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EL HERMANO PEQUEÑO DE RECUPERANDO IDEAS.

martes, 3 de marzo de 2026

Cuando los hechos dejaron de importar(Reflexiones personales a partir del libro de Máriam Martinez-Bascuñán, El fin del mundo común)

Cuando los hechos dejaron de importar

(Reflexiones personales a partir del libro de Máriam Martinez-Bascuñán,  El fin del mundo común)

Hay un párrafo, al inicio del libro, en el que Máriam Martínez-Bascuñán narra  un acontecimiento que sería la síntesis del sentido del libro y que ya, de inicio, nos debería provocar una reflexión. Al día siguiente de la primera investidura de Donald Trump, su jefa de prensa compareció ante la prensa para afirmar, sin ningún tipo de reparo, que había sido la más multitudinaria de la historia. Pero, las fotografías demostraban lo contrario. Cuando una periodista lo señaló, la asesora de la Casa Blanca respondió con una expresión que pasaría a la historia: eran "hechos alternativos".

Se podría pensar que ese momento fue una de las excentricidades del “trumpismo”. Pero Martínez-Bascuñán, a través de esta especie de parábola real, nos invita a mirar más de cerca, porque el problema no es Donald Trump. El “trupmpismo” es un síntoma. ¿De qué?. Pues de que vivimos en una época en la que la verdad ha perdido su función social: ya no sirve para dirimir debates, ya no es el terreno común sobre el que construimos la convivencia. Y eso, como bien vió Hannah Arendt décadas antes de que existiera la palabra "posverdad", tiene consecuencias para la democracia.

Arendt acuñó el concepto de mundo común para designar algo que no solemos ver precisamente porque está siempre ahí: los hechos, realidades y referencias compartidas que hacen posible que personas distintas puedan debatir, discrepar y llegar a acuerdos. No se refiere a la unanimidad de opiniones, sino de algo más básico y más frágil: el acuerdo sobre qué está ocurriendo. Dos personas pueden interpretar un mismo hecho de manera radicalmente diferente y, sin embargo, ese desacuerdo tiene sentido porque ambas reconocen que el hecho existe.

Resulta tentador creer que la posverdad es simplemente mentira con mejor marketing. Si fuera así, la solución  sería sencilla: más datos, más verificación, más fact-checking. Pero Martínez-Bascuñán nos muestra, de la mano de Arendt, por qué esa solución es insuficiente.

La mentira política clásica ocultaba la realidad. El mentiroso sabía que mentía, y por eso existía la posibilidad de desenmarcarlo. La posverdad opera de otra manera: no niega solo los hechos concretos, sino que siembra la desconfianza sistemática hacia cualquier instancia capaz de establecerlos. Cuando se deslegitima a la prensa, a los científicos o a los expertos, no se está cometiendo un error: se está ejecutando siguiendo una estrategia: el objetivo no es que la gente crea en otra verdad, sino que deje de creer en la posibilidad misma de la verdad. El escepticismo generalizado se convierte en una herramienta de control.

Una de las aportaciones, en mi opinión, más interesantes del libro es que el diagnóstico no ahorra críticas al campo progresista o ilustrado. Martínez-Bascuñán detecta lo que llama un "autismo recíproco": la brecha entre élites y ciudadanía no es un fenómeno de un solo sentido. Las élites culturales y políticas también han dejado de escuchar, también se han encerrado en burbujas, también han confundido sus marcos interpretativos con la realidad objetiva. La posverdad florece en el humus de esa desconexión. Pero esto, lejos de ser una llamada a la equidistancia o una invitación al relativismo, es un recordatorio de que recuperar el mundo común requiere un esfuerzo de escucha que no puede ser unilateral. Si queremos que los ciudadanos vuelvan a habitar un espacio compartido de hechos, es necesario que quienes tienen responsabilidad pública dejen de hablar solo para los que ya están convencidos.

Aquí reside la dimensión verdaderamente pedagógica del libro: lo que está en juego no es solo la información, sino el juicio. La capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso, lo relevante de lo accesorio, la evidencia de la opinión. Arendt lo sabía: sin juicio ciudadano, no hay política, solo gestión de emociones.

Cultivar es una prioridad y no puede delegarse solo en los medios de comunicación ni en los algoritmos de detección de bulos. Es una tarea que empieza en la educación, en la familia, en el debate cotidiano. Es una tarea socrática, en el sentido más literal: implica la disposición a examinar las propias creencias, a tolerar la incomodidad de no tener la razón, a reconocer que la realidad no se ajusta siempre a nuestros deseos.

Vivimos en una época de abundancia informativa y escasez de atención. Recibimos más datos que nunca y tenemos menos tiempo para procesarlos. Las redes sociales han optimizado la respuesta emocional inmediata y han desincentivado la reflexión lenta. En ese ecosistema, el juicio crítico no solo no se cultiva: se atrofia. Y cuando el juicio se atrofia, la democracia queda a merced de quien mejor sepa explotar los miedos y los resentimientos.

Esta humilde reflexión no es una mera reseña literar:  es una invitación a tomarse en serio un problema que tendemos a localizar siempre en los demás: en los votantes del populismo, en los seguidores de teorías conspirativas, en los que "no se informan bien". Pero la destrucción del mundo común nos afecta a todos, también a quienes creemos estar bien informados, también a quienes nos reconocemos como racionales y críticos. La burbuja no tiene un solo color.

El libro de Martínez-Bascuñán no ofrece soluciones fáciles porque no las hay. Pero sí ofrece algo más valioso: un marco conceptual para entender en qué momento estamos y qué está realmente en juego. Y ese marco tiene nombre: Hannah Arendt, una pensadora que escribió desde la experiencia del totalitarismo y que nos advirtió con décadas de antelación de lo que ocurre cuando la realidad compartida se volatiliza.

martes, 17 de mayo de 2016

PERMITIDME LAS MAYUSCULAS.

PARA INFORMAR A LOS POCOS O MUY POCOS QUE SIENTAN ALGUNA CURIOSIDAD POR EL BLOG QUE HUMILDEMENTE MANTENGO, QUE A PARTIR DEL PRÓXIMO LUNES MIGRARÉ DEFINITIVAMENTE A LA HOJA ROJA
http://lahojarojadelcampello.blogspot.com.es/

HA SIDO UNA ETAPA ABSOLUTAMENTE DE EVOLUCIÓN Y AGRADEZCO DE CORAZÓN A TODOS AQUELLOS Y AQUELLAS QUE LO HAN SEGUIDO EN MAYOR O MENOR MEDIA; A TODOS Y TODAS LOS QUE HAN APORTADO SU CRITICA, QUE ME HA HECHO REFLEXIONAR Y MEJORAR.

GRACIAS Y, SI ASÍ LO CONSIDERÁIS, NOS VEMOS EN LA HOJA ROJA

sábado, 7 de mayo de 2016

CULPABLES.

El fallido intento de formar un gobierno alternativo que concretase el hipotético mandato de las urnas (hipotético porque las lecturas no son unánimes, al condicionarlas los intereses y estrategias) nos ha situado de nuevo ante las urnas. Esto no es ni bueno ni malo; simplemente es el fruto de la ausencia de un valor que ha estado ausente en la política nacional desde la recuperación de la democracia ( el valor del diálogo) pese al intento de poner en valor los acuerdos de la transición sin tener presente el contexto histórico-económico en el que se dan.
La acusación de culpabilidad parece que va a ser un argumento recurrente. Y en la construcción de las diferentes culpabilidades van a jugar un papel central los diferentes medios de comunicación, en función de los intereses empresariales que representan. Pero, ¿ a quién culpará la ciudadanía? Como decía, en función de la carga emotiva acumulada en un proceso fallido de negociación (es un hecho que las posiciones se han polarizado cuasi en una metáfora futbolística, donde los argumentos del “otro” son falsos por principios).
El PSOE asumió un papel que en principio no le correspondía: el PP y su candidato se pusieron de perfil como estrategia de distracción (algo que parece que les resultará productivo si a las encuestas nos referimos). Pero ese papel se inició desdibujado dadas las limitaciones planteadas por el Comité Federal y la vehemencia con la que algunos líderes territoriales han defendido posiciones incluso contrarias a las preferencias de sus propios electores. No obstante, la opción de acuerdo trasversal fue una apuesta que, en mi opinión, expresaba una opción razonable: acuerdo entre el PSOE, Ciudadanos y Podemos. Los errores, en mi opinión fueron dos. En primer lugar, aceptar las exclusiones mutuas de Ciudadanos y Podemos. En segundo lugar  explorar, en primer lugar, el acuerdo con Ciudadanos antes de con Podemos.
Las exclusiones han sido tácitas y explícitas. Podemos excluyó a Ciudadanos y Ciudadanos a Podemos. Desde posiciones diferentes (Podemos planteaba un acuerdo unilateral de la izquierda con el apoyo pasivo de Esquerra y la nueva marca de CiU frente al intento de “gran coalición” de Ciudadanos con el PP pese a la indiferencia y el maniqueísmo de éstos utilizando como argumento el resultado electoral y no las reglas parlamentarias) los nuevos y “fornidos” actores condicionaron desde el inicio el posible acuerdo, algo que definitivamente se ha confirmado.
A la hora de repartir culpas creo que es necesario superar en lo posible ese relato de incompatibilidad de posiciones y entender la posición de cada cual. Es cierto que la táctica y la estrategia han primado pero, nos guste o no (y esos gustos no son construidos de forma autónoma) así es la política. Lo que se debería exigir es que entre las prioridades si volviese a situar la responsabilidad que los representantes tienen para con los representados, más allá de las preferencias partidarias: la formación de un gobierno para todos y todas.

Sería fácil insistir en la argumentación sobre la “culpa del otro”, pero creo que no es lo que conviene, ni a la ciudadanía ni a los actores políticos. La posición de cada cual es legítima si sus militantes y afiliados así lo consideran. Deberemos centrar el foco de nuestra atención en las propuestas y en la voluntad de acuerdo y no sólo sobre los argumentos que muchos medios quieren poner sobre la mesa, creando e incidiendo en la creación, consolidación y polarización de las posiciones.

