la primera vía, se precisaría, tanto un compromiso como una actitud humilde del cargo público respecto a sus propios compañeros, sin que los y las que opinen sean vistos, ni como adversarios, ni como entrometidos: el concejal o la concejal, no debe saber de todo, pero tampoco puede tener el conocimiento universal  (un  estatus “adquirido” que debería ser superado)que parece dotar a los cargos públicos una vez tomada posesión.




LEER LA DEMOCRACIA.

Los primeros pasos del gobierno plural, que asumió la dirección de la institución municipal tras las elecciones municipales están, en mi opinión, marcados por un exceso de prudencia: algo así como si la institución misma se hubiese impuesto a las intenciones previas con las que accedieron los miembros de las diferentes organizaciones políticas que pactaron la actual composición del gobierno. Ese exceso de prudencia puede ser lógico ( al enfrentarse a una realidad más o menos conocida), pero también se puede observar un tacticísmo calculado; un exceso de lo que podríamos llamar racionalidad formal; intentando adecuar y adecuarse a esa realidad que se enfrentan abierta y emotivamente a los prejuicios que, antes de las elecciones eran los “pilares” de los partidos y organizaciones políticas que hoy forman el equipo de gobierno.
Decía lo de más o menos conocida, pues algunos de los integrantes del nuevo gobierno municipal tenían una experiencia previa que, en mi opinión, debería haber servido para permitirles avanzar a un ritmo diferente, pues la situación y muchos de los asuntos eran ( o deberían ser) conocidos. Esa aparente modulación del ritmo considero personalmente que se debe ( al igual que otra cuestión a la que posteriormente me referiré: una aparente actitud excluyente) a un insuficiente análisis político y una “adaptación” al estatus quo, algo que la ciudadanía no sugirió a los partidos el pasado 24M. En todo caso, la lectura del mensaje que surgió de las urnas, no se refería únicamente a un cambio de gobierno ( que también), sino a un cambio de políticas y, sobre todo, a un cambio en la política que, a lo largo de veinte años impuso la derecha.
La confrontación o contraposición ideológica ( en su significado más conservador y subjetivo, quiero pensar, pues de otra manera, la explicación sobre equilibrios y objetivos personales significaría más de lo mismo, vaciando el discurso de cambio y traicionando lo mandatado por los votantes) ha propiciado la “exclusión”, legítima electoralmente, pero inadecuada políticamente, de una organización que obtuvo una importante representación como es Ciudadanos.
Las opiniones, sobre éste partido emergente pueden ser positivas o negativas, pero los más de mil seiscientos votos obtenidos, así como los equilibrios necesarios para la formación de un gobierno alternativo a la derecha hegemónica hasta el 22M, deberían haber propiciado un análisis político, como mínimo.
Que Ciudadanos es un partido ecléctico electoral y políticamente nadie lo pone en duda, pese a que a ellos les agrade más el término transversalidad. Esta organización es la apuesta de la derecha económica ante la podredumbre del partido que tradicionalmente había representado la “esencia” de la derecha: esa que el discurso de Ciudadanos quiere superar a través de propuestas, en lo económico, claramente neoliberales, pero que  en lo referente, por ejemplo, a derechos civiles es infinitamente más avanzada que la representada por una derecha con demasiados tics autoritarios y, porque no decirlo: tardofranquistas ( paternalismo económico, posición reaccionaria en materia de derechos individuales, etc). En definitiva, Ciudadanos representa para muchos esa social derecha sensata que, pese a nutrirse de ex militantes y cargos públicos de la derecha reaccionaria, supone un “cambio” para muchos y muchas.
No sabemos si Ciudadanos ha participado en el proceso de negociación, pero por lo poco que conocemos, fue “vetada” por alguna de las partes participantes en la negociación, siendo aceptada esta imposición “ideológica”, sin que se produjese análisis político alguno ( el análisis ideológico, sesgado por lo subjetivo y los prejuicios, parte de una actitud conservadora: la de preservar una supuesta esencia que, en definitiva, no es más que un cierto tipo de estatus basado únicamente en un cierto tipo de retórica).
¿A qué me refiero cuando hablo de análisis político?. Precisamente a la necesidad de dotar de mayor consistencia institucional a un gobierno que promueve, como principio inspirador, el cambio respecto a las dos últimas décadas. Y esa necesidad de consistencia, se basa, tanto en una cuestión numérica como democrática: numéricamente, un gobierno de ocho concejales ( sobre una mayoría necesaria de once), apoyado desde “fuera” por uno de los participantes en el proceso de diálogo, no es suficientemente sólido. Las diferentes tesituras a las que deberá enfrentarse el gobierno plural pueden propiciar, al depender “solo” de once votos, desequilibrios en la dinámica político institucional.
Algunos, con toda la legitimidad y razón ( instrumental y, por lo tanto, en función de fines) podrán argumentar que es “suficientemente” democrático un gobierno plural con la representación actual y el apoyo puntual del grupo socialista: es cierto. Pero desde un análisis exento, en lo posible de emotividad y condicionantes subjetivos, ¿no sería más democrático dar representación, en lo posible y dentro de la voluntad que se tenga,  a una organización que rompe la hegemonía de esa derecha que, pese al tufo autoritario e incluso reaccionario, ha gobernado más de dos décadas?.

Creo que, si de algo adolece, en mi opinión, el actual gobierno plural es de análisis político, más allá de prejuicios y tacticismo calculado como argumento. La ilusión y la voluntad de cambio de muchos y muchas ciudadanos y ciudadanas se expresó con claridad el 24M, y dejando fuera a la derecha que había gobernado, considero que, en beneficio de la pluralidad, de la democracia e incluso de ese mismo proyecto de cambio que preconizaban en sus acuerdos los miembros del actual gobierno, debería someterse a un análisis.

martes, 28 de julio de 2015

Bustos, banderas e himnos.


Algunos gobiernos de la izquierda diversa y plural que accedieron a los gobiernos municipales tras las elecciones del pasado 24 de mayo están mostrando una carencia que, desgraciadamente, está siendo utilizada por sus virulentos detractores como una muestra del “verdadero” carácter que éstos ocultaban. La falta de lectura política de la situación, junto con un exceso de emocionalidad en algunas decisiones, dibuja un inestable escenario para las ilusiones que muchos y muchas pusieron en ellos. Parecen estar haciendo todo lo posible para dar argumentos a los que anunciaban una “inestabilidad democrática”.

El “asalto a los cielos” no puede suponer, en virtud de los equilibrios propios de la pluralidad, un irracional intento de “imponer” cuestiones que suponen un choque igualmente emocional en una sociedad que, nos guste o no, ha naturalizado, tras años de imposición cultural, un imaginario colectivo sustentado por una construcción mediática y simbólica. La lucha contra ésta evidencia no puede ser, ni la imposición institucional ni la decisión subjetiva en virtud de la simbología propia: la nueva política se debería basar en el acuerdo, en el consenso y en la pedagogía aplicada a través de las decisiones y la política desarrollada. En palabras de Foucault, uno de los objetivos es “hacer visible lo invisible”, y para ello el trabajo de quitar, poner o sustituir no es efectivo pues entra en el juego de los equilibrios institucionales donde, la alternancia del sistema, propiciará la restitución de los quitados o sustituidos, pero con un mayor grado de inquina, cuestión que no favorece los objetivos de cambio.


