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EL HERMANO PEQUEÑO DE RECUPERANDO IDEAS.

miércoles, 18 de marzo de 2015

CANDIDATURAS

Estamos en el período de elaboración- por parte de los partidos y organizaciones que concurren a las elecciones municipales del mes de mayo o pretenden hacerlo- de elaboración de candidaturas electorales. Diferentes son los métodos para la elaboración de las candidaturas; todos ellos democráticos y legítimos, pese a esa presunta “deslegitimación” que explotan simbólicamente los partidos y organizaciones que han optado por el enésimo paradigma de la regeneración democrática: las primarias.
En el partido de la derecha, la gran ausente es la democracia, o mejor dicho: la gran ausente es la militancia, pues las candidaturas las elijen las cúpulas del partido sin que hay posibilidad de discusión ni contestación ( a riesgo de exclusión). En los partidos del espectro electoral de la izquierda, los métodos son diferentes.
Por un lado, encontramos la “intencional”: la intención es convocar primarias, pero el predominio carismático es tal, que no existe contestación ni existiría, incluso, si se diera el caso de unas primarias. Igualmente encontramos las primarias internas. Que consisten en elegir, en principio al cabeza de lista de entre diversos candidatos o candidatas. Otro método; el de las primarias abiertas, o lo que es lo mismo: votan al candidato (incluso a la candidatura) tanto militantes como simpatizantes, previa inscripción ( en algunos casos inscripción y pago simbólico).
Cualquiera de los métodos expuestos son legítimos, pues dicha legitimidad está sustentada en la aceptación explícita por parte de militantes, o militantes más simpatizantes. Incluso el método empleado por la derecha es legítimo, pues también está sustentado en una aceptación más o menos tácita, pese a que algunas reflexiones públicas de algún dirigente apunten a la necesidad de acabar con el “dedazo”.
El artículo 6 de la Constitución del 78 atribuye a los partidos que concurren a las elecciones la conformación de de la voluntad popular, “siendo instrumento fundamental para la participación”. Igualmente, podemos leer: “Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. Pero, en el marco de la manifiesta desafección de la ciudadanía respecto a los partidos, parece que es evidente que, aquel partido o coalición que no “se adapte”, de alguna manera, a las exigencias de regeneración democrática, será señalado como “viejuno”.
Mi opinión respecto a los métodos legítimos de cada partido y organización en la elaboración de sus candidaturas es de respeto por la premisa que antes señalaba: la aceptación de la militacia. No obstante, considero que, reflexionar sólo sobre el método de elaboración de las candidaturas pecaría de una tremenda pobreza reflexiva, al omitir u obviar el verdadero ( en mi opinión) elemento de regeneración: el objetivo de incrementar el cuerpo de la sociedad civil dispuesta a participar en la toma cotidiana de decisiones, el compromiso de aceptar una cesión de poder en los órganos de participación democrática que deben articularse en torno a los órganos oficiales, el compromiso de rendición de cuentas, y por ende, de transparencia absoluta para así facilitar el control ( y, por consiguiente, la participación) ciudadano, así como un elemento simbólico pero de increíble valor ético: la revocación de cargos.
Considero, como ya he dicho en otras ocasiones, que lo verdaderamente importante y donde se demuestra el nivel de exigencia que cada partido se autoimpone en materia de regeneración se concreta en la elaboración del programa: el nivel de participación que está dispuesto a asumir, el carácter vinculante o no del debate social en torno a las propuestas, la viabilidad de las mismas, etc.  Es un campo donde la izquierda (no necesariamente etiquetada como tal) tiene mucho que avanzar si la pretensión va más allá de la coyunturalidad de unas elecciones, que siendo importantes, no limitan, más que en el tiempo, lo que debiera ser el verdadero objetivo: transformar la sociedad. No solo en los aspectos más directos que afectan a la vida cotidiana de la ciudadanía, sino en la progresiva creación de un espíritu democrático basado en el compromiso cívico con lo colectivo.
Evidentemente, soy consciente que lo que está de “moda” es el discurso utilitarista sobre la necesidad de “resolver los problemas de la gente”. Y, aun estando de acuerdo en que ésta es una de las responsabilidades del representante, defiendo una proyección temporal de los proyectos más allá de los períodos legislativos: la construcción de un proyecto sustentado no solo en los votos, sino en la construcción de un consenso social potente sobre la participación vinculante y la consiguiente cesión de estatus que incidiría, sin lugar a dudas, a acercar la política a una ciudadanía descreída, desilusionada y extremadamente cabreada con las posiciones elitistas que representan los discursos institucionales hasta ahora representados.
Creo apasionadamente en la política como instrumento desde donde concretar las ideas, pero creo igualmente que ningún planteamiento, propuesta e idea es infalible, y ahí estriba el problema: ¿está dispuesto el político local, instalado en un cierto tipo de elitismo, ceder parte de el estatus que hasta ahora la sociedad concedía a los representantes sobre los representados?.


sábado, 7 de marzo de 2015

PRIMARIAS Y PRIMARIOS


La democracia en la que vivimos (o que sufrimos) fue perfectamente definida y concretada por Schumpeter: un régimen donde dominan (legítimamente, para el) las élites sobre los “comunes”, en un sistema de democracia de mercado donde la oferta electoral es adquirida por los votantes ( también definidos, eufemísticamente, como consumidores, clientes o contribuyentes con la pretensión clara de excluir el significado de ciudadano/a) en el mercado electoral. Pero el “perfecto” sistema, parece que cada día se cuestiona más, y ante esto, los partidos políticos políticos (los nuevos y los tradicionales) han “apostado” por el instrumento de las primarias ( abiertas y cerradas) como elemento de “regeneración”. Estoy de acuerdo en que los partidos tradicionales necesitan con urgencia democratizar profundamente sus estructuras, pero difiero en que las primarias sean la única solución. Me explico.
Las primarias cerradas a la militancia ( con las que estoy de acuerdo por un concepto que más tarde desarrollaré) garantizan una cierta regeneración democrática; una relativa regeneración porque las élites, gracias al actual poder que ejercen desde los aparatos  en una militancia en extremo obediente. Pero esta sola medida no garantiza la democracia interna: la revocación de los cargos orgánicos e institucionales, la rendición de cuentas, las listas abiertas, etc. Y estas herramientas están por llegar.
Las primarias abiertas, “vendidas” como el nuevo paradigma de la regeneración democrática, implica una variable que no es tenida en cuenta o simplemente no interesa tenerla en cuenta: los instintos primarios de los y las candidatos y candidatas por ocupar, legítimamente, un cargo o un puesto. ¿Porqué?. Sencillamente porque la movilización, apelando a lo emocional, proporciona un marco legal en los procesos, pero lejos de la legitimidad al “viciarse” los procesos.
Como decía, considero que las primarias y otras medidas que incidan en un mayor control democrático en los partidos son necesarias, pero defiendo personalmente que la militancia, la comprometida con los valores de esa organización, sea la que decida a los candidatos. No obstante, considero que, por el contrario, los programas sí deben ser debatidos con la ciudadanía en general con el objetivo, no de transmitir una imagen, sino de asumir que la opinión pública discursiva se convierta en agregada previamente a su concreción en las urnas.

Y finalizo. Cuidado con la lectura interesada de las encuestas, pues crean tendencia si son leídas imponiendo el voto útil ante la exclusión de otras opciones. El instrumento demoscópico se ha convertido en un elemento fundamental en manos de las empresas mediáticas interesadas en seguir reproduciendo un sistema basado en la alternancia, transmitiendo la imagen de la pluralidad como “atomización ingobernable”: la pluralidad obliga al dialogo y al acuerdo.

viernes, 27 de febrero de 2015

AFÁN INVERSOR

El gobierno municipal se afana por acabar el sin fin de obras mediante las cuales pretende, no suplir determinadas necesidades sociales, no  compensar desigualdades, sino vender ( referido al proceso electoral que se abre y que en algunos aspectos es un mero "mercado" electoral para algunos) logros y méritos. Insisto en que muchas de las obras y actuaciones que se están desarrollando son de interés, pero se enfrentan a un cuestionamiento claro: ¿son necesarias?. Es el mismo caso que el de la sempiterna piscina municipal que, siendo una obra interesante, son cuestionables los más de seis millones de euros que van a emplearse, o las inversiones del PLAN E... que, siendo interesantes, no cubrían determinadas necesidades sociales. Evidentemente la discusión sobre interesante y necesario nos adentraría en el terreno de las preferencias y valoraciones que cada cual tiene en materia de política municipal e incluso de servicios a la comunidad; preferencias y valoraciones en muchas ocasiones construidas sobre una determinada situación individual que, obviando (consciente o inconscientemente) la situación de "los otros", se limita a alinearse emocionalmente con una opción política por representar esa un modelo, o simplemente estar integrada por personas con las que se mantiene una relación personal que condiciona la racionalidad a la hora de valorar y juzgar.