EL URBANISMO COMO OPORTUNIDAD

      
                El urbanismo, así con mayúsculas, ha entrado en la agenda del nuevo gobierno a causa de la anulación por parte del Tribunal Supremo del Plan de ordenación urbana aprobado en 2011. Esto provoca una serie de conflictos administrativos, pero paralelamente una oportunidad para superar la dependencia histórica que nuestro municipio ha tenido del sector del ladrillo. Las palabras del actual Alcalde sobre la “oportunidad” que ofrece la anulación introducen un cierto optimismo pese al problema de volver temporalmente al planeamiento del año 1986.
                El plan de 2011 nace, en principio,  de una necesidad: la adecuación del planeamiento dado el “agotamiento” del Plan General del año 86. Y esta necesidad se aborda, por parte del anterior gobierno municipal, desde la perspectiva que condicionaba el urbanismo en la época de la expansión del ladrillo como apuesta política. Pero afortunadamente ( o desgraciadamente, según el interés) nace en los estertores de la burbuja.
                El diseño de la política urbanística se realizó, como decía, bajo criterios expansivos, sin que la aprobación del nuevo planeamiento conllevase revisión o previsión alguna en lo referente a la prestación presente y  sobre todo futura de los servicios básicos.  Por lo tanto, pecó de una cierta irracionalidad en cuanto a la eficacia y sostenibilidad en  su desarrollo: Agua, residuos, energía, etc. aparentemente no fueron tenidos en cuenta, al igual que el estudio económico financiero que, según el Tribunal Supremo, era requisito del  planeamiento y motivo de su anulación (pese a que la Ley Urbanística Valenciana no lo exigía). Se produce un problema que pone en evidencia los conflictos de la administración multidimensional donde una administración enmienda lo que otra hace y provoca un problema. Pero al mismo tiempo, el gobierno emanado de las elecciones municipales de 2015 podría utilizarlo como solución para lo que, tanto para ellos (en la oposición entonces) como para muchos otros fue una norma urbanística sobredimensionada e irracional.
                Igualmente se da una posibilidad para que los actuales actores políticos acuerden (así lo ha solicitado ya algún grupo) empezar a construir desde abajo: la mesa de trabajo sobre los criterios urbanísticos podrían contar con nuevos actores y nuevos roles de otros que en la actualidad solo se ocupan de asuntos relacionados con los efectos de la revisión catastral y el impuesto de bienes inmuebles. Ello posiblemente incidiría en un compromiso mantenido por el nuevo gobierno municipal: mejorar la calidad democrática del debate, y en concreto, sobre el diseño urbano y la racionalidad en la prestación de servicios. Aunque para ello alguna de las partes que hasta ahora ha sido únicamente oposición debería revisar su estrategia y ampliar el espectro de su interés. Contar igualmente con promotores, propietarios (y no solo en el período de exposición pública) incidiría igualmente en esa mejora de la calidad democrática que se exige y a la que se comprometieron los actuales gobernantes municipales en la campaña electoral.

                Comparto por tanto el planteamiento inicial de lo que podría llegar a ser una nueva política urbanística, considerando que además es un reto, no solo para la actual corporación municipal, sino para el futuro de nuestro municipio. Es cierto que la solución está constreñida por normativas supramunicipales, pero la decisión de dónde y cómo va a ser fundamental, y ésta debe contar con el consenso más amplio posible y así ser, no solo duradera en el tiempo, sino eficaz en cuanto a los objetivos, algo de lo  que el defenestrado plan carecía.

lunes, 25 de abril de 2016

EL CONSEJO DE CIUDAD:¿ un compromiso con la nueva realidad o un acto administrativo?

El término de Gobernanza se ha puesto de moda en las últimas décadas, y no ha sido por la voluntad de las instituciones políticas de “ceder” espacios de poder o favorecer la deliberación entre política y ciudadanía. El motivo es, ese otro término que tanto hemos escuchado: desafección. La distancia entre ciudadanía y gobiernos se ha convertido en un problema: los gobiernos han pasado de ser una solución a un problema, algo que forma parte de ese relato social que impulsó en nuestro país el movimiento 15M y que ha variado los equilibrios entre ciudadanía y poder político.
Pero, ¿Qué es la Gobernanza en sí?. Es, por así decirlo, el nuevo paradigma de gobierno que responde o intenta responder a una nueva realidad. La más que evidente complejidad de la sociedad civil, las incertidumbres y la variedad de actores en juego ha motivado la necesidad de incorporar a esos actores en el acto de gobierno, con el objetivo de mejorar las políticas públicas. Este nuevo paradigma provoca así mismo una discusión: los que defienden que la democracia es conflicto y confrontación y los que defienden el carácter deliberativo y de diálogo. A través de ésta nueva voluntad política se persigue formalizar espacios de interacción por voluntad de la administración pública. Y aquí encontramos una primera variable que convierte al término en algo vacio o en una verdadera apuesta por la mejora de la calidad democrática: “voluntad”.
No obstante, existen diferentes tipos de definición o entendimiento para la palabra Gobernanza. Desde una apuesta jerarquizada, donde la administración sigue determinando de arriba abajo las formas de relación, hasta una Gobernanza en red, donde el gobierno se orienta hacia la sociedad civil posibilitando efectivamente la participación de los diferentes actores. Esta última forma, más horizontal, de una relación de mayor igualdad, de deliberación y debate de posiciones  que se da en un marco institucional, de reglas y normas orientadas al diseño de políticas públicas concretas, es la verdaderamente deseable
Pero la palabra en si carece de sentido o puede estar sujeta a interpretaciones subjetivas que instrumentalicen su significado. Para ello, es precisa una valoración de la calidad democrática del proceso, y varias son las preguntas que deberemos hacernos: ¿se cuenta con el mayor número de actores, sus características son lo suficientemente heterogéneas para promover un debate, se trata de una acción sistemática y no coyuntural en el tiempo, las relaciones de poder son simétricas (se delega capacidad de decisión), se conjugan conflicto y diálogo, se tiene, efectivamente la capacidad de influir (relacionado con la simetría del poder), se mantienen posiciones lo suficientemente permeables, asumiendo la posición del “otro” como válida aunque discutible, tiene una alta difusión social el proceso deliberativo y de acuerdo en el resto de la sociedad?. Estas preguntas tienen una respuesta que nos dará el grado de mejora de la calidad democrática de una decisión que no puede, en ningún caso tratarse de un brindis al sol ni una acción coyuntural a causa de la moda terminológica para así cubrir una parte del curriculun institucional. Debe tratarse de una voluntad expresada en normas y acuerdos.

Evidentemente, una decisión de éste tipo se encontrará con múltiples dificultades como múltiples son los puntos de vista. Los que antepongan únicamente el conflicto como elemento de negociación, frente a los que se nieguen a reconocer la validez de las posiciones diversas e incluso contrapuestas de los actores sociales; los que consideren que la negociación no es posible a causa de los prejuicios sobre la “maldad intrínseca” de los representantes o incluso la ausencia de voluntad real por parte de esos representantes de ceder espacios de decisión a actores que en muchas ocasiones siguen siendo vistos como “opositores” y no como posibles aliados para conformar amplios espacios de consenso. Todas las adversidades y vicisitudes deberán ser salvadas para desarrollar un ejercicio que, en definitiva tiene un objetivo mucho más importante: reconciliar, en lo posible y de forma progresiva y efectiva, a la sociedad con la política.

miércoles, 13 de abril de 2016

POR FAVOR, UN POCO DE REFLEXIÓN

Ayer, escribía en mi humilde blog una entrada, en la que hacía hincapié en una circunstancia que a mi, personalmente me crea una cierta preocupación: la ausencia de análisis político más allá de la acción puramente emocional. Y cuando hablo de análisis político, me refiero expresamente a un estudio sobre determinadas situaciones que, guiadas por lo puramente emotivo, se enfrentan a una difícil solución.
Pondré un ejemplo. Cuando se produce la salida de uno de los socios iniciales del gobierno plural de El Campello, se encadenan una serie de desencuentros que parecen culminar en un comunicado de prensa en el que los argumentos políticos brillan por su ausencia. Un documento repleto de juicios de valor fundamentados en un cierto sentido común cuya base argumental es, algo así como “las cosas aquí se hacen así”.  Y pese a la , en principio heterogeneidad en la composición del gobierno, todos parecen compartir ese análisis sesgado y tendencioso basado en opiniones subjetivas.
El enfrentamiento epistolar e institucional entre el gobierno municipal y Esquerra Unida es un hecho que podemos constatar si echamos un somero vistazo a los titulares. Se hace más evidente si profundizamos un poco en los contenidos. La conclusión de todo ello, me lleva a plantear la imposible reconciliación, a menos que las posiciones se deban únicamente a una especie de metáfora dramatúrgica donde cada cual desempeña un papel en función de un guión ( el guión de Esquerra Unida es el de la radicalidad discursiva, que le aleja de las posiciones, en principio pragmáticas, que defiende o mantiene el actual gobierno).
Pero la cuestión a la que me quiero referir, sin dar más rodeos, es a la falta de una perspectiva verdaderamente política, desde donde analizar racionalmente, no solo el comportamiento de cada uno de los actores, sino las consecuencias (deseadas o no) de la actuación de cada cual.
Y vuelvo a poner un ejemplo. Si, legítimamente Esquerra Unida presenta una propuesta al Pleno municipal exigiendo el cumplimiento de uno de los puntos incluidos en el acuerdo de investidura, ¿porqué se rechaza?. Los argumentos en contra son muy cuestionables ( la presunta parálisis institucional se soluciona de diversas formas y maneras). Un análisis racional de la situación, nos llevaría a pensar en dos cuestiones: ¿quién gestiona la propuesta una vez aprobada?. ¿acaso Esquerra Unida solicitaba la creación de una comisión municipal encargada del debate del cómo y el cuándo?, ¿no sería, en su caso, el gobierno municipal el que debería gestionar los tiempos en la ejecución de la propuesta?. Y este ejemplo nos podría servir para aplicarlo a cualquier otra moción con un contenido directo a la realidad local.
En definitiva, lo que quiero plantear o en su caso poner en evidencia, es ese cortoplacismo miope de quienes, pese al incesante intento de construir en torno a si, de un relato de pertenencia basado en la retórica emotiva, no parecen capaces de analizar la situación de una forma lógica en función, no de la instrumentalidad de sus intereses; no desde sus pulsiones emotivo-partidarias, sino desde esa necesaria e interesante visión que demuestra una altura de miras digna de los que se dicen representantes del cambio político.