La izquierda debería hacer una lectura política adecuada a los objetivos, y a ser posible, prescindir de los argumentos emotivos, pues éstos, generalmente y gracias a décadas de estrategias (construidas socialmente) de dominación cultural, significan para muchos y muchas imágenes de confrontación y crispación: dejemos las banderas, bustos e imágenes y dediquemos nuestro esfuerzo a reconstruir una sociedad que, a causa de la racionalidad formal (Weber) de las estructuras de dominación es, para nosotros y nosotras, “irracional en su conjunto” (Marcuse). El cómo, parece claro: democracia. Democracia aceptando incluso la “irracionalidad”; aceptando la discrepancia y la diferencia; utilizando la pedagogía; creando escenarios de participación, información y co-decisión. Tantos años de “violencia simbólica” ( que, al ser los dominados inconscientes de esas prácticas contra ellos, se convierten en cómplices de la dominación a la que se les somete) no se resuelve a través de la confrontación de símbolos: se revierte, gradualmente, a través de la política, en mayúsculas.

lunes, 27 de julio de 2015

El reparto del empleo.


La reforma laboral del pp ha servido a uno de los fines que la crisis tenía ( y tiene); que algunos vieron de forma tácita, pero hoy, a la vista de los datos sobre el tipo de empleo que se crea en éste país, va tomando forma explícita: el empobrecimiento.
Pese a que éste concepto sea  ajeno para muchos y muchas, o se quiera pasar de puntillas ( el terror económico que la crisis ha puesto en manos de unos pocos es un arma demasiado potente para combatirlo sólo con principios), el empobrecimiento generalizado es un hecho que no escapa a casi nadie. Los pequeños ( o no tan pequeños) agregados de solidaridad son los que están sosteniendo el difícil equilibrio sobre el que deambula la sociedad: padres, suegros, vecinos, ONGs, etc, son las que están sustituyendo a un estado cada día más mínimo: otro de los objetivos de la estrategia global neoliberal.
Desde los Ayuntamientos, y previa autorización de las administraciones competentes en materia de empleo, se puede incidir cuantitativa y cualitativamente: destinar,  parte de los presupuestos actuales destinados a la realización de horas y servicios extraordinarios para la creación directa de empleo. Creo, que la pasada legislatura ya hubo algún grupo que apuntó alguna cuestión, pese a no concretarlo presupuestariamente. Junto a la reconsideración de las partidas destinadas a servicios y horas extras, puede ( y debe) sumarse otros gastos no prioritarios para dotar suficientemente un programa de acción directa.
Las bolsas de empleo son pequeños pero efectivos parches que pueden ofrecer a muchos y muchas trabajadores y trabajadoras un instrumento no solo para la supervivencia, sino también para recuperar algo que, hoy por hoy está bajo mínimos: la dignidad como trabajadores y trabajadoras; en definitiva, como personas. Pero esto no basta: la necesidad de abrir nuevos nichos de empleo al hilo de un cambio de modelo productivo local, más sostenible y sin dependencia de la temporalidad es otro reto que debe ser abordado en El Campello sin prisa, pero sin pausa.
Otra cuestión son el rescate de servicios actualmente en manos de empresas. Aquí no solo basta con la voluntad, sino con la situación contractual en la que se encuentran esos servicios: decir que se va a “municipalizar” un servicio, sin valorar las repercusiones que podría tener el incumplimiento de un contrato sería una irresponsabilidad. No obstante, valorada ésta cuestión, si se pueden crear mecanismos para, a través de la promoción del autoempleo y la iniciativa local, co-gestionar muchos de los servicios que hasta el día vienen prestando empresas. Pero el objetivo no puede quedar en ésta cuestión: la formación, la horizontalidad de esa co-gestión, la sostenibilidad presupuestaria, etc, son cuestiones que deben entrar en el debate ( valorar si una revisión de impuestos y tasas puede o afectaría a éste objetivo)
Como decía, las acciones, pese a necesarias, siempre van a ser parciales y, desgraciadamente, temporales; condicionadas a presupuestos, necesidades e incluso a la adecuación de los servicios a la existencia de trabajadores asociados que puedan asumir la co-gestión. Es necesaria la apertura de un dialogo, donde la institución municipal, el tejido empresarial local, los centros universitarios y órganos supramunicipales, junto con sindicatos y vecinos, hablen de cómo ampliar el modelo económico local, y ahí el papel de liderazgo del Ayuntamiento es imprescindible.

En éstos días, que muchos salen en los medios de comunicación sacando pecho ante los datos del empleo, pese a los apabullantes datos que indican el progresivo empobrecimiento de los trabajadores y trabajadoras asalariados; la fuga de trabajadores y trabajadoras al extranjero, sirva como reflexión un interesante artículo con un no menos interesante título de José Carlos Diez: País de ladrillo y camareros ( Tinta libre del mes de julio). ¿Ese es el futuro?

sábado, 25 de julio de 2015

PASO A PASO...

Los primeros pasos del nuevo equipo de gobierno están siendo, como no podría ser de otra forma; tímidos y calculados. Esta actitud es, más que una opción; una necesidad, pues el punto de partida no podía ser más estresante: elección de Alcalde con mayoría; composición de gobierno en minoría, afrontar la situación de un presupuesto municipal prorrogado y en parte comprometido; actos programados, etc. Tampoco, éstos primeros pasos han estados exentos de crítica: se critica incluso que los concejales y concejalas se hagan fotos y las publiquen en sus perfiles en red. Aunque una de las principales y más llamativas críticas ha sido la "suspensión" de las Escuelas Deportivas de verano debido a un problema heredado de la irresponsabilidad: la de un gobierno que ha hecho dejadez de su responsabilidad, dejando sin resolver la adjudicación de servicios. Llamativa la crítica del que hasta hace menos de dos meses era el Alcalde que, sin rubor, espetó al nuevo equipo de gobierno: gobernar es tomar decisiones, algo que debería haberse aplicado el y los suyos antes de señalar a los demás.
La cuestión presupuestaria es otra de las cuestiones que hacen que el nuevo gobierno municipal piense dos veces cada paso: ¿qué parte del presupuesto prorrogado está ya contraído a través de gastos aprobados por el anterior gobierno?. Con estos mimbres tendrá que jugar el Gobierno plural hasta, al menos, el mes de enero, en el que esperamos que haya un presupuesto municipal no prorrogado. Y sobre ésta cuestión me gustaría decir que se debería evitar el nerviosismo por demostrar que lo que se predicaba era un compromiso: me refiero a los presupuestos participativos. Para que éstos sean un inicio ( de participativos), hay que evitar complicar la gestión intentando crear organismos y comisiones. La forma más eficiente es recuperar los Consejos Sectoriales que existieron e intentar dar un primer paso en esa profundización democrática que todos queremos, pero sin prisas ni improvisaciones.