Como decía, el afán por finalizar las obras se debe a que éstas deben configurar el argumento con el cual han de presentarse ante la ciudadanía para solicitarles el apoyo para "continuar". Y esta solicitud parte, como decía, de argumentos emocionales que tienen como presunta justificación "lo hecho", cuando en realidad, "lo hecho" incide poco o nada en la vida cotidiana colectiva y, de forma nula en un amplio sector de la sociedad que, pese a su silencio ( silencio gracias a determinadas redes de solidaridad vecinal o familiar) viven momentos dramáticos: lo "hecho" no incidirá en la prospección de un nuevo modelo económico, de un nuevo modelo de oportunidades para todos y todas.

Creo que, la valoración de lo "hecho", no debería ser argumento suficiente para concederles la representación, ni mucho menos ese mérito que, con seguridad se argumentará ( el superavit) pues, después de todo, solo ha servido para amortizar la deuda municipal pero no para incidir en la calidad de vida de los y las ciudadanos y ciudadanas.

Es más: en mi opinión, hacer oídos a un partido político que ha "contemporizado" con la crisis sin incidir practicamente en ninguno de los efectos negativos que subsisten, supone un cierto acto de irresponsabilidad, únicamente justificable por ese individualismo excluyente en el que vivimos. De ahí que los millones de euros que se han "invertido", deberían ser analizados criticamente por los votantes, penalizando el haberse puesto de lado ante el sufrimiento de la ciudadanía y la incertidumbre en el futuro sobre la que se ha movido a lo largo de cuatro años un gobierno que, como rasgo definitorio, podríamos señalar la escasa o nula voluntad de consensuar (ni siquiera dialogar sin ánimo de imponer), practicando la exclusión tras la busqueda de una mayoría suficiente, no para hacer política, sino para imponer un poder que, siendo legal, pierde la legitimidad por la omisión constante a reconocer la realidad.

jueves, 26 de febrero de 2015

EFECTO LUPA

No quiero referirme a los efectos demoscópicos que la emergencia de un movimiento político ha provocado en el paisaje electoral. Mi intención es centrarme únicamente en un efecto que, en mi opinión, debiera extenderse al ser éste un instrumento que incidirá, si se pone en práctica en un cierto tipo de regeneración socio político: el efecto lupa.

Podemos se presentó a las elecciones europeas sin apenas trayectoria partidaria, pero con un discurso coincidente con las demandas ciudadanas planteadas desde plazas y calles de todo el país. La táctica legítima de un grupo de intelectuales propició la movilización de más de un millón de votos y, con el paso del tiempo, la agregación progresiva de miles de ciudadanos “desafectados” por la política calificada como “vieja”. Denominaciones del tipo de “casta” fueron asumidas por la sociedad como un calificativo peyorativo hacia los que habían vivido de la política y no para la política ( término que, pese a su repercusión y haberse convertido en una especie de mantra  que se repite como argumento simbólico de pertenencia, no representa al movimiento oligárquico y endogámico practicado por los partidos, llamémosles, tradicionales).

Volviendo al efecto lupa, me quiero referir a la minuciosidad con la que se estudian las propuestas ( genéricas o concretas), manifestaciones presentes y pasadas, etc. Este efecto, trasladado a la competencia política que se avecina, debería convertirse en una practica cotidiana: la ciudadanía debería mirar con una especie de escrupulosa lupa lo que dicen, hacen, proponen, escriben los que se postulan para convertirse en representantes ciudadanos. Este ejercicio puede ser útil para superar una dominación implícita en el sistema: el consumo de mensajes simbólicos, en su mayoría vacios o claramente demagógicos , enmarcables en el ámbito de ese tan denostado populismo que ahora se denuncia como principal enemigo para la estabilidad del sistema.

El ejercicio ciudadano pasa igualmente por un cierto abandono de la emotividad que provoca el conocimiento de las personas o de las siglas, pues éstas, por si solas, sin un componente político, ideológico y programático, no influirán en la cotidianidad, conviertiéndose, pese a la posible buena voluntad, en meros gestores. No obstante, es imposible disociar el factor humano, por lo que la afinidad, aunque sea mínimamente crítica, puede sernos igualmente útil.

No obstante, la realidad de una población que ha crecido tanto en tamaño como en un cierto anonimato de los conciudadanos, jugará el papel de abstracción que se precisa para analizar lo que se dice, se hace o se propone como presunta alternativa.

En resumen y para concluir, creo humildemente que una parte de la regeneración pasa por, oídos los discursos y leídos los programas, analizar si lo que se escribe o se lee va más allá de las buenas intenciones y tiene una concreción política, económica y competencial.


Desde mi punto de vista, si algo hay que valorar, juntamente con la factibilidad de las propuestas son las intenciones respecto al desarrollo de la democracia: pasar de la mera representatividad a una más participativa y corresponsable es fundamental para el futuro, pues solo desde una democracia local participada cotidianamente puede construirse un verdadero sentimiento de pertenencia , crítica, cívica y, en definitiva, germen de ciudadanía real, más allá del papel de cliente o consumidor que ahora se concede a los vecinos.

ELECCIONES SINDICALES Y RESULTADOS.


Ya se celebraron las elecciones sindicales, y las organizaciones que han concurrido habrán realizado los análisis correspondientes a los resultados, a pesar de la dificultad que entraña un análisis de éste tipo.
Cuantitativamente, el sindicato que haya obtenido un mayor número de apoyos, podrá concluir que ha vencido. Habrá celebrado el apoyo recibido de los y las trabajadores y trabajadoras municipales, pero ¿ un apoyo, para qué?. En principio la respuesta a esta pregunta que pudiera parecer retórica, supone un esfuerzo.
Para intentar analizar los resultados tendríamos que partir de una variable principal: los intereses sectoriales y el estatus. En mi opinión la competitividad en la que está inmersa la plantilla municipal se ha concretado en las mismas propuestas con las que han concurrido las organizaciones sindicales: intereses sectoriales que parten de una situación de cuestionamiento de estatus. Me explico.
Trabajadores y trabajadoras municipales, que accedieron a su plaza de la misma manera ( en grupos diferentes algunos), encuentran un agravio comparativo en otros trabajadores y trabajadoras, no por las funciones o responsabilidad, sino por una “injusta” aproximación salarial, algo que “mina” el “reconocimiento”, fundamentalmente, salarial.
Buscando una explicación, podríamos concluir que, rota la norma salarial (que atribuye a cada grupo unas retribuciones) a causa de la política de prebendas practicada desde hace años por los sucesivos gobiernos municipales, ha propiciado un posicionamiento individual frente a otros trabajadores, que ha dado como fruto una disgregación absoluta de intereses, poniéndose de manifiesto su enfrentamiento. Esta cuestión que pudiera parecer solo un asunto retributivo sin más, conlleva una merma en la capacidad de influencia de los sindicatos, que no es otra que la movilización.
La negociación no es entendida por la administración como un ejercicio de acuerdo sino como un acto de imposición. Y estas imposiciones no encuentran más que una oposición, si acaso, simbólica, pues la efectiva ( la de la movilización) es inexistente, y a la vista de la disgregación de intereses, imposible. Esto “facilita” a los y las representantes políticos la imposición de medidas y políticas laborales, ya que no encuentran una oposición en los trabajadores y trabajadoras.
Todo ello me lleva a afirmar que el papel de las organizaciones sindicales, más allá de lo que la legislación les confiere respecto a la representatividad , es meramente testimonial, al  haber sustituido la militancia por un tipo específico de asociacionismo sindical o, como mucho, una agregación coyuntural manifestada en el voto a una u otra organización en función de las “promesas” de solución de los asuntos propios de cada grupo de interés.
Plantear como posibles cuestiones que, ni están en la agenda, ni dependen de competencias ( o están limitadas) propias es algo que está a la orden del día, pero en una gran parte de la sociedad, ya se han levantado voces denunciando el incumplimiento y la demagogia, algo que en la administración local parece no darse, o quizá lo que no se valore sea la representación sindical más que como un instrumento particular para reivindicar asuntos sustentados por ese carácter líquido de la sociedad local misma.