Y, restando la parte de confrontación, podríamos aplicarlo igualmente al otro socio de investidura: el PSPV-PSOE, que instalado en un parsimonioso debate sobre si participar o no; sobre si se dan las circunstancias objetivas o no, va dejando pasar un precioso tiempo para demostrar a la ciudadanía su compromiso con el cambio político. Pero sobre la situación del PSPV-PSOE local, es mi intención opinar en otra entrada del blog.

¿HAY ALGUNA SOLUCIÓN?


Desde la toma de posesión de la actual corporación, y el acuerdo plural para constituir el gobierno municipal, se han sucedido algunos hechos dignos, como mínimo, de un humilde análisis. Ya he opinado sobre la elección de la Alcaldía, a lo que únicamente añadiré una frase pronunciada por el líder de Podemos respecto a su “ofrecimiento” a Pedro Sánchez mientras éste se reunía como el Rey: “sonrisa del destino que él siempre tendrá que agradecer”.
Un acontecimiento sacudió al nuevo gobierno a los pocos meses: la presunta “deslealtad” de Esquerra Unida para con el gobierno, o dicho de otra manera: un hecho inevitable, dados los actores en escena. Y éste hecho, marcó, en mi modesta opinión un antes y un después al que no han sabido contestar los actuales componentes del gobierno en minoría. Me refiero, al margen de insinuaciones más o menos explícitas por parte del Alcalde a otros grupos a sumarse al gobierno ( dirigido principalmente al Grupo Socialista). El ofrecimiento público y expreso, a la vista del deterioro de las relaciones entre el gobierno municipal en minoría y su antiguo socio Esquerra Unida, debería haber sido incluyendo otras organizaciones, y me refiero en concreto a Ciudadanos.
Está claro que actualmente hay dos grupos políticos con los que el gobierno tripartito no puede contar: PP y Esquerra Unida. Unos, por ser los que han gobernado a golpe de mayoría absoluta el ayuntamiento más de veinte años, estar bajo la lupa de la fiscalía anticorrupción por irregularidades en su financiación y ser los artífices de lo hecho hasta la llegada de los “nuevos” ( al margen de las diferencias ideológicas que explícitamente se escenifica en el escenario estatal y ser los representantes de la austeridad y los recortes salvajes que ha sufrido éste país). Con Esquerra Unida tampoco pueden contar, pues el erróneo análisis político, basado fundamentalmente en pulsiones personales y no en una mínima racionalidad política, les ha empujado al lugar donde más cómodos se encuentran: la oposición. Y, lejos de limar asperezas, el gobierno en minoría ha echado “gasolina” oponiéndose incluso a aprobar mociones que tenían una relación directa con el acuerdo que llevó a la Alcaldía al actual regidor ( una prueba más de una errónea lectura política y una muestra de rapidísima institucionalización de los nuevos inquilinos del poder municipal que, pese a mantener un relativo relato emotivo-personal sobre el cambio y el intento ( en mi opinión igualmente fallido) de construir un imaginario colectivo que les fuese favorable siguen en la apacible trinchera de la excusa coyuntural.
Y, si no pueden contar ni con PP ni con EU, ¿con quién deben contar?. Con el PSPV-PSOE y con Ciudadanos. Al primero, parte igualmente del acuerdo de investidura, se le deben ofrecer las condiciones necesarias para su definitiva implicación en el gobierno algo, que por otro lado, les favorecería de cara a recomponer ( al menos a intentarlo) las deterioradas relaciones con su electorado. El segundo, con los condicionamientos simbólicos que estableció desde el inicio de la legislatura ( no gobernar con Compromís, al que calificaron de partido “independentista”) se le debe ofrecer la posibilidad, si no de gestionar directamente, sí de controlar de forma directa la gestión a través, por ejemplo, de la presidencia efectiva de una comisión municipal de relevancia así como una silla, aunque fuese de oyente, en la Junta Local de Gobierno.

Y a ambos ( y también evidentemente a PP y a EU, con las dificultades comentadas y el condicionante de un enfrentamiento con los segundos bastante incomprensible) se le debería plantear un acuerdo sobre un número determinado de ejes políticos. Véase: presupuesto municipal, Vertedero, Plan General, IBI y participación ciudadana. Pero para llegar al punto de concreción, es preciso demostrar algo que hasta ahora ha pasado desapercibido: liderazgo. El equipo de gobierno debe rearmarse y romper las ataduras que él mismo ha asumido con una excesiva y pronta institucionalización; bajando a la arena y demostrando que ese discurso retórico del cambio y ese ideario colectivo que se pretende crear, tienen una base política más allá del talante de las personas que hoy desempeñan cargos de representación.

lunes, 11 de abril de 2016

A PERRO FLACO.

Los problemas parecen perseguir al equipo de gobierno del Ayuntamiento de El Campello. A la situación del vertedero, la reclamación sobre el IBI, la prórroga del Presupuesto municipal desde 2014 ( con un presupuesto desajustado a causa de las modificaciones a la baja del tipo del IBI), se une ahora la anulación del expansivo Plan General de Ordenación Urbana. Un primer y aparente efecto de dicha anulación parece ser el “frenazo” a la “recuperación” de la construcción, algo que, siendo preocupante bien pudiera ser el catalizador de una necesidad perentoria para El Campello desde hace años: la articulación de una propuesta de modelo económico no dependiente del ladrillo y el comercio estacional.
Parece evidente que volver a la situación de 1986 en cuanto a ordenamiento urbano se refiere podría, no solo ser un “freno” ( aunque aquí el dicho de “no hay mal que por bien no venga” podría ser incluso positivo) al desarrollo local. Las posibles reclamaciones de las empresas con intereses en el plan anulado podrían reclamar responsabilidad patrimonial, algo que sería un retroceso ( en caso de prosperar) para la ciudadanía, dados los fondos públicos que se deberían destinar a indemnizar a los interesados. En éste caso ( sin olvidar otras indemnizaciones por actuaciones pasadas, como es el caso del aparcamiento de la Avda. Els Furs) , los que votaron afirmativamente o se abstuvieron en la aprobación del Plan tienen una responsabilidad política que habría que exigir, aunque ya se sabe que eso de la responsabilidad política, al ser un principio “ético”, se es propenso a la interpretación política.
Demasiados asuntos se amontonan en la mesa de un gobierno que, pese a una pretendida imagen de normalidad, vive instalado en una inercia que, de no remediarlo nadie, va encaminada hacia una parálisis institucional, cuya únicas salidas bien podrían ser: el establecimiento de un amplio acuerdo que sume los apoyos suficientes, al menos en cuanto a los asuntos de interés general; o la elección de un nuevo Alcalde y un nuevo equipo de gobierno con un mayor respaldo en el Pleno.
Se podría excluir la posibilidad de una moción de censura, dada la fragmentación política del Pleno, algo que imposibilita la suma de una mayoría suficiente, en principio ( alguno de los socios actuales del gobierno en minoría debería reconsiderar su posición, algo bastante improbable pero no imposible en las posibles combinaciones que un futurible podría arrojar).
Para alcanzar un acuerdo lo suficientemente sólido como para abordar los asuntos que denominamos de interés general, precisaría del consenso entre, al menos, los actuales miembros del gobierno en minoría, más el Grupo Socialista y el Grupo de Ciudadanos. ¿Porqué excluyo a Esquerra Unida y Partido Popular?. Creo que el Partido Popular no aceptaría cooperar con un gobierno que considera ilegítimo ( legal pero sin legitimidad institucional) según ese principio inventado por ellos del gobierno del más votado que no tiene en cuenta la correlación de fuerzas con representación. En cuanto a Esquerra Unida, la situación que se ha propiciado tras su salida del gobierno municipal ha situado a la coalición de izquierdas lejos de cualquier posición de consenso digamos, viable. Aunque ya se sabe que en política los enemigos de un día pueden convertirse en amigos al siguiente, aunque en éste caso me parece poco probable.
El acuerdo con el Grupo Socialista parece que no sería un escollo ya que cuenta con el apoyo de forma habitual. La cuestión a dilucidar sería si estarían dispuestos a participar directamente en el gobierno o no. En cuanto a Ciudadanos, considero que el acuerdo dependería de variables que se me escapan. Aunque como mínimo, tanto el PSPV como Ciudadanos deberían participar en la Junta de Gobierno y asumir la presidencia de alguna de las comisiones municipales en función de los términos del acuerdo de mínimos que se alcanzase.


Humildemente considero que la sucesión de inconvenientes puede llegar a bloquear, más si cabe, un Ayuntamiento que debe afrontar importantes retos, no sólo los que antes indicaba, sino medidas y políticas dirigidas a definir, al menos inicialmente, cuál será el futuro a medio plazo de un pueblo en exceso dependiente de recursos; o sujetos a la temporalidad o a la inversión coyuntural, pero exentos ambos de la proyección y solidez suficiente para afrontar un futuro cada vez más incierto.

viernes, 4 de marzo de 2016

UN PRIMER PASO.