Otra cuestión que en mi opinión parece fundamental, es la revisión de la organización municipal. El anterior gobierno, tras dos décadas, ha dejado una administración marcada por unas redes clientelares; una falta de organización en diversas áreas, así como un exceso presupuestario, por ejemplo, en horas extras ( presupuestadas en 2014: 110.000 euros). Revisar el organigrama, situar a personas de confianza en puestos clave, y recuperar la justicia y la igualdad como premisa de gestión interna es todo un reto: la justicia en el trato como trabajadores, y la igualdad, suprimiendo los "privilegios" de los que gozan determinados puestos de responsabilidad administrativa.
Las decisiones en materia de personal pueden ( y lo harán) acarrear tensiones, pero creo que la premisa no debería ser contentar a todos, sino cumplir compromisos con la ciudadanía.

Creo que el trabajo será arduo pues dos décadas han dado para mucho, y hay mucho que ordenar, reordenar, definir y redefinir para devolver a la institución municipal ese deseable y deseado carácter de "casa de todos" y no reducto de élites. En esto, si que personalmente observo diferencias, pues la actitud, el talante personal de los que acaban de llegar es mucho menos soberbio y mucho más cercano que el de los que estaban, y eso, a nivel humano, ya es importante.

Los y las ciudadanos y ciudadanas que crean que el triunfo o el fracaso del proceso de cambio iniciado es un triunfo o fracaso de todos, deben asumir su parte de corresponsabilidad: siempre desde una actitud crítica, pues éste es el único instrumento que puede enfrentarse a la adulación propia que históricamente ha promovido la institución ante las élites locales; adulación que aleja de la realidad, algo que no puede permitirse el nuevo gobierno progresista y plural.

martes, 21 de julio de 2015

DESEOS Y REALIDADES.

Todavía ( y es pronto) no se ha concretado el régimen retributivo de los cargos públicos en la nueva corporación. Un amigo me decía que, antes de concretar el acuerdo plural, una de las partes afirmaba que: " si alguien habla delante de mi de dinero, se acabó la negociación". Este condicionamiento programático ha sido asumido con un requerimiento emotivo que condiciona o podría hacerlo la viabilidad de un gobierno plural que tiene ante si un cúmulo de retos y, donde éste problema es menor, en mi opinión.
Creo que, en un "exceso" de ética o quizá, de vergüenza ( hablar de asuntos salariales parece que, de alguna manera, "ensucie" las buenas intenciones) el asunto se dejó para más adelante. En mi opinión debería haberse resuelto sin ningún problema para, una vez en el gobierno municipal, consensuar un reglamento donde éstas (y otras, evidentemente) cuestiones quedasen resueltas de forma clara.
Respecto a los salarios de nuestros cargos públicos, en general, se ha encendido un acalorado debate sobre los privilegios; debate que, con razón y razones ha cuestionado el qué y el porqué. En el caso de los Ayuntamientos, la Ley de Sostenibilidad ha pretendido dar un marco legal a las retribuciones pero, desgraciadamente, se ha quedado a medias: regula el máximo del Alcalde, el número total de dedicaciones exclusivas y el número total de personal de confianza.
Los argumentos "ideológicos" de los que mantienen una posición más "firme" parte de unos criterios que, pueden ser o bien podrían ser otros: la cuestión de "tres veces" o de "dos veces y media" podría bien ser de "una vez y tres cuartos" o incluso de "dos veces y una decima"... Lo cierto es que nadie (aunque defienda con vehemencia la pureza y justicia de su planteamiento) tiene la solución, pues el concepto "responsabilidad" no es, en mi opinión, suficiente para dar un marco cuantitativo a dichas remuneraciones.
Creo que un instrumento que podría servir sería el régimen retributivo de los funcionarios y funcionarias públicos, donde, con criterios, se plantea qué y porqué se cobra. Pero ya digo que, pudiendo ser útil, igual tampoco lo es tanto.
Por lo tanto, creo que cabe un acto de ajuste por parte de nuestros nuevos responsables políticos: un ajuste a la baja, pero también un acto que se base no en un mero reparto, o en una concesión a planteamientos ideológicos ( en el sentido de subjetividad condicionante): un acuerdo, consensuado entre la totalidad de formaciones políticas que de un marco de estabilidad a la posterior traslación del mismo a ese necesario reglamento.
No obstante, sí hay una cuestión que debería preocupar a las formaciones políticas: la transparencia en las cuentas. Y, si los salarios son necesariamente transparentes, no tiene la misma característica la partida de subvenciones o ayudas a los grupos políticos con representación. Debería regularse la presentación de cuentas para evitar un agravio comparativo ( mantenido durante años) con el resto de ciudadanos y ciudadanas que deben justificar hasta el último céntimo percibido de la administración.
Y concluyo: creo que una rebaja en las retribuciones es necesaria; creo que debe propiciarse un acuerdo y no una imposición que pueda ser motivo de polémica; creo que deben "aparcarse" esos condicionantes pseudomorales e ideológicos ( no digo abandonarlos, pero si graduarlos) pues el objetivo supera en mucho las expectativas de todos los actores y, sobre todo, involucra a muchos y muchas que, aunque manteninendo una necesaria actitud crítica, esperamos que la lectura de la nueva situación política sea la correcta: cambio, pero sin traumas ni víctimas.