No obstante, y siendo positivos, sí hay una cuestión en la que las actuales asociaciones de trabajadores y trabajadoras tienen una misión: la acción judicial. Esta, a la vista de los resultados en los últimos cuatro años, parece ser la única vía que los trabajadores, individual o de forma agrupada, tienen para defender sus derechos. Y en esto, no todos hemos estado a la altura de lo que se demandaba ( lo que ha propiciado la huida hacia opciones más “efectivas”, aunque sustentadas en algún caso por una ausencia absoluta de los niveles mínimos de ética o moral que podría exigirse a una organización sindical y sus representantes).

lunes, 23 de febrero de 2015

Think tank


Este “palabro” concreta la finalidad de determinados colectivos, fundamentalmente creados por partidos y sindicatos como foro de ideas y debate.  Normalmente, dichos colectivos responden a intereses de las organizaciones que los promueven; justificar posiciones, argumentar o dar carta de naturaleza a decisiones, etc. Pero, ¿porqué no un foro de debate sin adscripción partidista pero con el objetivo de influir, en la medida de lo posible y siempre fruto del debate y el intercambio de opiniones, en las políticas o propuestas que se eleven a debate institucional?. Ese, no se si ambicioso o ilusorio es el propósito.

Creo que es interesante que surja un movimiento independiente que, desde la trasversalidad de intereses, de una proyección más o menos agregada a determinadas opiniones ciudadanas que de otro modo quedarían en meras expresiones aisladas o sectoriales.

En los momentos de confusión y redefinición en los que vivimos, es necesario contar con una perspectiva más allá del interés legítimo, pero coyuntural que las organizaciones políticas tiene. Principalmente, la izquierda, que por plural aparece no solo atomizada sino enfrentada en un debate sobre la hegemonía ideológica e institucional. La propuesta que lanzo a los pocos o muchos que quieran sumarse a este debate es clara: discutir, debatir y proponer sobre argumentos, pero también sobre valores éticos, políticos y morales de izquierdas, desde la policromía que el término en su dimensión organizativa e ideológica tiene.

Podría pensarse que la iniciativa nace con algún objetivo no declarado, pero con total honestidad, solo existe la inquietud por poder hablar con libertad, desde el respeto a la discrepancia argumentada de lo que ocurre y de qué y cómo nos gustaría que ocurriera.


Animo a todos y todas los que quieran sumarse a este humilde pero ambicioso proyecto que, sin pretender suplantar a nada ni a nadie, puede venir a suplir una carencia que los partidos, por los condicionamientos coyunturales que antes mencionaba, tienen.

Para concretar sobre el cómo participar, cuando y dónde, podéis enviar un correo a: angelsanbis@gmail.com

Elecciones sindicales


Se me ocurren diferentes cuestiones a plantear sobre las elecciones sindicales que hoy se han desarrollado en el Ayuntamiento de El Campello, pero, en beneficio de una cierta objetividad, voy a plantear solo la proyección que las mismas tienen, en mi opinión, sobre la realidad laboral en nuestra administración.
En primer lugar, indicar que el desarrollo de las organizaciones sindicales en nuestro Ayuntamiento ha sido paralelo al de los sindicatos en cualquier ámbito: la desanaturalización. O mejor dicho: la conversión al sistema que los mantiene. Esto significa que, por un lado la dependencia organizativa de la administración ( subvenciones, crédito horario, etc), y por otro la desvertebración propia que ha propiciado la sustitución de la militancia por un cierto tejido asociativo basado en servicios y ofertas “individualizadas,  convierte a las organizaciones en meras correas de transmisión, no de objetivos colectivos, sino un intento de congeniar intereses diversos y en la mayoría de los casos, incluso enfrentados.
En segundo lugar, los argumentos utilizados por las diferentes organizaciones en liza podrían encuadrarse cualitativamente en un marco de demagógia (apelar a intereses particulares ofreciendo soluciones concretas pero inviables dado el marco competencial y, sobre todo, la ausencia de una conciencia colectiva que confiera a las organizaciones una estrategia general y unificadora ( hecho que beneficia directamente a la administración al verse anulada la principal herramienta de acción colectiva: la movilización).
En tercer lugar, explicar que los delegados electos  tienen un margen de maniobra limitado y coartado por la actual situación: imposibilidad de creación de plazas, limitación legal en cuanto a incrementos salariales o elaboración de relaciones de puestos para así consolidar otras remuneraciones extraordinarias. La Junta de Personal tiene, fundamentalmente un cometido: unificar y coordinar acciones colectivas, y vista la desestructuración de la plantilla y la polarización de las propuestas ( representativas de grupos de interés, por otro lado, legítimos). Pero este cometido puede verse anulado, si no se consigue superar la especie de competencia dada entre los sindicatos con representación y, sobre todo, si la concreción de sus ofertas se ven frustradas, ya por criterios de la nueva corporación ( recordar que en mayo hay elecciones), ya por impedimentos legales.

Y, finalmente, dirigiéndome al colectivo de trabajadores y trabajadoras municipales, decir que, a pesar de formar parte de la misma plantilla, es evidente que el sentimiento es que todos y todas competimos por reivindicaciones que, lejos de mejorar el servicio e incluso los derechos labores, luchamos por el estatus respecto a otros, cuestión que divide intereses y, sustancialmente cualquier posibilidad de acción colectiva. Los sindicatos son lo que los trabajadores y trabajadoras que los componen son.

miércoles, 18 de febrero de 2015

ELECCIONES SINDICALES, UNA OPINIÓN. I

El motivo de dirigirme a los y las compañeros y compañeras es, como no podía ser de otra manera y en el marco de las elecciones sindicales; hablar del sindicalismo, no desde la perspectiva electoral, sino desde, lo que para mí, significa la acción sindical en el marco del Ayuntamiento de El Campello.

Clásicamente, tres organizaciones sindicales han monopolizado ( con incursiones más o menos temporales de otras organizaciones) la representación de los y las trabajadores y trabajadoras en nuestra administración: UGT, el SPPL y CCOO.  Tradicionalmente cada organización “representaba” a un sector concreto: administración, servicios y policía. Pero, ¿a quien representan actualmente las diferentes organizaciones?. Se ha pasado de la representación de un sector determinado a una especie de transversalidad: integrar a miembros de diferentes servicios para…¿con qué objetivo?, ¿representar las diferentes “sensibilidades” existentes en la plantilla municipal, o conseguir el suficiente apoyo en las urnas para lograr una especie de hegemonía?. En mi opinión, ambas cuestiones, aunque prima la consecución de apoyo electoral, atendiendo a reclamaciones o “reivindicaciones” transversales posteriormente. Esto es un escenario en el que se mueven los diferentes actores. Ahora bien, ¿qué significan las elecciones sindicales y, qué significa la representación de los y las trabajadores y trabajadoras?.

Evidentemente, es legítimo pretender representar diferentes sensibilidades, objetivos o sectores de reivindicación. La cuestión de fondo es, el para qué. Cuando se cae en la dinámica electoral ( en el sentido clásico y político) se puede caer igualmente en la retórica vacía que han desarrollado los partidos: promesas o compromisos difícilmente realizables. Y, en el caso de la representación sindical se convierte ( lo de la promesa ) en un objetivo “entelequia”. ¿Porqué?. Por dos cuestiones: la primera, porque el sindicato ( sea el que sea) ya no es una organización representativa; es un mero instrumento “peticionario”. Y lo es, porque ya no existen objetivos colectivos. Esta última cuestión es fruto de una dinámica similar a la que padece ( en mi opinión) la sociedad: individualismo. Cada uno o una, se une, en función de una especie de solidaridad mecánica a otros que compartan, no objetivos éticos, morales o vivenciales: se unen en función de una reivindicación competitiva respecto a otros sectores. Y para visualizarlo con más claridad, podré un ejemplo.

