Las encuestas del CIS dan una olgada victoria a la extrema derecha y una estrepitosa derrota a las posiciones del social liberalismo o social derecha, como queramos denominarlo. La ciudadanía, cansada de copias, opta por lo genuino: la derecha de verdad.
En este decantamiento electoral la responsabilidad hay que repartirla entre la desidiologización y la desmovilización sobre la que la izquierda institucional ha fundamentado su acción política y la construcción de una gran mentira por parte de la nunca resignada derecha patria. Y la cuestión es: ¿ si el partido del actual gobierno baja de 125 escaños, qué pasa?. Nada, no va a pasar nada.
Las rigidas y encorsetadas estructuras internas de éste partido no se verán afectadas. Quizá un cambio de caras, un cambio de mensajes e incluso de discursos ( apelando a más izquierda cuando la practica real en las administraciones donde ostentan responsabilidades es todo lo contrario), pero poco más: los profesionales de la politica seguirán donde están, parapetados por cargos orgánicos, institucionales y de libre designación. Mientras tanto las bases se debatirán entre seguir militando o abandonar definitivamente la mínima lucha que puediera existir en el seno del partido centenario.
Y, más abajo, tampoco habrán cambios: los que obtuvieron el peor respaldo ciudadano a su oferta electoral tampoco dimitieron, así que, ¿para qué cambiar, si se controla el aparato ( por mínimo que sea) de la organización y de paso se cercena el derecho de participación política de aquellos pocos y pocas que todavía aguantan?.
En resumen: sean 125 o 120 o 115...nada tiene que pasar, ¿o si?. Todo depende de esa corriente interna convertida en caricatura de lo que pudo ser y no fue por propia renuncia, sumisión y por último resignación.
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