viernes, 17 de julio de 2015

CUESTIÓN DE FONDO

La ilusión; las ganas de hacer cambios pueden ser un factor en contra del nuevo equipo de gobierno municipal: la ansiedad que puede provocar, por un lado, encontrarse una "sólida" estructura clientelar, junto a la debilidad de un equipo de gobierno en minoría, puede ser una rémora en el cambio que todos deseamos ver cuanto antes. No podemos olvidar que el nuevo gobierno municipal se ha encontrado "enfrascado" en una espiral de actos ( festividad de verano); con una actitud "poco" colaboradora o "demasiado" colaboradora por parte de determinadas estructuras municipales; y sobre todo, algunas carencias en el proceso de negociación previo que, sin lugar a dudas, provocarán más de un "desencuentro".
La expectativa que ha suscitado el cambio de gobierno no debe restarnos ni un ápice de actitud crítica, y así debería ser entendida en el gobierno plural: crítica significa, como mínimo, una actitud constructiva y no debería entenderse como crítica a las personas que componen el nuevo equipo.
En primer lugar, la ciudadanía no entiende porqué el primer desencuentro es sobre el sempiterno asunto de los salarios. Este problema es una de tantas cuestiones heredadas de las dos décadas de gobierno del partido popular, el cual, lejos de regular ésta y otras cuestiones internas, se dedicó a la contemplación, como si los asientos del gobierno fueran un bien garantizado.
El "problema" de los salarios fue en 2011 también un obstáculos en el entendimiento del, por aquel entonces, gobierno minoritario. ¿Porqué no se abordó previamente?, ¿porqué tanto reparo a hablar de una cuestión que se ha demostrado de forma reiterada como un problema de fondo sobre el que parece dar vergüenza hablar?. Creo que éste, siendo un asunto importante, es una cuestión de forma, pues el acuerdo programático que firmaron los partidos que apoyaron la elección de Alcalde concretaba una bajada generalizada de los salarios, entonces ¿cual es el problema?. ¿Líneas rojas?. Creo que hay cuestiones tan o más importantes como para "flexibilizar" las líneas rojas, sacar adelante esta cuestión formal, y abordar la elaboración de un reglamento que evite que ésta cuestión vuelva a ser un obstáculo de entendimiento.
Otra cuestión son los asesores; o personal de confianza o como quiera denominarse. Sobre éste aspecto creo que, no debe nadie rasgarse las vestiduras si el apoyo que se acuerda para los grupos y gobierno roza o alcanza el límite legal ( siete) siempre y cuando las remuneraciones estén ajustadas a parámetros funcionariales ( por ejemplo), y la valía de las personas sea igualmente evaluable, más allá de la pertenencia o no a una organización política.
La última cuestión es el necesario análisis político que desde el nuevo equipo de gobierno debe realizarse sobre todos y cada uno de los asuntos que colean o puedan ir surgiendo, pero sin que ésto suponga un freno a la aplicación del programa de mínimos pactado.
Cuando me refiero un análisis político, lo hago a ese necesario análisis exento ( en lo posible) de emotividad y tacticismo partidario ( en lo posible): que la actuación sea visualizada y evaluada como plural pero colectiva es algo importante y uno de los valores de la pluralidad del nuevo gobierno municipal. Creo que se debe ser generoso en el debate y flexible en las posiciones si se pretende dar una proyección temporal al gobierno: sumar acuerdos es necesario para consolidar los cambios y transformaciones que se pretenden. No porque sea una necesidad matemática, sino porque es la única manera de que los cambios de gobierno que puedan darse ( personas u organizaciones) en el futuro no ponga en peligro las políticas. Por ejemplo: si se acuerda crear una bolsa de empleo, ésta debería ser una cuestión "institucional"; si se profundizar las ayudas sociales, igualmente. La política "meritocrática", partidaria o tacticista puede ser un condicionante demasiado pesado, creando roces y desencuentros innecesarios.
La última cuestión a la que me quiero referir en ésta primer incursión crítica sobre el nuevo gobierno plural es la necesidad de una profunda reestructuración de las anquilosadas y clientelares estructuras burocrático/administrativos. Y en éste aspecto encuentro uno de los principales problemas que debe resolver el nuevo gobierno municipal: ¿cómo desmontar la red, cómo recuperar la confianza en las estructuras burocráticas y técnicas?. Aquí es preciso congeniar tanto el análisis político, la legalidad necesaria en las actuaciones municipales como la efectividad de las estructuras municipales: una difícil tarea.
Algunos y algunas, confiamos en que el cambio no sea meramente "cosmético" o simbólico: consideramos que el fracaso del actual gobierno y de la actual corporación plural y diversa sería el fracaso de miles de ciudadanos y ciudadanas que han dicho, alto y claro, que la imposición partidaria ha pasado a la historia y que lo que se quiere es dialogo, entendimiento pero, no para acordar equilibrios internos, sino para que las cosas cotidianas cambien: para que el futuro pueda afrontarse con algo de ilusión.

martes, 7 de julio de 2015

UN PARTIDO SOCIALISTA RENDIDO


Me he permitido parafrasear a mi admirado José Antonio Pérez Tapias para, desde el mayor de los respetos hacia la militancia y la dirección socialista local, dar mi opinión sobre lo que considero el enésimo error. Y no por sólo por no haber entrado a gobernar ( que espero que se reconsidere), sino por, aparentemente, obviar la agrupación local una autocrítica necesaria. Autocrítica que, lejos de ser un escarnio público, se presente ante la ciudadanía con la humildad del que ha perdido votos y representación porcentual desde 2007 (éste año se mantuvieron los siete concejales y concejalas). En 2007 se obtuvieron 3055 votos (28,86%) y siete concejales; en 2011, 2855 (25,31%) y seis concejales; y finalmente, en 2015 1762 (14,59) y tres concejales. Los datos lo dicen todo, pero, sorprendentemente, la agrupación local y su dirección política no dicen nada: nadie asume el desastre y, por consiguiente, parece esperarse a que la “tormenta” escampe y los aires vuelvan a ser favorables.
En 2007 y 2011 la crisis de la agrupación era evidente: el enfrentamiento entre las diferentes facciones desangraba el partido y se traducía en una sangría de votos y confianza ciudadana. El caso de 2011 fue especialmente crítico: la ruptura en dos del partido, el abandono de la secretaria general, la gestora, etc. Desgraciadamente, en aquella crisis participé como militante, abandonando el partido poco después ante lo que muchos y muchas consideramos una desautorización a la soberanía de la Asamblea local. Evidentemente asumo mi error, pero, a la vista de los acontecimientos, me reafirmo en los motivos que me llevaron a dejar el partido: el poder “carismático” que se ejercía en la agrupación, con un núcleo duro en torno al Candidato y Secretario General cuyo objetivo era (y es) excluir cualquier tipo de crítica.
Tras las elecciones del pasado mes de mayo, y vistos los desastrosos resultados, personalmente esperaba una reacción por parte de la Agrupación Socialista: un análisis crítico, no solo de los resultados, sino del proceso de practica desintegración que ésta venía sufriendo y que cristalizó en el peor resultado en la historia del socialismo campellero (si exceptuamos el año 87 en el que se presentó la candidatura del PSI por un lado como escisión del PSPV-PSOE).
Creo que la militancia, esa que tanto odia a los que hemos sido críticos; esa que confunde crítica política con inquina personal; la misma que se aglutina en torno a posiciones de resistencia que les han llevado hasta casi la testimonialidad, no puede ni debe seguir haciendo dejadez de su responsabilidad. Pues seamos claros: no toda la responsabilidad es del candidato o la candidatura, sino que la militancia que la sustenta tiene la suya y debe asumirla.
No critico su posición en las enésimas infructuosas negociaciones para formar gobierno pues tenían y tiene la legitimidad para tomar la decisión que han adoptado, pero si me gustaría, desde el respeto al compromiso que tiene para con su partido, proponer una reflexión crítica, más allá de las personas, más allá de las inquinas y odios personales (confundiendo, como decía, critica política con enfrentamiento personal).  La autocrítica debe partir, en mi opinión, de la necesidad de una renovación de personas, pero también de ideas, de planteamientos y posiciones. La autocrítica debería prescindir de alineamientos personales y debatir, sin ambages sobre lo hecho y el futuro que el PSPV-PSOE quiere jugar como partido.
Creo que el PSPV-PSOE tiene un papel que jugar en el mapa político local, pero para poder ser útil a los fines para los que fue creado, debe reflexionar y asumir, cada uno o una en su medida, la responsabilidad sobre la situación presente, y sobre todo, sobre el futuro: sin nombres, ni caras, sin preponderancia de estatus o absurda soberbia ; prescindiendo de egos y, sobre todo, con el ánimo comprometido en recuperar el papel que, como partido socialdemócrata, ha tenido y debe seguir teniendo.