No se si es conocido por la ciudadanía, pero vivimos con un Presupuesto Municipal de “prestado”. Y además de prestado ( vivimos del Presupuesto de 2014 prorrogado a 2015 y todavía a lo que llevamos de 2016), vivimos de un Presupuesto cuyos ingresos no son reales: sólo hay que ver las sucesivas bajadas del tipo del IBI que conllevan reducción de ingresos ( por lo que vivimos en un Presupuesto “hinchado” o inflado).
Dicho esto, cabe una pregunta: ¿Porqué la corporación que tomó posesión tras las elecciones del 15 de mayo no ha presentado un borrador de Presupuesto a debate?. Los argumentos son diversos e igualmente variopintos. En un principio, el argumento ( válido) era: estamos aterrizando. Pasado el tiempo: no tenemos mayoría suficiente como para presentar las cuentas. Siendo absolutamente comprensible el primero, el segundo se cae si revisamos la legislación vigente. En concreto, la Ley 27/2013 de 27 de abril de racionalización y sostenibilidad de las administraciones locales. Esta Ley, además de para controlar algunos parámetros de la actividad municipal ( el endeudamiento) le sirvió al gobierno del PP para, sin quitárselas, “quitarle” competencias al Pleno municipal en el caso de la situación de presupuestos prorrogados ( la nuestra), bajo la excusa de “superar determinadas situaciones de bloqueo institucional”, o lo que en mi opinión es: como perderé poder local en las elecciones, pero seguiré siendo la fuerza mayoritaria, podré, sin contar con el Pleno ( en el que supuestamente no tendré mayoría) aprobar el principal instrumento de planificación política. Pero les salió mal, dada la fragmentación del voto pero su confluencia final en gobierno de distinto signo a los existentes hasta entonces ( por ejemplo: Comunidad Valenciana, El Campello, Sant Joan…)
La disposición adicional decimosexta prevé que la Junta de Gobierno Local ( en nuestro Ayuntamiento compuesta por el actual gobierno en minoría de tres organizaciones) pueda, tras presentar los Presupuestos al Pleno municipal, y si éstos son rechazados por el mismo, aprobarlos para posteriormente dar cuenta al Pleno ( el resto de trámites, como las alegaciones, serán igualmente competencia del órgano que apruebe el presupuesto: la Junta de Gobierno).
Si la legislación vigente permite este “vaciado” de contenido al Pleno, ¿ porqué el nuevo gobierno, con el apoyo del PSPV-PSOE,  no presenta una propuesta de Presupuesto Municipal, ajustando así las cifras, como mínimo, a la realidad?. Las explicaciones me las reservo porque únicamente son opiniones.
No obstante, y vista la salvedad de la legislación sobre los mecanismos de aprobación de los Presupuestos municipales, creo que no se deberían hacer más cambios ( modificaciones) para salvar el momento y presentar un documento presupuestario que expresase las reales intenciones del actual gobierno, pues de lo contrario, dedicándose a vivir políticamente de los “restos” e inercias, poco o muy poco va a demostrar, aunque tiempo tenemos para rectificar.
Quizá se está a la espera de que el gobierno del Estado cambie, pero esto no me cuadra, a menos que ya exista un dialogo entre los diferentes grupos para que la aprobación no requiera de la excepcionalidad aprobada e impuesta por la mayoría absoluta del gobierno del PP.

Creo que hay que empezar por algún lado a materializar el cambio, más allá del carácter de los gobernantes, pues no hay que olvidar una cosa: éstos son coyunturales, y las normas y acuerdos por escrito y aprobados por órganos oficiales trascienden la coyunturalidad.

viernes, 26 de febrero de 2016

CINTURA POLÍTICA


La política local está pasando por una fase de, digamos: extrema complejidad. Voy a intentar explicarme.
La conformación del actual gobierno municipal vino precedido de un debate agrio sobre una cuestión que, pese a haber pasado relativamente desapercibida, no es baladí: el liderazgo. Un acuerdo tácito en la Comunidad Valenciana señalaba que sería el líder del partido más votado o con mayor representación parlamentaria de los actores en dialogo el que asumiera la Presidencia institucional. En el caso de nuestro municipio una “conjunción” de hechos propició que el partido con más votos pero con igual número de concejales y concejalas fuera, por decirlo eufemísticamente: excluido en la carrera por encabezar el nuevo gobierno. Esto, propició un posicionamiento del PSPV-PSOE mediante el cual rechazaba formar parte del gobierno pero apoyaba el documento que propiciaba la formación del nuevo gobierno. El vencedor “inesperado” fue Compromis que, pese a haber visto disminuido su apoyo electoral ( manteniendo no obstante su representación respecto a 2011) veía como esa “conjunción” a la que antes me refería, le posibilitaba alcanzar un logro político inimaginable: la Alcaldía.
La complejidad viene, al producirse una crisis en el flamante gobierno y concretarse una remodelación del gobierno, dejando fuera a uno de los socios iniciales: Esquerra Unida.
Los porqués de esa ruptura pueden ser comentados y, en virtud de la perspectiva desde donde se analicen, podrán favorecer o no a los concejales y concejalas de la coalición de izquierdas, pero lo que parece cada día más claro es la precariedad en la que quedó el hoy exiguo gobierno municipal.
En mi opinión, faltó cintura para mantener en el gobierno a los dos electos de Esquerra Unida, pues a pesar de las acusaciones públicas entre unos y otros y la decisión final de remodelar el gobierno sin su presencia, los votos de ésta organización eran y son necesarios para afrontar ese hipotético proyecto de cambio que se ofreció en la campaña electoral.
Ahora, con los electos de Esquerra Unida en la oposición, nos encontramos con posiciones, no dispares, sino enfrentadas. No voy a hacer ninguna valoración sobre el papel que jugó y juega Esquerra Unida, pero considero que la debilidad en la que se encuentra hoy el gobierno municipal corrobora más si cabe mi afirmación sobre la falta de cintura política.
El apoyo crítico pero mantenido del PSPV-PSOE no va a ser suficiente ( 3+2+1 + 3 suman solo 9, y se necesitan 11 votos para sacar adelante proyectos fundamentales como por ejemplo el Presupuesto Municipal, instrumento básico para planificar y diseñar una agenda política de cambio y avance). El enésimo episodio ha sido la negativa a aprobar una moción de Esquerra Unida sobre uno de los puntos que figuraban en el acuerdo que posibilitó el nuevo gobierno: la auditoria. Y sin entrar en la conveniencia, necesidad u oportunidad, nuevamente se ha carecido de la cintura o carácter político: la moción se podría haber aprobado para posteriormente acordar su gestión institucional y administrativa, y esto no era ni es una concesión excesiva pese a que así aparentemente ha podido ser interpretada, a la vista de los acontecimientos.
Lo que ahora tenemos es, desde mi punto de vista, un gobierno abiertamente institucionalizado y enrocado en una posición de resistencia únicamente sustentado por acciones individuales dependientes de la impronta o el carácter de las personas que están al frente de las delegaciones. Mi impresión, es que se está a la espera de conseguir los apoyos o el consentimiento del resto de grupos para poder sacar adelante nuevos proyectos ( muchos de los que se publicitan como nuevos provienen de la pasada legislatura). Si el actual gobierno municipal quiere, debe poder. Y debe poder porque tiene una responsabilidad que trasciende incluso a las personas que lo componen: diferenciar su gestión con claridad de la realizada por el Partido Popular más de veinte años. Y esto, no solo se hace con “talante” o decisiones personales, se lleva a cabo de forma normativa: aprobando instrumentos que incidan directamente en el presente y en el futuro de las personas que viven en El Campello.
Creo que debe darse un salto cualitativo urgente, y el gobierno actual tiene la obligación de plantearlo y gestionarlo pues para eso, y no para seguir una inercia marcada, accedió al poder.

Otra cuestión es el papel que quiera o pueda jugar el PSPV-PSOE, cuyo apoyo está siendo estable pero que más pronto que tarde debería clarificar su posición como partido que ha gobernado y cuyo objetivo político e institucional debería ser volver a hacerlo, si su compromiso está con el progreso de El Campello.

sábado, 9 de enero de 2016

PONGAMOS QUE COMPARAMOS.


Los resultados del 20D ( perdón por la insistencia, pero creo que es necesario seguir conversando sobre la nueva realidad política porque de ella depende nuestro presente y, lo que es más importante: nuestro futuro) en el estado, ¿difieren mucho de los que se dieron en las municipales?. Si observamos los resultados, el  pp es el partido más votado. En segundo lugar, el PSOE pero a mayor distancia que la que se da en el parlamento. La entrada de emergentes no ha sido cuantitativamente similar, pero cualitativamente si.
No obstante, y siendo los equilibrios comparables, en El Campello se dio la coyuntura de que, el segundo partido más votado contaba con los mismos concejales que el tercero y el cuarto ( la diferencia de votos no  superaba los doscientos cincuenta de uno a otro), y el papel de los minoritarios era, al igual que en el parlamento surgido del 20D, fundamental.
¿Qué ocurrió?. Que existiendo tres partidos con la misma representación, el liderazgo alternativo se enredó en el número de votos, por un lado. Y por otro, que uno de los emergentes, “inventó” líneas rojas inexistentes ( presunto independentismo de uno de los grupos que, a la vista de los acontecimientos, se ha demostrado como una falacia interesada) para así poder optar por su espacio natural ( aunque negado): la derecha.
Imaginemos que, pese a haber obtenido más votos, el segundo partido en el parlamento tuviera los mismos diputados que el tercero, ¿Quién lideraría el gobierno?. En el “caso” de El campello, como ya he opinado en alguna ocasión, se dio una coyuntura determinada de oposición conjunta al segundo partido en votos que propició el acceso a la Alcaldía a la cuarta organización en número de votos. Esto, evidentemente no podría pasar en el parlamento, ¿o sí, pese a la diferencia de Diputados y Diputadas?. Es improbable que el segundo partido optase ( como fue el caso de El Campello) por “ceder” el liderazgo al tercero, por razones numéricas y de interés como partido.
Pero, sigamos suponiendo. Supongamos que el candidato del segundo partido en las Cortes sala elegido con el apoyo explícito de un conglomerado de grupos que, sin entrar a gobernar, condicionan la agenda política. ¿Tendría futuro un gobierno así construido?. Evidentemente dependerá del interés de los grupos que han apoyado la investidura en dos aspectos: política y electoralmente.
En El Campello, la retirada del segundo partido ( en número de votos) y su negativa a entrar en el gobierno, apoyando desde la oposición un programa acordado y con acuerdos preferenciales ( supongo) no es suficiente ya que las posiciones ideológicas de otro de los socios ha propiciado su salida y la consiguiente debilitación del gobierno.
Algo así podría suceder en el parlamento: un candidato en minoría, una oposición mayoritaria ( con capacidad para imponer la agenda política). ¿Es esta una situación de debilidad?. Si, siempre y cuando de las dos cuestiones que antes mencionaba sobre el apoyo a la investidura prevaleciese la segunda y no la primera.