Se ha dado el caso de que, tras años de espera, se ha finalizado el proceso de promoción interna del grupo E (actualmente AAPP) a D (actualmente C2).Este proceso, se culmina tras haber aprobado el Pleno Municipal un acuerdo al hilo de la dinámica desarrollada por la Generalitat valenciana y diferentes Ayuntamientos para suprimir el grupo E ( algo que ya recoge el Estatuto Básico de la Función pública). Un proceso que culmina tras haber sido recurrido por la Subdelegación del Gobierno y ganado en el Tribunal Superior de Justicia por los y las trabajadores y trabajadoras (realmente no fue ganado, sino que el TSJ desestimó el recurso). Esta promoción interna ha provocado una serie de reacciones por el “descontento” que provoca la “aproximación” salarial en el grupo C2 (oficiales y auxiliares administrativos). Y este descontento ha promovido una petición que ha sido recogida por las mismas organizaciones que en su día defendieron (y en el marco de la competición electoral sindica, se arrogan como “logro” propio) la promoción de grupo E. Este hecho demuestra que la preocupación no son las condiciones de trabajo, ni la valoración de funciones, sino un espacio de estatus que parece haberse erosionado a causa de la promoción.

Esta nueva “reivindicación” demuestra el clima competitivo. Clima que los trabajadores y trabajadoras afrontan como la necesidad de mantener el estatus respecto a otros y que las organizaciones sindicales recogen en su “argumentario” electoral. Y esto, además de un hecho, ¿qué demuestra?. En mi opinión, un logro (en el debe, en cuanto a la responsabilidad) de la estructura política: la división del personal impide que éste se una en reivindicaciones de mayor calado y de proyección colectiva. El abono de productividades y horas extras (simplemente apuntar que, mientras las productividades se reparte de forma generalizada, pues las cobran desde servicios, auxiliares, técnicos, etc. Las horas extras se acumulan en un reducido grupo de trabajadores) ha incidido (más si cabe) en una absoluta atomización del personal en función de intereses particulares ( legítimos, evidentemente), lo que impide, como decía, cualquier movilización o acción colectiva. Podríamos decir que este “logro” de la administración es, en una proyección hacia la sociedad, algo así como la “guerra de los pobres” donde los trabajadores y trabajadoras compiten, en el caso de la actividad privada, por mantener el empleo ( en el caso de la administración local en la que trabajamos, por mantener, por un lado el estatus y por otro una serie de privilegios salariales).

Y esto, me lleva a la reflexión sobre lo prescindible que, en la actualidad, son las candidaturas sindicales. ¿Porqué?. Porque, aparte de conferir un tipo de estatus especial a los representantes (crédito sindical, supuesto prestigio…) el actual papel ( debido a la inexistencia de objetivos colectivos, y por ende, la incapacidad para movilizaciones colectivas) es de mero “pedidor”: se piden cosas ( no se negocia) particulares o sectoriales esperando que la parte política acepte. Pero este extremo sólo se produce si la parte política desea “conceder” a un determinado sector ( por un interés igualmente determinado) un privilegio ( entendido como petición e incluso, por parte de los peticionarios, como reivindicación). La concesión es interpretada por la organización peticionaria como un logro propio, cuando realmente no lo es. ¿Os habéis parado a pensar en que el papel de los sindicatos con representación, por ejemplo en la Mesa de Negociación es absolutamente simbólico?.

La última pregunta   no es retórica. El papel simbólico (que posteriormente y en el marco, como el actual, de unas elecciones sindicales, se utiliza para “vender” la capacidad de “negociación” como un logro a considerar en la decisión del voto) se debe, insisto, a la ausencia de objetivos colectivos que cohesionen la acción de los y las trabajadores y trabajadoras.


Una de las sempiternas quejas es el “¿qué hacen los sindicatos? Pero la respuesta es simple y llanamente: exactamente lo mismo que los trabajadores y trabajadoras, velar por sus propios intereses.

domingo, 25 de enero de 2015

IZQUIERDA RADICAL


Ese término se emplea como “argumento”, junto con otros eufemismos del tipo de: populistas, demagogos, etc. Y, ¿quién usa esos adjetivos y porqué?. Lo usan, en el caso de nuestro país ( y en el de Grecia), los partidos consolidados sobre un sistema electoral favorable a la formación de oligarquías. En el caso de España, la derecha, heredera del partido creado por Fraga (ministro franquista), se une en el discurso al PSOE, partido socialdemócrata que, sobre la base de unas élites partidarias, se alterna en el poder con la derecha, haciendo renuncia expresa a los mínimos políticos que definieron su propia existencia hasta culminada la transición tardofranquista.

Esa Izquierda Radical, plantea, no la construcción de barricadas, no la expropiación de propiedades y viviendas, no la colectivización de las explotaciones agrícolas. Plantea, nada más ni nada menos, un programa que hace frente al discurso hegemónico. Un discurso hegemónico sustentado por un poder ejecutivo cuyo objetivo expresado a través de las leyes es la dominación: dominación económica ( sumisión), dominación social ( Ley mordaza), dominación cultural ( LOCE, recorte de becas, etc). Esa izquierda a la que se califica con el adjetivo de “radical” es la heredera de la socialdemocracia  gradualista. No plantean abandonar ni el euro ni Europa; lo que plantea es la reforma, desde la Europa de los financieros a la Europa de los y las ciudadanas. Lo que plantea es, convertir la moneda única en un nexo de unión y no en un arma económica. Lo que plantean, en definitiva, es reformar el sistema ( no derrocarlo) para devolvérselo a la ciudadanía, protagonista, ahora sí, de su propio futuro.

Los errores de los que se apropiaron del término “izquierda”, han provocado convulsiones en la sociedad. Convulsiones que, a través de la democracia liberal representativa propiciará una profunda reforma democrática del sistema. Ese mismo sistema al que se aferran las élites políticas nacidas al albur del franquismo y cuyos objetivos dejaron de ser compartidos por la sociedad “gracias” a los privilegios que se concedieron a sí mismos, dándole la espalda a la sociedad que, hoy, desde el sufrimiento, está decidida a tomar el poder.


El papel de las élites de la izquierda institucional (PSOE e IU) cambiará. Y lo hará no por convicciones, sino obligados por la derrota que la ciudadanía les infligirán en las urnas que hasta el día manejaban con destreza. Y esta derrota podrá significar, o una catarsis o la practica desaparición de partidos y organizaciones que, fruto de sus propios errores y contradicciones, han llegado a ser instituciones ajenas a las clases y sectores sociales a los que decían representar. Si la opción es la catarsis, posiblemente vuelvan a ser útiles a las clases que los vieron nacer. Si no es así, miles de militantes que dieron su vida y su libertad por unos valores, habrán sido las victimas en diferido del entreguismo elitista. Personalmente, creo en que la única opción es la reforma, al hilo de lo que la sociedad exige, no para sobrevivir y, posiblemente reproducir los errores, sino para ser instrumento de la democracia y la justicia social.

sábado, 27 de diciembre de 2014

LA FISCALIDAD MUNICIPAL, ¿DERECHA O IZQUIERDA?

Uno de los debates sempiternos es, ¿es de izquierdas subir impuestos, es de derechas...?. En el marco de la política municipal, esta cuestión no es baladí, pues, si en algo influye la política es en la vida cotidiana de la ciudadanía a través de los impuestos y tasas. Personalmente, se me ocurre otra pregunta que, en todo caso, sería transversal a la que en principio se plantea: ¿para qué sirven los impuestos?. en mi opinión, en la respuesta a esta pregunta subyace el fondo objetivo de la acción política y debería recibir una contestación como tal.