La lectura del comunicado emitido tras la ruptura de las negociaciones e informaciones que he ido recopilando por parte de algunos y algunas participantes me indica que el nivel de contracción política es prácticamente un síntoma de metástasis. Las referencias a “liderar” sin que se acompañe un análisis crítico de la situación propia; apelar a que el “rechazo” al candidato ha sido uno de los motivos principales para abandonar el proceso de cambio y, enrocarse en la defensa de un programa desde la oposición me indica que la cuestión no era el cambio, sino recuperar ese hipotético prestigio (estatus personal ) pese al desastre. Creo que los y las socialistas tenemos una responsabilidad si seguimos creyendo en el papel instrumental que el partido tiene para cambiar las cosas; para transformar el presente y el futuro de nuestro pueblo. 

sábado, 27 de junio de 2015

"Postureo" y Transparencia

La transparencia, aplicada a las cosas, es una cualidad. Nos permite ver a través de ellas. En cambio, en política, en principio, es un compromiso; una voluntad de que el ciudadano pueda ver a través de la habitual opacidad tanto de partidos como de las instituciones.
La transparencia, también es parte de ese “postureo” que los partidos ( tradicionales y emergentes) han asumido como parte de la retórica que para muchos es la “nueva política”. Pero esa virtud; esa cualidad no solo se predica o se pide, sino que se practica.
Voy a intentar plantear un caso práctico que en mi opinión afecta tanto a tradicionales como emergentes. Por un lado, el proceso de diálogo, negociación, conversación o como quiera llamársele. Por otro, la desconocida ( y no por eso no sujeta a la necesaria transparencia, pues si es desconocida es a causa precisamente de la opacidad practicada, tanto por la institución como por los partidos que han formado parte de ella) partida presupuestaria destinada a subvencionar a los partidos con representación municipal.
En primer lugar, respecto al proceso de diálogo, hemos podido ver como en muchos lugares de la geografía, los partidos, coaliciones y candidaturas han aplicado esa transparencia, celebrando reuniones en lugares públicos e incluso retransmitiendo dichos encuentros a través de medios y red. En el caso de nuestro municipio, excepto alguna referencia a la existencia de dichos encuentros, no ha existido noticia oficial alguna, en un ejercicio colectivo de lo que se ha venido denominando por muchos como “vieja política”. Evidentemente, éste ejercicio de transparencia puede ser de diferentes grados, por lo que no era ni es preciso una convocatoria en el ágora pública, pero si una información puntual y precisa sobre el qué y el quién: sobre qué se estaba acordando y sobre el quién estaba manteniendo qué posturas.
Uno de los participantes ha solicitado públicamente una convocatoria pública para saber qué, y a esto me refería cuando hablaba del “postureo” respecto a la transparencia: pedir, solicitar e incluso exigir, cuando sus representantes forman parte del proceso de diálogo ( no directamente pero si la marca electoral surgida a causa de la negativa a presentarse por parte de la Asamblea constituyente o de la dirección estatal). Cualquier partido puede informar públicamente de qué se está hablando y de quién está defendiendo qué posición o propuesta: esto es transparencia.
En segundo lugar, respecto a la desconocida para muchos, partida destinada a subvencionar a los partidos con representación.
En mi opinión, creo que es necesaria una financiación pública para propiciar, en principio, un igual o proporcional acceso a los medios institucionales que den posibilidad de desarrollar una actividad política a los partidos y organizaciones que representan a la ciudadanía. No obstante, esta financiación pública debería estar sujeta a una fiscalización igualmente pública.  Pero a lo largo de la legislatura ninguno de los perceptores ha presentado ante el Pleno municipal ( ni ante la ciudadanía a la que ahora apelan como sujeto principal de la “nueva” política transparente) las cuentas sobre las cantidades percibidas.
Creo que era ( y es) un ejercicio necesario, no por sospecha, sino por colocar en situación de igualdad a la totalidad de actores sociales que optan a algún tipo de financiación pública: los colectivos y asociaciones de cualquier tipo que solicitan subvención deben cumplir unos trámites ante la administración: presentación de cuentas, programas, justificantes, etc. Y la pregunta es simple: ¿porqué los partidos, hasta ahora no lo han hecho?.

Para proponer transparencia; para apelar a este ejercicio democrático de control ciudadano, primero hay que practicarla, pues de lo contrario parece un mero acto de “postureo”.

lunes, 15 de junio de 2015

ACUERDOS


Personalmente, creo que lo de “penta, exa, tri, tetra”, son términos que pertenecen a la “vieja” forma de hacer política, donde se repartían cromos en función de preferencias o intereses partidarios y, porque no decirlo, personales. Creo que la nueva etapa que las urnas abrieron el pasado 24 de mayo, debe superar la simpleza de un mero reparto de poder, para empeñarse en un acuerdo político y programático más allá del cruce de programas y, por supuesto, más allá de las matemáticas electorales: sustituir las matemáticas (que servirían de poco al ser las diferencias mínimas entre los “tres de tres”) por la ética política y el pacto programático abrirá, definitivamente, la nueva etapa que tantos y tantas vienen (venimos) pidiendo y pregonando.
Personalmente considero que cualquiera de los o las candidatos o candidatas tiene la legitimidad para optar a cualquier cargo. No obstante, considero que, por el bien del acuerdo, se debería restar relevancia a la carga simbólica del puesto de Alcalde. Se debería firmar un acuerdo y un compromiso ético mediante el cual el o la Alcalde o Alcaldesa pudiera ser removido en caso de desacuerdo manifiesto, tanto de los grupos políticos como de la ciudadanía. Igualmente considero que ese acuerdo ético debería aplicarse a la totalidad de cargos con delegación (alguno de los partidos que hoy se sientan a negociar ya lo llevaban en su programa: revocación). Igualmente considero que la cuestión de esa lucha por el “capital simbólico” que determinadas áreas tienen debería dilucidarse a través de un acto sencillo: la delegación de firma. Acto que conlleva igualmente la delegación de responsabilidades políticas.
Otra cuestión sería, a favor del debate abierto y plural, devolver al Pleno las competencias que puedan estar delegadas en la Junta Local de Gobierno u otros estamentos, así como la puesta en marcha de los instrumentos que ya prevé la ley como base para esa regeneración de la democracia local que deseamos: los consejos sectoriales, el consejo ciudadano y cuantos instrumentos sean precisos para impulsar y facilitar la participación. Pero, insisto: donde cualquier voz tenga el mismo valor.
Evidentemente, no voy a ser yo quien marque (¡líbrenme los dioses de tal ataque de soberbia!), ni el paso, ni el guión de un acuerdo que compete a las organizaciones con representación: únicamente doy mi opinión sobre el “cómo”; simplemente porque considero que el “quien”, pese a los resquicios de lucha por estatus o liderazgos, pasan a un segundo ( o tercer, o cuarto…) plano, siendo prioritario, por emergencia y por higiene democrática, un acuerdo cuya base sea política.
No soy tampoco un ingenuo: soy consciente de que el factor personal e incluso el personalismo ( esté justificado o argumentado políticamente) jugará un papel importante en el proceso: el quién y en cuanto (quien ocupará cada cargo y cual será su remuneración) es un posible escollo, así como posibles “compromisos” de los futuros miembros de ese gobierno plural. Pero creo sinceramente que, si éstos son los escollos principales, los que los esgriman como tales estarán, no solo haciendo una lectura errónea de los resultados, sino perpetrando un serio revés al grito mayoritario que las urnas han lanzado: política, dialogo y acuerdo. Política para recuperar la institución para la ciudadanía, poniéndola al servicio de los y las vecinos y vecinas; dialogo para que todas las voces y opiniones valgan lo mismo sea quien sea el que opine; y acuerdo, porque después de más de veinte años, es necesario un plan serio y valiente para sacar a El Campello del “impas” en el que gobierno personalistas y personales nos han encallado.
Los hombres y mujeres de éste pueblo piden un cambio; y éste debe empezar desde el día siguiente a la toma de posesión del nuevo gobierno municipal. Cualquier dilación, duda o rectificación va a ser entendida como un engaño, por lo que la transparencia, el dialogo, la información  y la democracia deben, en mi modesta opinión,  ser las herramientas que se usen frente al oscurantismo, el despotismo y la soberbia que ha predominado a lo largo de estos últimos años.