En el caso de El Campello, el continuismo “obligado” parte, no solo de la situación minoritaria, sino de lo que desde mi punto de vista es más preocupante: la falta de iniciativa. Si no se establece una agenda, convenientemente consensuada entre los partidos en el gobierno y en la oposición , si no se es capaz de liderar, a través de propuestas de verdadero cambio, la nueva política emanada de las urnas; esa inercia continuista puede ser el trampolín para una vuelta de la derecha al gobierno, algo que desvirtuaría el mandato de las urnas, incidiendo en una profunda desmovilización del electorado progresista.

lunes, 4 de enero de 2016

UNA OPORTUNIDAD (¿PERDIDA?) PARA EL DIALOGO.


El PSOE se ha convertido, tras el “desequilibrio” producido por los resultados del 20D en el blanco de todas las iras y en el recurso fácil para exculparse de un futuro gobierno de la derecha, volcando la responsabilidad en un partido que, pese a los malos (malísimos) resultados electorales, sigue siendo un referente para millones de votantes.
La derecha le “exige” su responsabilidad institucional, azuzando el fantasma del secesionismo, pero los ejes sobre los que buscar el posible acuerdo son, además de débiles, insustanciales: la unidad de España, la posición de España en la unión europea y la estabilidad económica. Ninguna propuesta que signifique un paso atrás en el austericidio, ninguna muestra de autocrítica pese a haber perdido las elecciones, siendo no obstante el partido con mayor número de diputados.
Por la izquierda, el emergente Podemos exige, en su lista de condiciones o “líneas rojas”, un acuerdo sobre la celebración de un referéndum en Catalunya. Y lo hace desde un convencimiento sobre el que, en principio, no cabe duda: su decisión de avanzar en la resolución de un conflicto que la derecha gobernante  ha sido incapaz de solucionar (sino incluso de afrontar más allá del frentismo españolista del que ha hecho gala desde los albores de su nacimiento como organización heredera de aquella triste triada: “una, grande y libre”).
Pero, personalmente, y sin dudar de la voluntad de Podemos de avanzar en la solución del problema catalán, considero que Podemos, pese a proponer otras cuestiones de carácter socio económico de calado, ha puesto un parapeto excesivamente alto para siquiera empezar a dialogar. Y lo ha hecho ( al margen de la voluntad constructiva de la que antes hablaba y de la que, en principio no se duda) por un cálculo electoral: Catalunya ha sido, entre otras ( Euzkadi) comunidades, su principal granero de votos.
Y, en el PSOE, siguiendo una dinámica perversa pese a mantenida en el tiempo y en la paciencia de los sufridos militantes, se “carga” contra el candidato y Secretario General, en un ejercicio más de torpeza calculada. La sensatez aconsejaba que en la primera comparecencia del candidato, se hiciese una seria autocrítica y se expresase una voluntad inequívoca de participar en un acuerdo de progreso. Por el contrario, el candidato, utiliza el “menos malo de los resultados previstos” como elemento de fuerza para anunciar que se volverá a presentar a la Secretaría General, en una huida hacia delante que tensó las ya complicadas relaciones de equilibrio interno en las que vive instalado el PSOE desde hace décadas. Esto, provoca, junto a la intención ( en el presumible caso de que la derecha no pueda sumar apoyos para formar gobierno) de abrir un dialogo para acordar un gobierno progresista, una airada reacción de los dirigentes territoriales que, en vez de propiciar un análisis sosegado, se lanzan desaforados a la defensa de la unidad de España, en un discurso excesivamente parecido al de la derecha inmovilista.
La sensatez aconsejaba que las agrupaciones locales, los y las militantes, simpatizantes e incluso votantes, fueran los que tomaran la voz y definiesen la posición ante la complicada coyuntura política. Esto, no solo hubiera dado un plus de legitimidad al Comité Federal, sino que habría abierto la puerta a parte de esas exigencias de mayor democracia que las calles expresaron y que el partido fue incapaz de escuchar convenientemente. La resolución ( legítima estatutariamente, sin duda, pero insuficiente en el nuevo escenario político en el que la ciudadanía nos ha situado ) del Comité Federal del PSOE adolece de carácter propositivo, cayendo en la misma dinámica de la que acusa a Podemos: línea roja innegociable. Y al igual que Podemos, no plantea con claridad (Podemos lo hace hábilmente a posteriori y sin haber dialogado sobre un aspecto fundamental para dar viabilidad, por ejemplo, a su Plan de Emergencia Social: la constitución del parlamento y sus órganos) las líneas socio económicas y de regeneración democrática prioritarias, algo que únicamente se debe, una vez más, a la ceguera interesada de una importante parte de sus dirigentes territoriales que se atribuyen la representación de sus federaciones, sin escuchar ( una vez más) a sus militantes y, lo que es más importante: a sus votantes.

Creo que el PSOE, pese al entierro anticipado al que quieren condenarlo sus “nuevos” rivales, tiene un papel muy importante que desempeñar como referente progresista de muchos y muchas ciudadanos y ciudadanas, pero para ello, debe abandonar el cainismo, el presidencialismo excluyente y el paupérrimo liderazgo de algunos y algunas que, sintiéndose “salvadores”, están condenando ( y en esta ocasión, seria y definitivamente) al PSOE a la irrelevancia. Esto, junto a un giro que llevase al PSOE a abstenerse y permitir nuevamente gobernar a la derecha austericida, sería la triste puntilla a una organización centenaria que, con sus claroscuros, ha sido fundamental para la construcción del estado de bienestar y libertades en el que hoy vivimos.

lunes, 21 de diciembre de 2015

SI SE PUEDE, PERO ¿SE QUIERE?

¡Por fin!, pensarán algunos y algunas: ya han pasado las elecciones generales. Los discursos y las arengas a los votantes ( potenciales o hipotéticos, fieles o díscolos) dejan paso a análisis de todo tipo y para todos los gustos. Lo cierto es que, la máxima del “pueblo ha hablado” es una realidad. Y lo ha hecho con muchas voces: ahora falta que las voces se pongan de acuerdo.
Los grandes derrotados, si no se da la posibilidad de un acuerdo que posibilite la formación de gobierno, no serán las tácticas más o menos explícitas de los partidos contendientes, sino la ciudadanía. Ir a unas elecciones nuevamente conviene, en mi opinión, únicamente a las tácticas que unos y otros tienen al respecto de sí mismos olvidando esas ilusiones o expectativas de cambio, regeneración y justicia que muchos y muchas ( con diferencias, con matices) compartimos.
Al igual que ocurrió en las elecciones municipales, la fragmentación ( o la pluralidad) en cuanto a la representación es, por un lado, la expresión de un descontento y la agregación de éste a unas opciones políticas, principalmente Ciudadanos y Podemos: uno por el centro derecha y otro por la izquierda. Y por otro, la constatación de que la estrategia de conservación, principalmente de la izquierda tradicional (considerando como tal a PSOE e IU) desarrollada durante décadas, ha creado una desafección de la que se han aprovechado legítimamente otros.
En el caso del PSOE, haber hecho oídos sordos a las voces que desde la calle pedían más democracia ( en todos los sentidos y hacia todas las direcciones), más derechos y menos privilegios ( económicos, institucionales o judiciales), ha propiciado que la equidistancia política con los potenciales votantes e incluso simpatizantes ( y militantes) les haya situado en una complicada pero no irresoluble situación. En cuanto a Podemos, podríamos decir que se da el caso a la inversa: recoger ese discurso popular y construir una alternativa política en torno al mismo y, por consiguiente al sentimiento de abandono que la ciudadanía venía sintiendo, ha propiciado la emergencia de un movimiento de izquierdas, pero sin lastres simbólicos y sin élites previas marcadas por un pasado institucional que arrojarles a la cara. Pero, el diagnóstico del porqué sirve de bien poco en la situación en la que nos hemos situado, pues aparentemente las estrategias, pese a ser diferentes y divergentes, coinciden en algo: unos, por querer conservar, y los otros, por ocupar el espacio.
El entendimiento es posible si la voluntad existe más allá de las tácticas a medio y largo plazo que parecen subsistir tanto en unos como en otros. Pero éste entendimiento será imposible si se anteponen, a los intereses que dicen defender, líneas rojas inflexibles: o por mantener cuotas de poder, o por conservar las ganadas. Las líneas rojas deben suavizarse pues el diálogo que han mandatado las urnas ( creo, pues si las urnas han jugado a favor de un supuesto frentismo entre el “a mí me toca ahora o a yo tengo la legitimidad histórica”, el fracaso ya no sería de los actores políticos sino de quienes les sustentan) se basa en el entendimiento, y éste, en la cesión, premisas básicas para el acuerdo.
No obstante, queriendo ser optimista, soy realista. Y éste realismo me lleva a leer entre líneas los primeros mensajes que los líderes ( tradicionales o emergentes) lanzan, más que a la ciudadanía, entre ellos. Y estos mensajes son, aparentemente, trincheras irrenunciables, por lo que lo del entendimiento y el acuerdo parece, por lo menos difíciles.
Muchas cosas deberían cambiar, empezando por el carácter” protopresidencialista”  que algunos líderes ( tradicionales y emergentes) asumen: las bases y la ciudadanía seguro que tienen algo que decir.
Pero insisto: si la voluntad no es trabajar por los derechos y la democracia, y sí en pos de objetivos hegemónicos (mantenerlos o conseguirlos), flaco favor se estaría haciendo a quién y qué  se dice defender: acabar con el austericidio que la derecha ha impuesto, y profundizar en la justicia social y la democracia o, ¿de qué estamos hablando?.


miércoles, 16 de diciembre de 2015

INCOGNITAS.