Uno de los conflictos abiertos a lo largo de la legislatura que finalizará en el mes de mayo del año que entra ha sido la presión fiscal: el IBI. Partimos de una revisión catastral en el marco de la expansión de la especulación inmobiliaria, por lo que los índices que dicha revisión arrojó en su día no parecen muy ajustados a la realidad actual. No obstante, dicha revisión, junto a un absoluto inmobilismo municipal en lo referente a la inversión, junto al "esfuerzo" impuesto a los y las trabajadores y trabajadoras municipales ( rebaja salarial de Zapatero, supresión de la paga de diciembre de Rajoy) arrojó un superávit importante a lo largo de un trienio. Pero, sorprendentemente, el mencionado inmovilismo y el superávit no ha sido un argumento del debate político. Por contra, parece haber existido un acuerdo tácito para bajar impuestos, acuerdo que se ha concretado en un descenso generalizado de la práctica totalidad. Un acuerdo en el que han participado casi todos los grupos políticos, a excepción de Esquerra Unida ( hay que recordar que, éste partido cuestiona la bajada impositiva por "corta", habiendo propuesto incluso la supresión temporal de alguno de ellos), sin que en el debate se introdujese una variable fundamental: para qué y para quién.

Sostener un sistema de garantías sociales locales requiere un esfuerzo. No solo en materia fiscal, sino respecto al necesario consenso en torno a las políticas y programas a desarrollar con el objetivo de consolidar las mismas en una agenda estable que garantice derechos sin que éstos dependan de coyunturas.

La izquierda institucional ha mantenido una línea más o menos homogénea en cuanto a la "necesidad" de bajar impuestos. Salvo excepciones puntuales (alguna apelación a la inversión en empleo por parte del grupo nacionalista progresista), el resto de planteamientos ha convergido en un axioma que, desde mi punto de vista, encierra un preocupante inmovilismo político: bajar impuestos para apoyar a los "más necesitados" ( desde una perspectiva unidireccional: la asistencial).

No se han planteado líneas de actuación ni propuestas encaminadas a la reinversión del superávit en programas de bienestar social destinados a esos "más necesitados", pero más allá de la asistencialidad coyuntural, pues, la crisis, siendo terrible en sus consecuencias, no se supera con apoyos puntuales sino con la garantía de derechos presentes y futuros.

La derecha gobernante, sustenta su propuesta de bajada de impuestos en un argumento falaz, no solo por los inciertos resultados que plantea, sino porque parte de una premisa falaz: el incentivo de la actividad económica. Esta variable no depende únicamente de la presión fiscal, sino de de los recursos con los que las familias puedan contar a lo largo del año, además del incentivo posible a consumir en la localidad y no fuera de ella. De ahí que el resultado de dicha bajada sea en gran medida propagandístico, hecho en el que han participado de forma más o menos directa los grupos de la oposición, diluyendo la posibilidad de construir una propuesta alternativa con contenido político más allá de la competición electoral.

Personalmente plantearía un debate de mayor profundidad: ¿En qué deben emplearse los sucesivos superavits municipales, que políticas deben conformar la agenda municipal en función de los recursos?.

En otro post centraré mi opinión sobre qué políticas o que acciones podrían suponer una inversión en igualdad, objetivo que la izquierda institucional no debería obviar en beneficio de un titular más o menos agradable.

Y no quiero terminar sin reflexionar sobre el papel que está jugando la izquierda más "radical" representada en la institución municipal.

Exigir una mayor bajada e incluso la supresión temporal de impuestos y tasas únicamente produce un beneficio asistencial y coyuntural. Este planteamiento, sin el necesario acompañamiento de propuestas que garanticen derechos sociales a los sectores más débiles ( en ésta crisis y en las venideras), vacía de contenido la presunta acción política "radical" que se pretende y cae abiertamente en el populismo y la demagogia electoralista. No se puede predicar, y no dar trigo.

Sobre la transparencia municipal, hablare otro día centrándome en la partida destinadas a los partidos políticos, de cuya gestión nadie sabe ni parece querer saber.

Y termino: bajar impuestos o subirlos no es de derechas o de izquierdas. Lo que define a la izquierda o la derecha es en qué se invierte y dirigido a quién y para qué.

lunes, 1 de diciembre de 2014

POLÍTICA REAL Y POLÍTICA FICCIÓN: CRITICAR Y ANALIZAR

La política real; la posible, la viable, es la que cumple una serie de principios, sin los cuales, la ideología se convierte en algo absolutamente subjetivo pues se adapta a una visión unilateral e interesada de la realidad. Esto no quiere, en absoluto decir que la función política debe limitarse a “gestionar” pues, para esto, ya están los y las trabajadores públicos, los técnicos y los expertos que la administración tiene, es más; la administración, hoy por hoy, podría funcionar por sí sola sin necesidad de políticos, pero claro, siempre sobre una base legal dada, en este caso, la que sufrimos con el legislativo de derechas, pues los técnicos y trabajadores y trabajadoras públicos no tomarían decisiones sobre el porqué, para quién y cómo realizar determinadas acciones, algo que corresponde a los representantes políticos elegidos por la ciudadanía.

Lo real, lo posible, lo viable requiere, en el ámbito municipal, un ajuste a la legislación vigente que, aunque no guste ( y no gusta) es la que enmarca la acción institucional en la actualidad ( la solución es, desde el ámbito municipalista, influir en las leyes que los partidos proponen en el Parlamento, para así variar ese marco jurídico-legal). En segundo lugar, lo posible se refiere a las posibilidades que una propuesta tiene en materia del cómo se financia y cómo se mantiene. Y por último está la decisión ideológica: porqué una política u otra en función de a quien se quiere beneficiar o qué se quiere potenciar, o para qué se quiere realizar: qué fines se persigue, valorando su proyección en la vida cotidiana de la ciudadanía.

Proponer por proponer es un acto de demagogia que se debe combatir. Cuando alguien o algunos propongan o planteen cuestiones se debe realizar un análisis cuantitativo: ¿se puede ejecutar, se puede mantener?. Y cualitativo: para qué se poner en marcha y a quien se dirige en función de necesidades o simplemente oportunidades.

Pongamos un ejemplo. Si se plantea construir un polideportivo en cada distrito o zona de la localidad, la pregunta es, ¿se puede realizar con el presupuesto municipal?. En la coyuntura actual seguramente si, pero, ¿se puede mantener en condiciones óptimas para el uso y disfrute de la ciudadanía a lo largo, pongamos, de veinte años?. En cambio, si se habla de reducir impuestos, sí se puede hacer pero, ¿se valora a quien beneficia, de donde se reduce inversión si hay menos ingresos?. Pongamos otro ejemplo. Se plantea crear cien puestos directos de trabajo, ¿pueden ser puestos de funcionario?. En la actual coyuntura no, pero, ¿si fuesen bolsa rotativas de trabajadores y trabajadoras semestrales?, Y un último. Se crea una escuela infantil, ¿Se puede construir?. En la actual coyuntura, sin lugar a dudas. ¿Se puede mantener dando servicio a las familias en un plazo de veinte años?: con trabajadores públicos no pues no se pueden crear plazas, pero, ¿se podría optar por fomentar el asociacionismo laboral para la gestión de esos servicios que, de alguna manera serían equitativamente financiados por los usuarios y usuarias?.


Es simplemente una reflexión cuyo objetivo es incidir en la necesidad de analizar las propuestas, una a una, que realizarán los partidos políticos a partir de casi ya. Cada propuesta analizada críticamente: ¿es necesario, a quien beneficia, como se financia, como se construye, como se mantiene, que proyección tiene sobre la vida presente y futura de los y las vecinos y vecinas de nuestro pueblo, qué oportunidades ofrece a los jóvenes, mayores, mujeres, etc?. Son, en mi opinión, reflexiones que, más allá del acto de meter o no una papeleta en la urna, cada uno de nosotros y nosotras deberíamos hacernos?.

EMPEZAR POR EL FINAL

Si nada cambia, la legislatura terminara de la misma forma que empezó, ¿ o no?. Cuantitativamente, no, pero cualitativamente si, pues empezó gobernando el pp y terminará, gobernando el pp. Empezó con una oposición dividida y enfrentada y terminará con una oposición, dividida y enfrentada en cuanto a las posiciones a mantener frente al errático, caprichoso y personalista gobierno municipal.

Los que asumieron el gobierno en junio de 2011, lo hicieron con un discurso hipócrita sobre el dialogo y el consenso, y terminan la legislatura envalentonados y echando toneladas de asfalto sobre la inteligencia de los vecinos y vecinas que, pese a todo, siguen “atrincherados” en la “mayoría silenciosa”, algo que parece que viene bien a todo el mundo, siempre que los y las que les rodeen sean “afines” a lo que sea que deban ser afines ( personalmente, no lo se, porque los postulados ideológicos están lejos de la practica política a lo largo de la legislatura).