Saludo un acurdo que, pese a las dificultades normales en el entendimiento entre diversos, diferentes e incluso divergentes, creo que es, más que posible; necesario.

sábado, 6 de junio de 2015

ESTATUS Y ROL EN EL JUEGO DE PACTOS ELECTORALES.

Hay diferentes estrategias de negociación de cara a establecer acuerdos institucionales. En mi opinión el estatus que han tenido o que han adquirido algunas organizaciones políticas pueden llegar a desvirtuar el rol que deben jugar. Me explico: el “prestigio” del que algunas organizaciones han gozado (fruto de un sistema electoral, de un diseño institucional y de una estrategia de reproducción sustentada en la opinión mediática) puede interferirse en el “papel” que deberían desempeñar en un proceso de negociación política marcado por la emergencia de nuevos actores ( dotados de un nuevo estatus atribuido por las urnas).
La exigencia de un papel protagonista define ese carácter de estatus que el sistema había conferido, principalmente a dos partidos políticos. Unos pese a la pérdida masiva de apoyo, consideran que tienen la legitimidad ( esta es otra confusión: legitimidad y legalidad) para gobernar; otros, con igual pérdida de apoyos, se siente “legitimados” para “liderar” procesos de confluencia, en función de ese estatus que se confunde con la legitimidad de sumar más apoyos que otros actores políticos.
El mantenimiento del estatus, no solo se refiere al liderazgo de esos procesos de confluencia, sino a la necesidad de mantener una serie de estructuras partidarias que, si no se sustentan en una representación preponderante, estarían en cuestión. Podríamos hablar de un nuevo rol o papel al que se podría definir, en virtud de las actitudes mantenidas, como restringido, al negarse la posibilidad a otros actores de acceder a una situación similar o de igualdad.
Por otro lado, el estatus que las urnas han atribuido a los nuevos actores, se construye a través de un discurso a través del cual incluso se solapa la realidad matemática ( no es el caso del ascenso a nivel autonómico de formaciones como Compromis) apoyándose o sustentándose por el tan mencionado sentimiento de desafección, fruto de ese otro estatus institucional que tantos privilegios ha garantizado a la clase política hasta ahora.
Que el mencionado estatus puede ser un problema se manifiesta claramente en la dificultad que en muchas instituciones están teniendo para acordar quien debe “presidir” el acuerdo: formaciones con manifiesta pérdida de prestigio y apoyo “exigen” seguir manteniendo un papel protagonista, haciendo peligrar los acuerdos programáticos, llevándolos finalmente a la coyuntura de: o el protagonismo o el caos con una culpabilidad bien dirigida y orquestada ( de que todo continúe igual, o peor) hacia los nuevos actores.

El rol o papel que se juega en un proceso, marcado por un reparto plural de responsabilidades, es el mismo (al margen, como decía, de las cifras matemáticas, pese a que éstas sirvan de sustento a la legitimidad) para todos los actores ( viejos y nuevos), y debería partir de un proceso marcado por la humildad en los planteamientos referentes al estatus (adquirido ahora o no). Una humildad que pusiera en segundo plano el “liderazgo” y que incluso estuviese dispuesto a ceder “protagonismo” a otros en función del contenido del acuerdo. Un reparto de espacios de protagonismo compartido sustentado por una estructura que facilitase la toma de decisiones de forma coordinada y colectiva podría ser una solución, pero claro; para ello se debería dar una renuncia explícita a encabezar o liderar la imagen de ese acuerdo, objetivo que forma parte, no solo del mantenimiento del estatus, sino de una clara estrategia de comunicación mediática sobre quién lidera y quien debe protagonizar la imagen del cambio ( protagonismo sobre el que se espera recuperar el capital electoral perdido en beneficio de otras opciones que han logrado, representación y estatus).