Dentro de unos días, la “pesadez” de la campaña dejará paso al silencio de la reflexión: la ciudadanía tendrá que, o ratificar su intención o decidir. Y esa decisión tendrá diferentes motivaciones, todas ellas legítimas pero con efectos diversos.
Es una evidencia que el panorama electoral no es en absoluto similar a 2011: hay opciones políticas que han emergido con una fuerza que, pese a que pueda parecer un fenómeno sorprendente, es fruto de un sistema hasta el día hegemonizado por dos opciones mayoritarias. Los nuevos han venido para quedarse y su efecto, tanto en el caso de la “nueva” derecha, como de la izquierda heredera de los movimientos de contestación ciudadana del 15M, van a ser positivos. En el caso de la nueva derecha (Ciudadanos, a la que atribuyo el papel de nueva derecha a la vista, por ejemplo, de su programa económico de claro corte neoliberal) viene a “regenerar” a la vieja derecha: a modernizar el centro derecha con un discurso en lo social de corte liberal pero sin desprenderse del todo de viejos tics. La izquierda aglutinada como catalizador en torno a las exigencias ciudadanas de más y mejor democracia, de más derechos y justicia, ha avanzado en detrimento no solo del aspecto electoral, sino del espacio político de la izquierda y centro izquierda tradicional. No obstante, los efectos inmediatos ( a largo plazo creo que nadie es capaz de aventurarse a una predicción ya que ésta estará en función de la actividad pública e institucional que ambas desarrollen tras las elecciones) son, al margen de positivos hacia las viejas estructuras partitocráticas anquilosadas y prisioneras de los intereses de sus élites, inciertas en cuanto a los equilibrios y viabilidad política tras el día 20.
En mi opinión, existen ( como decía) motivaciones diversas a la hora de decidir el voto: a quién, porqué y porque no. Entre éstas motivaciones están las emociones. Éstas, han decantado el voto de protesta; el voto contra el sistema extractivo  que ha gobernado periódicamente éste país hacia una opción (Podemos) que es fruto de una magnifica estrategia política ( asumiendo el discurso de la desafección y haciendo suyos las exigencias de más y mejor democracia y más justicia frente a los especuladores) pero que puede ser al mismo tiempo victima de la política real. Si el objetivo es un cambio de gobierno, ¿Es útil votar a los emergentes?. Desde el legítimo punto de vista de las emociones ( a favor y en contra) evidentemente sí: cumple las premisas de satisfacción que el ciudadano busca con su voto. Pero, ¿desde el punto de vista racional de la ecuación de costos/beneficios ( que definen otra de las opciones que definen las decisiones a parte de las enmueradas);?.  ¿Si se vota a Ciudadanos, tiene opción éste partido de gobernar?. Según los datos demoscópicos, no: pero la suma ( directa o indirecta) sí permitiría a la derecha ( siempre según los pronósticos demoscópicos, insisto) seguir en el gobierno aunque, evidentemente, no de la misma manera( condicionado por los planteamientos desde la oposición de un “socio” legítimamente ambicioso). ¿Y si se vota a Podemos?. Podría ocurrir ( siempre en función de la estrategia a medio y largo plazo de ésta formación política) que la excesiva perdida de representación del PSOE tenga como resultado que la suma sea imposible y, por lo tanto, siga gobernando la derecha. ¿Esto supone que hay que votar al PSOE en detrimento de Podemos?. No. Esto supone que lo deseable sería que el voto socialdemócrata le diese la suficiente representación para poder sumar con Podemos.
Es cierto que el PSOE ha perdido apoyo electoral a favor de Podemos, y Podemos se ha dejado querer, insinuando que su estrategia era deteriorar al PSOE para ocupar su espacio. Este objetivo no es probable que se produzca porque pese a la más que presumible bajada del PSOE, el suelo electoral del tradicional partido socialdemócrata sigue siendo alto debido a las características de los votantes fieles que ha consolidado. Luchar por desbancar de una forma radical al PSOE es un suicidio, no para Podemos, pero si para las posibilidades de un cambio real: el argumento de Podemos de que el PSOE es más de lo mismo es falso, pues la coyuntura es, tan radicalmente diferente que ineludiblemente éste partido va a tener que adaptarse a una situación cualitativa y cuantitativamente diferente: ya no habrán mayorías y si desea recuperar algo del espacio perdido deberá recuperar igualmente el carácter socialdemócrata en detrimento del social liberal que ha desarrollado en demasiadas ocasiones.
Como decía ( y termino) la decisión racional basada en la ecuación de costes y beneficios podría ser planteada de la siguiente manera ( en mi opinión): ¿qué costes tiene votar al PSOE a sabiendas que la situación ni es, ni será la misma que antes del 20D?. Quizá la renuncia a parte de la emotividad como condicionante del voto y una racionalidad en cuanto al objetivo de desbancar a la derecha, como beneficio.

La opinión es libre, y cada cual decidirá emocional o racionalmente ( o en una combinación de ambas), pero como la cuestión es expresar una opinión fundamentada en razones y no sólo en emociones, mi resumen es: votar a Ciudadanos, propiciará la continuidad de la derecha. Votar a Podemos en “demasiado” detrimento ( y basado en un discurso emotivo pero poco concreto en lo posible o viable dada la coyuntura supranacional que nos condiciona) del PSOE, propiciará igualmente que la derecha continúe gobernando. La decisión no es fácil, pero estoy seguro que, pase lo que pase, cada uno de nosotros habrá acertado y sólo el tiempo dará o quitará razones a la reflexión crítica y vigilante que se producirá a lo largo de la legislatura: todo ha cambiado.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

El gorrón democrático.


Que nadie se ofenda…si no tiene que ofenderse, pero la realidad es que, “gracias” a la dinámica social en la que vivimos (igual soy demasiado benévolo al denominarla “dinámica!): individualismo excluyente, solidaridad mecánica radical, etc. parece “normal” que la crítica hacia los poderes públicos se produzca de forma habitual en esas formas de comunicación coloquial que todos desarrollamos (bares, reuniones familiares, etc). Parece que lo “normal” sea cuestionar sin cuestionarse, o lo que es lo mismo: negar legitimidad a las instituciones y al tiempo exigir derechos negando obligaciones tan básicas como las de participación electoral. Y aquí quería llegar: ¿abstenerse por comodidad o por compromiso?.
La abstención es concebida en determinados círculos sociales como un ejercicio de responsabilidad al ejercerla de forma activa contra un sistema; contra un modelo y un funcionamiento con el que no se está de acuerdo. Pero, ¿ y esa abstención que se produce al coincidir la fecha electoral con un día festivo, eligiendo ocio y excluyendo el ejercicio de un derecho positivo como el del voto?.
El debate no ha surgido con las movilizaciones ciudadanas: es un motivo de discusión teórica consustancial a la democracia liberal en la que vivimos.
El 20D estamos convocados a las urnas, pero es domingo. ¿Acudiremos o simplemente la elección racional será en base a un hipotético calculo de costos- beneficios en el que lo que vamos a “conseguir” no nos compensa?.
Personalmente, creo que la desafección de la abstención es un acto legítimo, pero irresponsable. Y no lo es porque la ciudadanía que lo ejerce lo sea, sino porque el sistema así lo ha decidido: ha sustraído de nuestra democracia el concepto mismo de ciudadanía sustituyéndolo por otros eufemismos que, sin reflexionar sobre su sentido, usamos habitualmente: cliente, contribuyente, consumidor, usuario, etc.  Ha suprimido, con algo más que la aquiescencia de grupos empresariales de comunicación, lobbies económicos y financieros ( se han sustituido asignaturas que potenciaban la reflexión por otras “practicas” como el conocimiento de finanzas como acto compulsivo de conocimiento para la autoprotección) cualquier aspecto reflexivo o de pensamiento en el sistema educativo-formativo, han recluido a la filosofía a la nada, instrumentalizando el pensamiento social generalizado hacia el “unidimensionalismo” o el pensamiento único. El objetivo es simple: dominar a través de los instrumentos, cada día más modernos y efectivos, a una sociedad sometida al principal argumento de la política moderna: el miedo.
Defiendo la “obligación” social y cívica del voto como el principal instrumento para influir en la democracia actual, evidentemente, sin renunciar a su mejora a través de reformas y transformaciones que la conviertan en algo más que un mero acto cuatrianual ( ley electoral, revocabilidad, control y participación ciudadana, etc). Pero para que esa “obligación” cívica pueda desarrollarse, es precisa una conciencia mínima de lo colectivo frente a ese cálculo de costos-beneficios sobre los que pivota nuestra sociedad ,y  avanzar en su construcción  es responsabilidad de aquellos cuyos principios democráticos no acaban en el institucionalismo reduccionista.

El que, por desidia ( aunque justificada por la desafección impuesta, por la apatía social como derecho) decida no votar el 20D, podrá clasificarse como “gorrón”. Un gorrón que, pese a no cumplir con la mínima obligación cívica, sí que exigirá y criticará desde más allá de la barrera, pero sin acercarse a la arena que concreta y define una ciudadanía completa, base y pilar de una democracia desarrollada, participativa y corresponsable: un democracia mejor.

Modificar la modificación para que nada se modifique.