La oportunidad que presentaban los Presupuestos municipales para plantear una alternativa general que sirviese de cimentación a un proyecto diferente de hacer y ejercer la política municipal se perdió en disquisiciones y “argumentarios”. La posibilidad de, a través de las organizaciones representadas, aglutinar un cierto consenso en torno a la necesidad de reformar la democracia local sobre la base del compromiso, se perdió o, simplemente, no se valoró como interesante, lo cual desmerecerá (en mi opinión) las promesas que se hagan en el programa.

Los incumplimientos programáticos de “todos”, deslegitiman las que puedan hacer, pues no es excusa que se esté o no gobernando, pues la labor es; si se gobierna, hacer lo que se dijo o explicar porque no se hace. Y si no se gobierna, intentar que las propuestas con las que uno se presentó, salgan adelante a través de iniciativas institucionales, dialogo, y consenso, pero no solo entre los representantes, sino también con los representados ( un instrumento que bien hubiera podido ser utilizado para motivar a la desmotivada sociedad campellera)

Es gracioso que en los “cenáculos” periodísticos se esté cuestionando la viabilidad de las propuestas y el programa de una formación que acaba de aterrizar, siendo motivo de comentarios y corrillos de vecinos y vecinas. Es gracioso y, hasta cierto punto esperpéntico, que algunos y algunas vecinos y vecinas estén sirviendo de eco, de caja de resonancia para la campaña orquestada por los “del régimen” ( medios, partidos, etc) , pero sean incapaces de valorar la inexistencia de propuestas o programa de los partidos que gobiernan su día a día. Y, desde esa premisa “crítica-acrítica”, el análisis de la situación política local no puede ser más reduccionista, por decirlo desde la corrección, pues lo que aparenta realmente  es un conformismo repugnante o una penosa resignación fruto de ese espíritu “menfotista” (men fot: me la suda) del que se presume en demasiadas ocasiones.

La democracia radical de la que algunos presumen no se ha “transmitido” a la calle, quedando para los reducidos círculos que toman las decisiones; la reforma necesaria que en otros lugares se exige a los partidos tradicionales parece que en nuestro pueblo es, eso; simplemente conformismo y, por consiguiente, resignación a más de lo mismo. La concreción que se pide a otros, hacia los partidos locales es, paradójicamente, una simple opinión privada.


El panorama es, en mi opinión, desalentador. La coyuntura en la que nos encontramos nos plantea a algunos una difícil decisión el último domingo de mayo, pues, si algunos o algunas piensan que simplemente son “unas elecciones más”, simplemente que miren a su alrededor, que piensen en los comentarios que escuchan y que ellos mismos han realizado y, entonces, decidan si lo que el último domingo de mayo es  un trámite electoral más, o en realidad es (o debería ser) un punto de inflexión en la política municipal y, por ende, en la vida cotidiana de los y las campelleros y campelleras. 

jueves, 27 de noviembre de 2014

¿PODRÍAMOS EN EL CAMPELLO?

No quiero centrarme exclusivamente en un proyecto, pese a lo novedoso e ilusionante que éste pueda ser para cada vez más gente, sino en el de la izquierda, entendida como el espectro de organizaciones y partidos que defienden una concepción progresista y de clase ( ¿anticuado el término?, aconsejo para los que hacen apología del interclasismo, la lectura de Estructura Social y desigualdad, así como de otras obras sobre la estructura social y las clases sociales desde un punto de vista científico, que no interesado, para así poder hablar ajustándonos a la realidad y no a los deseos o la mera construcción de discursos), los intereses colectivos frente a los individuales, la democracia frente al electoralismo.

Es cierto que la legislación local es claramente restrictiva, pero es la que es. Simplemente, lo que cabe esperar es que tras las elecciones generales de noviembre de 2015, un nuevo gobierno del Estado, modifique la “perversa” Ley de Sostenibilidad de las Administraciones Locales” y elabore, con urgencia, una verdadera y consensuada ley de régimen local que sustituya a la enmendada del año 1985 que, aunque vino a dar un marco competencial a los Ayuntamientos del que hasta entonces carecían ( recordar que el intento de la II República fue frustrado por el golpe de estado fascista del 36) es, competencial, financiera y democráticamente insuficiente.

Centrándome en la cuestión que me ocupa ( y me preocupa, pues a pesar de todo y de algunos, considero que la "movida" política en la que nos encontramos, es el germen de una dinámica política y social que debería, como mínimo, remover las débiles estructuras partidarias locales, al menos a lo que la izquierda se refiere), considero que es necesario, previamente a realizar propuestas por parte de cualquier partido u organización coherente cuyo objetivo sea cambiar la realidad, más allá de la retórica, analizar la realidad política y administrativa en la que vivimos. Analizar el nivel de participación, las vías que pudieran existir y las trabas que los actuales partidos han “impuesto” a la participación ciudadana desde el “terror” que produce el cuestionamiento del estatus que en la actualidad disfrutan los representantes frente a los representados. Y estos análisis debería estar realizándose desde una comisión o grupo concreto que, una vez finalizado su trabajo, hiciese públicas las conclusiones así como una batería de propuestas para el debate: no todas las líneas deben ser motivo de asamblea, pero si todas las propuestas deben ser debatidas, cuestionadas y enriquecidas desde el debate más amplio posible.

Y una vez elaborado el documento, ir integrando gentes de diversa procedencia para, desde el acuerdo sobre las líneas de trabajo, construir un movimiento social y político plural y diverso, sólido y no sujeto a las coyunturas electorales, pero si preparado para afrontarlo con garantías de convertirse en un proyecto mayoritario, pues de otra manera, los cambios y transformaciones que se precisan serían frustrados y el abono para la derecha populista institucionalizada, estaría dado.

No voy a plantear línea alguna, pues creo que esa cuestión debería ser tratada en esas reuniones, asambleas plurales o similar, desde donde poder integrar las diferentes y diversas opiniones, pero siempre velando por la viabilidad en el marco legal en el que nos movemos, pues de lo contrario, sí que se cae en un populismo vacío y superfluo que lleva, indefectiblemente hacia la demagogia. Ni todos tienen razón en sus exigencias, ni se puede santificar la opinión ciudadana porque ésta está “excesivamente” condicionada por prejuicios e intereses” que, aunque legítimos, no siempre coinciden con los de la mayoría de la ciudadanía. La estratégia, en mi opinión es; pedagogía y discusión, información y formación para poder construir más allá de la manipulación y la imposición sistémica en la que, pese a no considerarlo ni valorarlo, vivimos.

Y termino: al igual que Podemos ha hecho estos días ( con la presentación de una propuesta para el debate en materia económica), en el ámbito local, los partidos y organizaciones políticas y sociales deberían dotarse de unos planteamientos mínimos que, paralelamente a los procesos coyunturales, transmitiesen a la ciudadanía que algo está naciendo y que vale la pena participar. Sin sectarismo, sin exclusiones, pero con un programa para debatir y concretar al que sumarse y del que sentirse parte. No un "recetario" de soluciones, pero si un documento abierto donde se aborden de forma transversal la problemática de un municipio desestructurado, carecte de modelo socio económico claro y de futuro y, al igual que el resto, víctima de una democracia representativa agotada que ha creado distancias insalvables entre la ciudadanía y sus representantes.


Seguir con la dinámica de programas electorales coyunturales, estrategias tacticistas en lo que se dice y a quien, seguirá empobreciendo la política y alejando a la ciudadanía, en una dinámica que únicamente beneficia a las oligarquías que dominan y dirigen las organizaciones ( sean personas u organizaciones integradas) en su propio interés y no en el de transformar la sociedad.

jueves, 20 de noviembre de 2014

CANDIDATOS/AS, PROGRAMA Y DEMOCRACIA LOCAL

Más allá del líder o cara popular y visible de un partido u organización política, debe haber más vida; no es lógico que una estática orgánica basada en estructuras claramente oligárquicas condicione la existencia en si del partido político. Y no es lógico, en la dinámica en la que estamos inmersos, pues ésta está marcada por la exigencia de cambios y transformaciones que reviertan, en lo posible,  la profunda desafección de la sociedad respecto a la política.