miércoles, 3 de junio de 2015

NUEVA Y VIEJA POLÍTICA

Los términos de vieja o nueva política están siendo usados en el discurso, fundamentalmente de los denominados partidos emergentes. Con ella parecen querer establecer una línea divisoria entre el antes y después de su irrupción en el mapa electoral pero, considero que la terminología puede ser vacua o no, en función del contenido que ésta tenga, más allá de lo mediático que pueda ser su uso.
La crisis que sufre la sociedad no es únicamente económica, que lo es; se puede afirmar que es una crisis de legitimidad, pero no únicamente de representatividad, sino de algo más profundo: legitimidad moral, al ser incapaz el sistema de dar respuesta a las exigencias de una cada vez mayor parte de la sociedad. Ya no es suficiente con ejercer el voto cada cuatro años; ya no se considera “normal” el estatus de una clase política que ha practicado la desafección respecto de la ciudadanía: la sociedad pide regeneración, y ésta no se trata solo de luchar contra la corrupción, que hay que hacerlo, sino de situar la política en el marco de una mejor y mayor democracia.
Un rasgo definitorio de la vieja política es, en mi opinión, la ambición o el objetivo de los partidos tradicionales de sumar lo que eufemísticamente denominan mayorías estables; realmente el objetivo tácito de éste eufemismo es conseguir un cierto tipo de hegemonía que permita seguir ejerciendo la dominación legal sobre representantes minoritarios y, por ende, sobre la sociedad. Lo legal y lo legítimo se entrelazan, construyendo un continuo en la estrategia de los partidos que se reclaman como los llamados a “liderar”. Esta apelación al liderazgo, entendido como consecución de un estatus institucional, se refiere a cuestiones matemáticas y no, como exige la ciudadanía, a la legitimidad política. Como ejemplo podríamos poner los reiterados llamamientos a la legitimidad que realizan los partidos más votados de entre los menos apoyados en las urnas para encabezar gobiernos de cambio: el cambio debería iniciarse con un nuevo discurso basado en la participación en sustitución del liderazgo; un discurso en el que la responsabilidad colectiva de la pluralidad sustituyese a las estrategias que han definido la vieja política de sumar votos para ejercer la dominación representativa.
Unido a lo anterior, encontramos que, pese a que en el discurso público predominan los llamamientos al “qué”, el “quién” parece que condiciona sustancialmente el acuerdo.  El “reparto” de cargos está sustentado en demasiadas ocasiones en la excusa de acuerdos programáticos cuando estos no son más que generalidades y cuestiones que la sociedad ha puesto en la lista de prioridades del sentido común.
Personalmente considero que la sociedad ha impuesto, a través de las urnas, una premisa nueva como cimiento de una nueva política: pluralidad frente a liderazgo; dialogo frente a reparto de áreas de poder. Si no se es capaz de realizar esta lectura, la vieja política habrá triunfado, aunque los argumentos intenten construir una opinión diferente.
Pero la nueva política pasa, principalmente por una premisa ética: la humildad. Virtud entendida como reconocimiento de los errores propios y de las virtudes del otro. La nueva política exige compromisos con el desarrollo de la democracia más allá de medidas estrella: la cesión de poder a la ciudadanía es un requisito sin el cual no habrá nueva política aunque si nuevos discursos construidos con objetivos partidistas.

Creo que, sin ser nadie imprescindible y siendo todos necesarios, la responsabilidad colectiva debe imponerse para llegar a ese objetivo de cambio que muchos expresaron en sus respectivos compromisos electorales.

jueves, 28 de mayo de 2015

¿Multipartito o pluralidad?

El término “multipartito” es similar, pero generalizando, al de bipartito o tripartito. La cuestión, en mi opinión, es que el término mismo forma parte de una forma de hacer política que es “vieja” y trasnochada. Una forma de hacer política cuyo fundamento es el acuerdo entre formaciones políticas ( legítimo) para lograr la “estabilidad”, o lo que es lo mismo: los votos a “piñón fijo” para sustentar una mayoría absoluta. Y, si algo han dicho las urnas, ha sido que, al menos en ésta legislatura, las mayorías absolutas no sirve, y que lo que toca es el diálogo, el acuerdo y el consenso, términos todos ellos que, pese a no ser nuevos, si adquieren un significado especialmente concreto.
Cualquiera tiene legitimidad para exigir ser o no ser, pero lo cierto es que, previamente a “querer ser”, cada cual debería poner sobre la mesa las condiciones políticas para que el “qué” preceda a el “quién”, pues de lo contrario (anteponer el “quién”)sería una repetición de las posiciones basadas en un supuestos estatus (electoral, de partido, etc.),o simples correlaciones de fuerzas. .
El condicionante de la impronta personal no es una cuestión que deba desdeñarse, pues si por algo ha estado marcada la política local ha sido por el carácter de los candidatos y dirigentes políticos. Anteponer la confianza o incluso el “pedigrí” de unos frente a otros, si es un síntoma de vieja política, y las urnas ya lo han castigado suficientemente. Por otro podemos encontrarnos con  la prevalencia de tacticismo electorales que pueden condicionar "desde fuera" un acuerdo plural.
Si sumamos los factores que antes señalaba el acuerdo parece, como mínimo difícil. Pero hay otros condicionantes más inmediatos: la situación laboral de dos de los cargos electos que, o forman parte de un gobierno, o tienen salario de la institución o deberán renunciar a su acta. De ahí que el acuerdo sea una cuestión de cierta urgencia.
Sobre el tacticismo electoral que antes señalaba, decir que, por un lado Podemos y por otro Ciudadanos ( como proyectos estatales con el horizonte puesto en el “asalto” al parlamento) tienen un condicionante exógeno: las direcciones de ambas organizaciones están más preocupadas de mantenerse “limpias” ( de ahí las largas listas de exigencias) que de demostrar, en el ámbito local, que lo que proponen están dispuestos a llevarlo a cabo. Ciudadanos, como proyecto de los poderes económicos vinculados al ibex 35, tiene el legítimo objetivo de sustituir a una derecha rancia y con olor a sotana desde posiciones de “derecha moderna y transversal”. Podemos, como heredero político del 15M, se marcó como objetivo el “asalto a los cielos”, de ahí que, de forma instrumental, haya solapado sus temores y objetivos en la instrumentalidad de las “candidaturas de unidad popular”: lo cierto, en mi opinión es que, igualmente de forma legítima, quiere sacudir las estructuras estatales desde una transversalidad ideológica aunque con un programa claramente anclado en la tradición socialdemócrata.
Si ambas organizaciones asumen el mandato de las urnas y concretan institucionalmente su propuesta de cambio, deberían acordar con el resto de organizaciones (excepto el pp) un programa y unos compromisos para cambiar real y efectivamente la política local.
Por último, sobre quién debería liderar ( representativamente) ese gobierno plural, dos consideraciones. Una, que Compromis tiene ante si una tesitura histórica ( casi un punto de inflexión) : o gobierna y se consolida o perderá la oportunidad de demostrar que son una formación lo suficientemente sólida como para ser opción de gobierno. Dos, que el PSPV-PSOE ( no sus dirigentes), debe asumir que, o inicia una nueva etapa, claramente definida por la integración y la humildad, o el suelo todavía puede moverse más de lo que lleva haciéndolo durante dos décadas. Y sobre Esquerra Unida, simplemente decir que tiene la oportunidad de ser algo más que un partido de protesta: puede y debe gestionar el éxito obtenido para intentar llevar a cabo su programa, algo que afianzaría los firmes cimientos que las urnas le han dado.