Aparentemente, ha bastado una semana para limar las “asperezas” que propiciaron el bloqueo de la modificación de crédito por parte de PP/C.s/EUPV. Aparentemente, la explicación pormenorizada ( ahora si) de las partidas a modificar ha provocado un ataque de responsabilidad en la otrora oposición inflexible. Los argumentos ( al menos los expuestos públicamente) son, como mínimo peregrinos y, en mi opinión, no justifica su posición anterior.
“No bloquear el funcionamiento institucional; favorecer que los trabajadores y trabajadoras públicos cobren…”. Y en éste último argumento voy a detenerme para plantear una reflexión que, aunque pueda parecer incongruente ( dado que pertenezco laboralmente a ese cuerpo de trabajadores y trabajadoras municipales), simplemente pretende expresar una reflexión que considero, si no necesaria, si coherente con el “espíritu” que inspiraba las candidaturas que conjuntamente llegaron al gobierno municipal tras las últimas elecciones municipales.
Podría intentar hacer un análisis de las políticas implementadas o al menos anunciadas hasta el momento, pero me resulta difícil. Como en alguna otra ocasión he comentado, el cambio que más se ha notado ( y no es poco) es el personal: la cercanía de los ahora gobierno municipal dista mucho de aquél otro distante y rayando en la soberbia que podíamos ver en algunos miembros del anterior ejecutivo local. Pero, ¿basta esto para escenificar un cambio político?. En mi opinión, no. De ahí que me sienta incapaz de definir la acción de gobierno como de “cambio” político: en todo caso como un continuismo o una inercia en lo básico, aunque siempre queda la esperanza de, con el nuevo año, ver como las cosas empiezan a cambiar: esperanza que, evidentemente, no deberíamos perder.
Centrándome en al asunto que ha provocado mi enésima reflexión pública: ¿qué cobros pendientes hasta final de año se han aprobado vía modificación u otro procedimiento?. Principalmente, el abono de la parte pendiente de la paga extra detraída en 2012 y los servicios extraordinarios y productividades hasta final de año.
He podido observar que, ni los que han aprobado la modificación ni los que han “desbloqueado” la gestión ordinaria municipal han planteado en voz alta la pregunta de, ¿y el borrador de Presupuesto municipal, tardará mucho?. Y no se si no lo han hecho por puro tacticismo.
En cuanto a los conceptos que, como decía, vía modificación u otra afectan a los empleados y empleadas públicos, alguien ha preguntado: ¿y, con la modificación, ha cuanto asciende la partida definitivamente?. Los números son crueles y ponen de manifiesto que, lo que aparentemente es una decisión de funcionamiento ordinario, supone la decisión política de seguir propiciando una situación que, dentro de una presunta irregularidad, lo que sí supone es una irresponsabilidad política, si de valores y principios éticos de cambio hablamos. Ahora bien, si los valores y los principios quedaron aparcados o en el olvido tras el ascenso a las “cumbres” de la élite institucional municipal, , la cuestión pierde sentido porque habría que formularla de una manera más política.
Lo que, en mi opinión, se estaba dilucidando, no solo eran una serie de partidas presupuestarias para finalizar el ejercicio económico: se decidía continuar en la inercia, dejando la política de compromisos aparcada tras el simbolismo que ahora se enarbola como argumento frente a propios y extraños sin que exista una contestación, ni social ni política.
Por último, simplemente dedicar una última reflexión al papel que quiere desempeñar Esquerra Unida en el nuevo escenario que se plantea tras su salida del gobierno: ¿considera que seguir argumentando de forma retórica e incluso contradictoria es la herramienta necesaria para regenerar la política?.

Que el Ayuntamiento precise de una reorganización de recursos es más que evidente. Pero lo que igualmente precisa es la ruptura de una dinámica que propicia, con el consentimiento expreso de la totalidad de grupos políticos, que cuantiosos fondos sean detraídos de políticas sociales, de empleo, etc, con destino a “suplementar” los salarios de los y las trabajadores y trabajadoras municipales, algo que, pese a formar parte de éste colectivo, sigo sin entender en el marco de una política de izquierdas comprometida, no con las estructuras funcionariales, sino con la ciudadanía.

martes, 27 de octubre de 2015

Una opinión…entre tantas posibles.

La situación que atraviesa el Ayuntamiento de El Campello merece una parada y reflexión sobre la misma. Una parada, pues los acontecimientos fruto del resultado de las elecciones locales del 25M que configuraban, en principio,  un gobierno diferente al que había regido la corporación municipal más de veinte años. Una reflexión, pues el mandato tácito de las urnas instaba a los nuevos representantes políticos a ser interlocutores de un nuevo dialogo; la pluralidad obligaba a la búsqueda de acuerdos.
Efectivamente, al no existir la posibilidad de sumar entre dos, se da un debate cuyo objetivo es formar gobierno entre cinco formaciones políticas con representación: PSPV-PSOE (14,59 y 3 representantes, pasando de2860 votos  a 1762), Compromis (12,17 y 3 concejales, pasando de 1893 votos  que sumaban Bloc e Iniciativa en 2011 a 1470 en 2015 como Compromís), Esquerra Unida (8,04 y 2 concejales pasando de 817 votos a 971, lo que supone un incremento de 154 votos ), Partido de El Campello (7,71 y 2 concejales con 931 votos) y Demócratas (5,97 y 1 Concejal con 721 votos).
Las elecciones, como dato cualitativo, ofrecieron un panorama en el que, el PSPV-PSOE perdía 3 concejales y  más de 1000 votos ( 1098); Compromís,  sufre una perdida en votos de 280 respecto a 2011,  lo que no fue impedimento para mantener los 3 representantes que  sumaban Bloc e Iniciativa y Esquerra Unida que  sumaba 154 votos más que en 2011 y duplicaba su representación. Hacen su aparición en la corporación dos fuerzas nuevas: Partido de El Campello  y Demócratas . Estas son las formaciones que, con la legitimidad de los votos y la responsabilidad de romper una inercia institucional que había durado más de veinte años, se sientan a negociar un nuevo gobierno municipal.
El PSPV-PSOE, esgrimiendo el argumento aceptado en otras instituciones de favorecer a la lista más votada, exige encabezar el gobierno municipal encontrándose, por un lado, con una estrategia común entre el resto de formaciones que podríamos denominar “anti-psoe” ( ¿o anti Pepe Varó?), argumento que es utilizado para forzar una votación en el que, el designado es el candidato de Compromís. Esta organización se encuentra con una oportunidad histórica que, de otra manera, hubiera sido harto improbable que se diese, favorecida, no por sus resultados ( recordemos que obtiene los mismos concejales y concejalas que sumaban anteriormente Bloc e Iniciativa, pero pierde votos respecto a la suma de 2011) sino por la nueva correlación de fuerzas y el duro revés del PSPV-PSOE en las urnas ( únicamente recordar que, desde 1995 éste partido pierde votos, manteniendo 7 representantes hasta 2007; perdiendo uno en 2011 y tres en 2015). Todo esto sumado al sentimiento “anti” al que antes me refería, favoreció un cambio en la correlación de fuerzas.
El PSPV-PSOE, ante el rechazo del resto de “socios”, decide no entrar en el gobierno, aunque firma el acuerdo de mínimos, apoyando igualmente la elección de Alcalde. Y ésta decisión, la adopta con el apoyo de la agrupación socialista, la misma que ha respaldado  la posición del Grupo municipal,  de no retomar las negociaciones con el gobierno plural hasta que no “se den las condiciones”, sin especificar con claridad cuáles son esas “condiciones”.
Otro de los interlocutores fundamentales para entender los últimos acontecimientos es Esquerra Unida. Esta organización se caracterizó durante la legislatura 2011-15 por posiciones fuertemente ideológicas enfrentadas a cualquier acuerdo con el resto de formaciones. No obstante, y dado el nuevo “estatus” conferido por las urnas, parece erigirse en “garante” del gobierno de cambio, pese a mantener una actitud crítica en el seno del mismo, llegando incluso a votar contra las propuestas que éste presentaba al Pleno municipal. El subjetivismo extremo ( puesto de manifiesto en las contradicciones entre discurso y practica), junto a un cierto grado de intransigencia, les  han dado un papel protagonista en las vicisitudes  que el gobierno municipal plural atraviesa.
La negativa del PSPV-PSOE nos sitúa en un escenario complicado pero no de imposible solución. Numéricamente, la posible salida de Esquerra Unida del Gobierno municipal podría ser compensada por un apoyo puntual ( por ejemplo, en los presupuestos 2016) del grupo socialista, pero no sería suficiente ( tres, más dos, más 1, más los votos del grupo socialista sumarían 9, faltando dos para la mayoría). Y aquí entra en liza otro de los nuevos: Ciudadanos.
Este partido, que presentó un candidato ciertamente desconocido en el panorama social y político de la localidad, obtiene, gracias al empuje que tiene a nivel estatal, tres concejales y 1613 votos:  149 votos menos que el PSPV-PSOE y 143 votos más que Compromis. Pero ésta formación se “autoexcluye” al renunciar a formar parte de un gobierno o dar su apoyo a uno encabezado o con la participación de Compromís, a quien califica de organización “independentista” ( trasladando el debate catalán a la Comunidad Valenciana ). No obstante, y ante la aparente negativa de uno de los participantes en el gobierno plural ( Esquerra Unida, que califica de derecha a Ciudadanos como antes había calificado de derecha a Compromís o al PSPV-PSOE)  a ampliar el dialogo a otras formaciones con representación política, parece que la integración de Ciudadanos en un acuerdo amplio será difícil o imposible.
Derecha e izquierda son etiquetas que se diluyen con actitudes, pues la verdadera definición viene dada por los programas y las políticas que se desarrollen y no solo por el discurso, pese al simbolismo que uno le dé.
Y en esas nos encontramos: inmersos en un dimes y desdimes que beneficiaría, si así siguiese, los objetivos del gobierno saliente: poner de manifiesto la imposibilidad de un gobierno diverso y plural; la necesidad de un gobierno fuerte y mayoritario, etc.

La tesitura es difícil pero no imposible pese a las contradicciones que se han venido produciendo entre discurso y práctica; programa y práctica ( se ha producido una acelerada adaptación al medio, practicando un continuismo preocupante y contradictorio con los principios que decían y dicen defender los miembros del gobierno plural). En mi opinión, el acuerdo no puede ser por imposición y sí por acuerdos, o lo que es lo mismo: primar el acuerdo político frente al tacticismo partidario, el estatus personal o cualquier otro interés. De lo contrario, los perjudicados no serán solo los partidos que intervienen directa o indirectamente en el nuevo gobierno: lo serán los vecinos y vecinas que, pese a asistir silencioso a las noticias sobre la crisis institucional, sí tienen su opinión y, sobre todo, la necesidad de superar décadas de atraso social y económico.

domingo, 25 de octubre de 2015

PREOCUPANTE SITUACIÓN.