La designación de candidatos, además de por el debate orgánico, debería haber pasado por algún tipo de “tamiz” social, lo cual hubiera demostrado que, además de la legítima ambición personal (entendiendo ambición por voluntad de trabajo), existen unos planteamientos acorde con esos cambios que la sociedad exige.  

Por otro lado está el programa (esa relación de intenciones u objetivos que el partido quiere plantear a la sociedad) político que sustentará a la candidatura y que debería servir de hoja de ruta de la acción política. Un programa que tendría que ser debatido previamente, dando la oportunidad a la sociedad (esa sociedad civil organizada o a la opinión pública en general) de poder expresar e incluso aportar ideas, inquietudes o propuestas para su discusión.

Está claro que en un marco institucional, donde la derecha ha dirigido el rumbo municipal durante más de veinte años, alguna alternativa hay que plantear, pues el bucle social y político hay que superarlo de forma urgente. Y ahí, juega un papel fundamental la apertura de las organizaciones a la sociedad: no el discurso complaciente de, “decidnos que queréis, para que tomemos nota”. Sino esas líneas y compromisos que son inherentes a una organización política, por principios, por valores y, porque no, por ideología.

Evidentemente, de la derecha(insertada en muchos y diversos partidos de diferente definición teórica) no se espera que de un paso al frente y se ponga junto a la sociedad civil, pues ésta esta exigiendo transformaciones que la derecha no está dispuesta a permitir, ni por principios, ni por valores ni por ideología. Y no lo está, simplemente porque la actividad política la concibe tal cual se desarrolla actualmente: por delegación excluyente. Y ahí la izquierda, los movimientos y organizaciones progresistas tienen la obligación de romper una dinámica cuyo objetivo no es otro que seguir sometiendo a la sociedad al papel de “mayoría silenciosa”. Esto debería ser un punto de inflexión en el diseño del proyecto alternativo: la “sociedad gobernante” no debe seguir prevaleciendo sobre la sociedad civil. Se ha de superar una estática cuyo contenido es rechazado mayoritariamente por la gente con procedencia ideológica verdaderamente transversal, y de ahí, la necesidad de cambios. Y esos cambios, no deberían ser vistos como “copias”, sino como obligaciones y compromisos asumidos por las organizaciones políticas en el marco de un verdadero cambio de régimen.

En mi opinión, que las “caras de los carteles” sean unos u otras es, únicamente relevante en cuanto a la impronta personal ( que no personalista), pero personalmente considero que esta impronta tendría que tener como condición la aceptación de un proyecto; de unas líneas generales y unos principios que rigiesen la acción política.

La democracia ( y aunque sea una obviedad, hay que recordarlo), no es solo el ejercicio cuatrianual del voto. Pero para conseguir la implicación social hay que dar el primer paso, cuestión que parece ser más dificultosa de lo que pudiera parecer ( el discurso y la práctica, se contradicen en demasiadas ocasiones), aunque no es imposible. Para avanzar hacia una sociedad efectiva (y no solo formal),desde  la opinión pública discusiva ( la de la calle, la de los bares) a una organizada y participativa, imbuyendo, progresiva pero incesantemente, a todas las estructuras sociales la cultura de la corresponsabilidad.


Se que puede parecer un discurso excesivamente retórico e incluso complejo, pero en mi opinión, lo verdaderamente retórico, e incluso demagógico, es hablar de democracia cuando lo que en realidad se quiere decir es; sistema electoral donde los delegados asumen durante cuatro años las decisiones sin contar con nadie ni dar cuenta a nadie de su trabajo, y cuando se dirigen a la ciudadanía, es únicamente buscando el eco mediático o el reconocimiento, y no el debate y la implicación.

UN SALUDO Y MI RECONOCIMIENTO A J.A PEREZ TAPIAS

La noticia de que José Antonio Pérez Tapias dejaba, por propia voluntad, la portavocía de Izquierda Socialista ha sido la desagradable constatación de que, incluso en la corriente crítica, la concepción de la política y, sobre todo, de los cambios exigidos y necesarios para resituar a la socialdemocracia, provoca cainísmo. Las cuotas de poder orgánico que la corriente tiene son un verdadero lastre, pues provoca luchas por “estar”, no sujetas a lógica, pero si fruto de tacticísmo personal.

A José Antonio Pérez Tapias le conocí en las jornadas que Izquierda Socialista convocó en 2009 en Madrid, y a las que asistí como miembro declarado de ésta y militante del PSOE (algo que para algunos ha provocado un estigma del que personalmente me siento orgulloso). Siempre me pareció un compañero digno y de principios, demás de sentir personalmente una profunda admiración intelectual por su trayectoria. Cuando tuve conocimiento de su intención ( apoyada por la coordinadora de la corriente) de optar a la Secretaría General sentí un impulso que finalmente pude reprimir: solicitar la militancia de nuevo (aunque dudo que en mi agrupación local hubiesen aceptado, dado el grado de enconamiento personal que mis opiniones suscitan). Finalmente mi único “compromiso” se concretó en un simbólico apoyo personal a través de las redes sociales.

Evidentemente, nadie hubiera podido pensar de antemano el revuelo mediático y orgánico que la decisión de José Antonio iba a provocar, a pesar de que todos tenían ( teníamos) claro que una posición genuinamente socialdemócrata no sería, ni aceptada por la oligarquía dirigente ni aceptada mayoritariamente por una militancia, en su mayoría afín a una especie de clientelismo de partido. Pero, dejando de lado el hecho coyuntural de la presentación de José Antonio a la Secretaría General, me gustaría expresar mi convencimiento de que su voz es todavía necesaria en el Comité Federal, pues es la única posibilidad de que exista una posición crítica al oficialismo renovado. Y lo digo como ex miembro del PSOE pero como convencido militante ideológico de la necesidad de transformar una realidad injusta y cruel que se ceba con los débiles en beneficio de los poderosos.

El que la corriente de opinión haya sido y sea tenida, de forma errónea en mi opinión, como una posible “plataforma” para “asaltar” otras instancias orgánicas, es y será ( si la militancia adscrita no lo remedia) el hecho que acabará con su trayectoria ideológica y orgánica. Ya, algunos solicitábamos un nivel de organización mayor para que pudiese visualizarse socialmente la alternativa interna a las estructuras social liberales; mayor organización y mayor democracia, organizando territorialmente la corriente, no de forma divergente al partido, pero si de alguna manera de forma paralela. Esto fue considerado una “deslealtad”, aunque todavía no se hacia quién o hacia qué, pues el objetivo era ( y supongo que sigue siendo) devolver al PSOE su carácter de instrumento social y democrático.

La corriente IS tiene, una historia, un presente, y, si así lo quieren los militantes adscritos, un futuro. Y éste no es otro que el de servir de regenerador interno, aunque éste objetivo es o será una entelequia sin la participación de militantes y personas de izquierdas que, desde el compromiso de la renovación, regeneración y recuperación de la socialdemocracia ( como planteamiento racionalmente crítico, ético e ideológico )decidan plantar cara la institucionalismo, el clientelismo y la claudicación política en beneficio, no propio, sino de la sociedad . Era ( y es) necesario abrir la corriente, ofrecer la posibilidad de participación a personas ajenas al partido, elaborar propuestas y darles publicidad para su debate en la sociedad, en definitiva: estructurar con claridad una alternativa interna de izquierdas.

Se puede ser de izquierdas y militar críticamente en el PSOE desde IS (yo no lo hago, pero comparto con quien si lo hace), siempre que IS sea lo que siempre debió ser: una alternativa, como decía, de regeneración. Y esto, es difícil de entender por muchos a los que un cierto tipo de sectarismo “casto” ha atacado de forma  virulenta. Se puede compartir ese espíritu pablista que inspiró y debiera inspirar a IS siendo crítico con los dirigentes, porque su presencia no es estructural sino coyuntural. Se puede luchar por la democracia interna desde posiciones críticas, reconociendo el papel de otros en otras organizaciones y propiciando un acercamiento convergente; se puede hablar de ética y valores de izquierdas sin soberbia ni prepotencia “ombliguista” ( practica interesada de las oligarquías pasadas, presentes y esperemos que no de las futuras). Y esto, en mi opinión, es lo que significa le figura de José Antonio Pérez Tapias.