lunes, 25 de mayo de 2015

PACTOS


En estos momentos, todo el mundo habla de la situación en la que ha quedado la nueva corporación municipal. Unos mantienen la tesis suscrita por el sistema mediático y el de gran parte de las estructuras tradicionales de los partidos de la transición: ingobernabilidad. En cambio, otros mantienen una tesis que comparto: interés por ver si el mandato plural de las urnas se ha percibido como tal por los nuevos cargos electos.
Los que hablan de ingobernabilidad, hacen cuantas pluripartidistas: tripartito, tetrapartido, pentapartido…. Yo no estoy de acuerdo. Personalmente considero que lo que corresponde al momento en que vivimos es el entendimiento. Un acuerdo basado en objetivos, en programa y en diseñar, de forma consensuada , plural y abierta al debate y la participación, del futuro del pueblo en el que vivimos. Creo que la pluralidad debería tener reflejo en un gobierno sin cuotas de poder, basado en el principio de que cada uno asuma la responsabilidad que le han otorgado las urnas.
No obstante, mi ingenuidad no llega hasta el punto de negar la mayor: el interés de partido o dicho en otras palabras: el tacticismo electoral. Y es que, las elecciones generales están en el horizonte, y alguno de los nuevos actores ( principalmente el PDP-Podemos y Ciudadanos) que han irrumpido en el mapa electoral local puede tener condicionada su voluntad de acuerdo. Me explico. Si Podemos (PDP) y Ciudadanos apoyan un gobierno, digamos, cuyo Alcalde pertenezca por ejemplo al PSOE, ¿no se vería como un retroceso en las posiciones “anti casta” que la organización mantiene, no se vería como una concesión a los que hasta ahora eran considerados cómplices en el desmantelamiento calculado ( por Europa y los organismo económico financieros internacionales) del Estado del Bienestar?. ¿No ser vería a Ciudadanos como una “muleta” del PSOE o del PP?,¿ no se interpretaría como una especie de traición a los votantes que han visto en esa organización una especie de “frescor”? ( de ecléctica ideología pero fresco al fin y al cabo acostumbrados como lo estamos a una derecha con demasiados lastres ideológicos).
El PSPV-PSOE y Compromís, en principio no deberían tener demasiados problemas en acordar una acción de gobierno. Alguna dificultad más supondría un acuerdo con Esquerra Unida al mantener ésta organización posiciones algo más radicales que pueden chocar con el institucionalismo que todavía pueda subsistir en un depauperado partido socialista.
Las combinaciones son cuasi infinitas, pero lo que considero que sí debería prevalecer es ese espíritu al que hacía referencia cuando hablaba de los resultados electorales: pluralidad.

Si se antepone el tacticismo o el interés orgánico frente a un proyecto que represente a una gran mayoría de ciudadanos y ciudadanas, la pluralidad emanada del mandato popular se convertirá en la enésima renuncia, algo que personalmente creo que no perdonarán los y las vecinos.

RESACA ELECTORAL.


Hoy es 25, y la resaca de lo acontecido ayer ( 24 de mayo) todavía cuesta digerir. Las urnas han hablado, y lo han hecho con contundencia, dibujando un mapa político local que, pese a los agoreros de las dificultades, se presenta, como mínimo, como interesante.
En primer lugar la derecha tradicional ha perdido 1362 votos respecto al 2011 ( que, porcentualmente supone una pérdida mayor, si tenemos en cuenta que el censo es ligeramente superior), o lo que es lo mismo, casi catorce puntos porcentuales y tres concejales. Y digo que la derecha tradicional, pues la “otra” derecha, la que ha venido a sustituir a la alianza popular (con demasiado olor a sotana) post franquista, a entrado con fuerza. Es cierto que esa otra derecha, moderna, simpática y de aspecto agradable, viene de la mano de una apuesta firme de los poderes económicos cuyo primer órdago se llevó por delante a UPyD. Esa nueva derecha, con un discurso menos engolado y más aceptable, sin aparentes lastres ideológicos (la derecha que gobierna, como decía, tiene un lastre claramente post franquista que le condiciona de forma clara, y para muestra un botón: aborto, ley mordaza, etc.)ha sido un sumidero de votos por donde el actual gobierno municipal ha perdido un buen puñado de votos.
En segundo lugar, el PSOE, el centenario partido de Pablo Iglesias (Pose), parece que ha culminado un proceso de desangre electoral y político que se inició en 1995. La perdida de mil votos y casi once puntos porcentuales con respecto a 2011 le sitúan en una incómoda segunda posición. En 2011, la ruptura de la organización y una estrategia de enroque parece que no ha sido suficiente amalgama para aglutinar a una agrupación que no ha podido sumar los apoyos suficientes como para ser alternativa de gobierno. El futuro está por escribir, aunque personalmente considero que una organización como el PSOE no puede resignarse a subsistir, pues no fue creada para ello, por lo que creo que es necesario que con urgencia pero sin prisas, los socialistas comiencen a trabajar para rearmar política, ideológica y personalmente a la socialdemocracia local.
En tercer lugar, la coalición compromis, pese a todo (ruptura de Iniciativa y abandono de sus principales miembros) no solo ha mantenido el tipo, sino que se ha consolidado numérica y políticamente. Una organización cuyo sustrato orgánico es ilusionantemente joven que tiene que empezar a asumir responsabilidades para demostrar que, más allá del folclore, hay política ( y mucha). No obstante, decir que la suma de Compromís e Iniciativa en 2011 daban tres concejales al igual que en éste momento, pero porcentualmente cuatro puntos sobre el resultado obtenido, algo que la coalición debería analizar una vez digeridos los resultados y la felicidad de ser una alternativa cada día más sólida.
En cuarto lugar, el resultado de la “nueva” derecha ( y conste que no hay tono peyorativo alguno, sino la constatación de un programa económico y social coincidente), ha entrado en la institución por la puerta grande. Superando a Compromís  en número de votos y porcentaje, ha “desangrado” , principalmente al pp, aunque algún voto del PSOE ha cogido de pasada. El escueto programa, junto a la participación en la candidatura de una ilustre concejala del pp hasta el último mes de legislatura, deja abiertas las especulaciones y las expectativas por igual.
En quinto lugar, el incremento de votos de Esquerra Unida a la que muchos daban por defenestrada a manos de podemos ( o de su marca blanca local el Partit Del Campello), ha resurgido rozando los mil votos y superando el ocho por ciento de apoyo. Ha doblado concejales y, en  mi opinión, tiene la oportunidad de consolidarse como una alternativa de izquierdas que puede gobernar y concretar las propuestas con las que se presentó.
Por último, el Partit Del Campello (marca blanca de podemos o como les gusta: un partido instrumental) ha sido una sorpresa. No por su resultado, sino porque ha sido capaz de arrastrar, tanto a nuevos votantes, como a votantes, principalmente, del PSOE ( y no de Esquerra Unida como ha ocurrido en otros lugares).  Junto a el PDP, Demócratas, con David Alavés al frente, ha irrumpido en la institución con fuerza ( más de setecientos votos y casi un seis por ciento de apoyo). Este partido local es, por resumirlo de alguna manera, el único que se juega su futuro en casa, pues en el caso de PDP-Podemos y Ciudadanos, las vistas de las organizaciones están puestas en el horizonte de las elecciones generales, lo que puede condicionar, de alguna manera, un acuerdo plural a nivel local.

Donde unos ven incertidumbre, yo la acompaño de una enorme ilusión por ver si lo que la ciudadanía ha expresado en las urnas, es suficiente mandato para los electos: dialogo, acuerdo, consenso y entendimiento. Veinte años de imposición monopartidista son suficientes, y la democracia, pese a la Ley d’Hont, se ha expresado con fuerza y con contundencia. Ahora la responsabilidad está en manos de esos electos que nos convencieron de que había que actuar con valentía, de que íbamos a arreglarlo, de que era el momento de la izquierda, de que la ciudadanía pedía cambio…