Lo que está aconteciendo en nuestro Ayuntamiento, al margen de interpretaciones o análisis emotivos, tiene una explicación. El que podamos explicarlo no quiere decir que exista una valoración, pues esto queda en el terreno de la opinión de cada cual.
Los resultados de las pasadas elecciones configuraron una corporación sin mayorías y con una representación plural que, en la esperanza de muchos y muchas, garantizaba, a priori, el dialogo como única herramienta para, como mínimo, alcanzar el poder. Otra cuestión que, siendo deseable, parece que no se ha concretado es el entendimiento, fruto de ese diálogo, pues las posiciones de algunos de los componentes del gobierno plural parecen señalar en ese sentido.
Tres organizaciones contaban con tres representantes cada una. El partido con más votos fue el PSPV-PSOE, el siguiente Ciudadanos ( con 150 votos aproximadamente menos que el PSPV). El tercer partido con tres concejales fue Compromís, con casi 300 votos menos que el PSPV. De éstos tres, Ciudadanos se autoexcluyó al considerar que no podía apoyar un gobierno en el que participasen “independentistas”. Compromís, con un resultado cuantitativamente menor que en las municipales de 2011, apostó ( en una estrategia legítima, pero que no respetaba el acuerdo tácito a través del cual el partido más votado sería el que ostentase la máxima representación en caso de acuerdo) por un sentimiento “anti-pspv” y, haciendo uso del mismo, consiguió el apoyo del resto de los socios frente a la posición del PSPV de ostentar la Alcaldía. Este fue el motivo principal por el que el Grupo Socialista y la militancia optaron por apoyar pero no participar en el gobierno plural que se iba a componer.
Si tuviéramos que señalar las razones de la actual crisis, sería difícil buscar un culpable que no fuese la falta de una firme voluntad de, aparcando el tacticismo partidista, buscar acuerdos sobre el qué sin importar el quién. Hacer referencia en estos momentos a difusas líneas rojas, máxime cuando las que presentaban algunos en campaña se han desdibujado, no parece un argumento lo suficientemente razonable y racional, más allá de los objetivos simbólicos e instrumentales de alguno de los socios actuales del gobierno plural.
El PSPV ha decidido seguir donde está, o lo que es lo mismo: apoyar desde fuera las propuestas pero sin asumir áreas de gobierno. Y, aunque lo hace con absoluta legitimidad,  pues así lo ha decidido la militancia, creo que ésta posición incide más si cabe en una debilidad institucional que en nada beneficia el cambio por el que la ciudadanía apostó el pasado 25M. Y, qué decir de Ciudadanos: un partido que, siendo emergente a nivel estatal, inicia su camino político con un baile de candidatos y lo continua con la fuga al grupo de no adscritos de una de sus componentes ( la ex concejala del PP fichada por éstos).  Y si a esto sumamos que el  partido mayoritario en la oposición ( el pp) sigue buscando el motivo mismo de su existencia, más allá de la retórica contradictoria del “que ahora quiero lo que no quise antes”, el panorama municipal es ciertamente preocupante.
Personalmente creo que la situación requiere de un dialogo sin más condiciones que las programáticas: qué hacer con los servicios, qué hacer con los impuestos, qué hacer en materia de empleo, qué hacer para encontrar una alternativa al modelo estacional o del ladrillo, qué hacer con la miseria oculta gracias a la solidaridad vecinal, etc. Estos ejes, y otros deberían ser motivo de un acuerdo lo más amplio posible que contase con la pluralidad con la que la ciudadanía quiso ser representada y a través del dialogo: sin tacticismos.

Evidentemente las diferencias ideológicas y programáticas son un obstáculo, pero el acuerdo, si el diálogo se produce abiertamente, de forma transparente, sin olvidar los proyectos políticos pero si un poco los personales e incluso los partidarios ( demasiadas veces confundidos con los personales), creo que es posible que la legislatura llegue a concretar ese cambio por el que apostó mayoritariamente la ciudadanía de El Campello.

sábado, 10 de octubre de 2015

ACTIVO O PASIVO: ESA ES LA CUESTIÓN.

Mucha gente ( no voy a pecar de soberbio, afirmando que es la sociedad en su conjunto) opina sobre los partidos políticos. Y es una opinión legítima, pues es el poseedor o poseedora del instrumento que confiere el papel que tienen esos partidos y coaliciones como representantes institucionales de la voluntad popular expresada un día determinado en función de unos criterios determinados ( o indeterminados, porque las emociones son pulsiones pero no criterios). Muchos y muchas consideran que es necesario acabar con la situación de deslegitimación a la que han llegado, a través de prácticas claramente endogámicas, los partidos que nos han representado desde la instauración de la democracia representativa en la que vivimos. Pero lo que esos y esas muchos y muchas no han valorado todavía es que, no solo en la jornada electoral se tiene la responsabilidad, sino que, si así se asume, se tiene de forma cotidiana. Me explico.
Una organización política, se fundamenta en el compromiso ( el que sea) de sus militantes. La democratización o no de una institución social de éste tipo no depende de un buen o mal resultado electoral: de éste, en todo caso, dependerá la adaptación del discurso y la sustitución o no de determinados líderes, pero no su dinámica interna en si. Para cambiar el rumbo de las decisiones en una organización democrática; dentro de ese modelo representativo en el que vivimos en el que el 51 se impone al 49, la decisión de participar ( al margen de las personas que estén o dejen de estar) es fundamental. La militancia, con la responsabilidad que conlleva, tiene en su mano cambiar, no solo líderes, sino líneas y programas políticos. De ahí, que uno de los primeros escalones que la ciudadanía tiene que subir ( si el objetivo es recuperar el protagonismo que el sistema le ha ido quitando hasta convertirla en mero votante, consumidor, cliente, etc)  es el compromiso con los partidos, coaliciones o movimientos políticos. Evidentemente, no es necesario estar en posesión de un carnet ( aunque sería lo ideal) sino de ese carácter crítico hacia los que hemos señalado ( con nuestro voto) como nuestros representantes, exigiéndoles de forma permanente, el cumplimiento de los programas; de un comportamiento ético, de una moralidad acorde con las ideas que defienden, etc. 

Ser un mero sujeto pasivo ( que es, resumiendo de forma basta lo que supone la democracia representativa), que adquiere protagonismo únicamente en períodos electorales, no va a propiciar un cambio sustancial, produciéndose en la mayoría de los casos una mera sustitución de personas ( que, emocionalmente nos caerán mejor o peor) pero no de políticas, que es lo que nos afecta. Convertirnos en sujetos activos requiere, evidentemente de un esfuerzo, y no todos están en disposición de hacerlo ( por voluntad o por preparación), pero los que si se ocupan y preocupan públicamente de las cuestiones cotidianas de la política, sí deberían involucrarse activamente en el cambio que anhelan o desean, empezando, como no, por ese partido político que suscita nuestro interés o que representa, en líneas generales, nuestras inquietudes ideológicas. De ahí vendrán cambios; solo de la delegación del voto, únicamente vendrán, siendo positivos, frustraciones y desilusiones periódicas. Yo, personalmente, he decidido asumir el compromiso que considero que tengo como ciudadano con el partido que creo que representa mis ideas, al margen de los que están o puedan estar; al margen de lo que se haya hecho o dejado de hacer creo que, abandonar el papel de mero opinador público es un compromiso que personalmente tengo que asumir sin más objetivos que incidir o aportar individualmente en la construcción, como mínimo, de esa cotidianidad más justa, democrática y aceptable para mi futuro y el de los míos.

LOS SÍMBOLOS COMO ÚNICO ARGUMENTO.

A las gentes que nos autodefinimos como de izquierdas, nos puede más un símbolo que nada. Alimentamos nuestro espíritu con símbolos de todos tipo: viejos símbolos que despiertan nuestro recuerdos, añoranza y romanticismo. Pero la pregunta, más allá de la emotividad que despierta una bandera ( por poner un ejemplo), ¿Cuál es la propuesta que tenemos para sumar a la causa que decimos defender?. En el  “caso catalán” los símbolos se han nutrido de un anti españolismo construido en un alto porcentaje por el propio españolismo, pero ¿ en el caso de la república, cual es la propuesta que tenemos para la sociedad?.
No hace mucho, los amigos de La Illeta tuvieron a bien publicarme una reflexión escrita sobre la virtud cívica que, en resumen, no era otra cosa que un alegato a favor de la construcción de una sociedad más democrática, más allá del sistema electoral. Pues bien, los gestos que hemos podido ver en representantes políticos enarbolando y, porque no decirlo, apropiándose una bandera que no es solo de una causa, debería provocar un debate sobre la efectividad o no de la exposición beligerante de símbolos que han estado sometidos a la construcción de todos un imaginario negativo desde la imposición política, cultural y violenta por un régimen y su post régimen.
La bandera tricolor no es patrimonio de ningún partido o movimiento político: la bandera tricolor es un símbolo que debe llenarse de contenido más allá de las emociones que suscite. Es necesaria una estrategia pedagógica que sea capaz de combatir la imposición hegemónica que desarrollan los medios e instituciones al servicio del sistema. Construir un sentimiento se debería hacer, en primer lugar, combatiendo la ignorancia, y en segundo ( y no menos importante) exponiendo que la tricolor no solo supone la desaparición de la monarquía y su sustitución por una república, sino la extensión de un nuevo espíritu ciudadano.
En mi opinión, como republicano convencido y militante, los partidos y organizaciones que escenifican su legítima oposición a un régimen impuesto, deberían desarrollar en la sociedad un trabajo pedagógico paralelo que sume a la causa ciudadanos y ciudadanas responsables y comprometidos con el cambio que  se propone . Aconsejar la lectura, a modo de iniciación o introducción, si cabe, de la obra Dialogo en torno a la República de  Norberto Bobbio y Maurizio Viroli (Tusquets 2002) y al profesor Salvador Giner en su interesante artículo sobre Las Tres Democracias y otros relacionados con la construcción de la ciudadanía republicana como hecho diferenciador y característica fundamental del cambio de régimen que proponemos y queremos, más allá de los (importantes) símbolos que enarbolamos henchidos de lógica y legítima emoción.