Mi reconocimiento personal a su persona, como intelectual comprometido, como militante coherente y como hombre cuyos valores y principios hubieran conducido a la socialdemocracia española, quizá no hacia un gobierno en mayoría, pero si a participar de la regeneración democrática que la sociedad necesita, pide y exige.  Y mi cariño hacia IS, a pesar de esa especie de oligarquía interna que sufre y de cuyo lastre debe desprenderse, así como de oportunistas, arribistas y clientelistas varios, caminando hacia un papel claramente de referente socialdemócrata que pueda ser contrapeso y, porque no, alternativa al social liberalismo de aspecto agradable pero sin contenido.

Y quiero terminar haciendo una reflexión personal: compartiendo ese sentimiento de pertenencia crítica a una corriente "crítica", mi decisión personal de abandonar la militancia se debió a cuestiones locales así como a una inaceptable traición a los y las trabajadores por parte del social liberal Zapatero. Así mismo, las "cuestiones" locales, jugaron un papel importante, al sufrir el verticalismo de la dirección frente a cualquier otra opción que preservase la democracia interna. Pero incluso fuera de la organización, considero que sigue siendo potencialmente válida (IS) para cumplir los objetivos por los que compañeros del nivel ético, intelectual, político y moral como Jose Luis Gomez Llorente, la constituyeron allá por el 28 Congreso. Y comparto con todos aquellos que piensan que la convergencia programática es la única vía para luchar contra le hegemonía cultural y política de la derecha. 

Personalmente considero que, hoy por hoy, y si la militancia no lo remedia, desgraciadamente la regeneración del proyecto socialdemócrata lo están liderando otros movimientos políticos, dejando al PSOE (bajo la dirección de una renovada cúpula social liberal) el papel de "guardían" de las esencias más rancias del felipismo.

viernes, 14 de noviembre de 2014

¿ÉLITES?

El titular podría, o llevarnos a malos entendidos, o expresar una preocupante e inquietante cuestión: la conformación de una nueva élite. El hecho de que los órganos directivos de la naciente Podemos cuente con una mayoría de intelectuales, en principio, no debería excluir la participación de trabajadores y trabajadoras de todo tipo.
Evidentemente, la preparación teórica de los responsables de poner en marcha el proyecto político y orgánico de Podemos tienen que tener la mayor y mejor de las preparaciones pero, como antes decía, sin exclusiones, pues esto vendría a dar la razón a aquellos y aquellas que acusan a Podemos de demagogia: de decir una cosa pero sin aplicársela a ellos. La tan mentada “casta” no puede tener su expresión en una nueva “elite”.

Entiendo que Pablo Iglesias ha contado con la gente de su entorno; en los y las que mayor confianza y complicidad tiene. No obstante, la composición transversal de podemos hubiera permitido contar con trabajadores y trabajadoras con ideas e inquietudes, formando una dirección socialmente plural. La opción ha sido esta y habrá que ver como se suceden los acontecimientos para valorarla.

Considero que el compromiso de un grupo de intelectuales ha sido el que, al albur de los movimientos ciudadanos (15M,mareas, plazas …) ha propiciado la cristalización de un proyecto político nuevo en lo organizativo pero no tanto en lo programático, pues otras opciones políticas defendían y defienden postulados, o muy próximos, o similares. Pero para que éste nuevo movimiento político fuese realmente representativo tendría que abrirse a esos trabajadores y trabajadoras que han demostrado un alto grado de conciencia “para si”.

Otra cuestión ha sido la falta de voluntad de integración. La explicación en torno a la legitimidad o no de las mayorías no me parece suficiente, aunque personalmente creo que habrá que dar un plazo adecuado a la dirección naciente para que demuestre su voluntad de integración, pues de lo contrario, el calco será tal en lo orgánico que podría desvirtuar un ilusionante proyecto de democracia y pluralidad.

Los intelectuales comprometidos socialmente siempre han sido, de alguna manera, la “vanguardia” en las luchas sociales. Esto, en el pasado, tenía su razón de ser ante la falta de acceso a la formación e información de la clase trabajadora en general. En la actualidad, esa falta de información y formación ( oficial o autodidacta) ya no es tal, por lo que podríamos afirmar sin ningún riesgo que en la clase trabajadora hay personas absolutamente preparadas para asumir responsabilidades democráticas junto a los profesores, licenciados y expertos, extremo éste que podría dar un carácter mucho más plural y transversal a la organización llamada a representar a millones de personas.

Como decía, personalmente, y aunque no estoy de acuerdo, considero que sería un exceso de purismo criticar virulentamente esta presunta deriva “elitista”. Por lo que creo que hay que dar los plazos necesarios para que las diferencias de concepción no obstaculicen la consecución de los objetivos: la toma del poder. Y, aunque el debate no está cerrado, considero que será positivo post ponerlo, pero no olvidarlo pues en éste proyecto van demasiadas ilusiones para que cualquier error pueda frustrar, como decía, el objetivo.


DOS ÁMBITOS

Ante los atónitos ojos de la ciudadanía, se presentan día si y día también, las miserias de un sistema que parece haberse materializado de la nada a pesar de haber estado siempre ante nosotros. La desafección (palabra que significaría que un día hubo afecto, pero que se perdió en el camino) avanza, sembrando a su paso, o desilusión o, en la mayoría de las veces, un cabreo infinito. Y este sentimiento, se va concretando, aligerando la “mayoría silenciosa” y nutriendo las filas de los y las que consideran que ha llegado el momento de impulsar democráticamente y cambio profundo y sustancial. Pero, ¿sobre qué bases se debería producir el cambio?. La cuestión del cómo parece que va aclarándose con la emergencia de grupos organizados que proponen con claridad un nuevo método, alejado de ese planteamiento elitista que nos ha traído los lodos en los que chapoteamos.

No obstante, sería conveniente dilucidar si la solución general podría ser compatible con una solución local; no ya por las posibles diferencias estructurales, competenciales, etc, sino por un motivo mucho más cotidiano: el binomio entre personas e ideas.

Personalmente tengo claro que la democracia, tal y como la entienden sus actuales representantes nos conduce a un callejón sin salida: el sometimiento. De ahí mi actitud personal hacia la rebelión democrática impulsada por las propuestas (propuestas que, como todas, no deben ser ni leídas ni entendidas literalmente, sino en el contexto de un ejercicio condicionado por una sociedad inmersa en una dinámica global) y no tanto por los términos o auto calificaciones de los actores políticos. Izquierda y derecha siguen teniendo todo el sentido, pero, anatematizarlos sería un error estratégico imperdonable pues tienen un componente simbólico pero no práctico.

Dicho esto, la cuestión que me gustaría plantear es la que en un principio apunte: ¿sirven las soluciones generales para ser aplicadas en el ámbito local?. Programaticamente si, pero tendríamos que dilucidar si la táctica sería o no la adecuada. Y esto, simplemente porque no podemos olvidar que los proyectos están sustentados por personas, y éstas se mueven, ya por ideas, ya por intereses; algo que deberíamos clarificar para dar una perspectiva real a las soluciones planteadas.

El movimiento asambleario que ha surgido de las movilizaciones ciudadanas tiene, en su método, un instrumento poderoso de corresponsabilidad. Pero ésta, no podrá existir si no se dan las condiciones de conciencia y coincidencia (en sí y para sí) algo que, en lo referente a nuestro entorno más cercano, no se ha producido ( ¿Cuántas movilizaciones cuestionando la gestión local se han producido, cuántas manifestaciones se han realizado exigiendo mejores y mayores servicios, mayor transparencia y mejor democracia?). Por lo tanto, los movimientos surgen, espontáneamente, al hilo de una onda general, lo que propicia que al “nuevo” proyecto puedan adscribirse personas de todo tipo: verdaderamente comprometidas con un cambio, inquietas por el futuro, o previsoras incluso de ambiciones personales. Esta cuestión no es baladí, pues no debemos olvidar que los proyectos, como antes decía, se sustentan en personas.

Lo que sirve para el ámbito estatal, debe perfilarse cuidadosa y minuciosamente para el local, pues de lo contrario podríamos caer en un mero “quítate tú para ponerme yo”.

      El sistema de democracia liberal representativa fue instaurado en un contexto condicionado por la oligarquía franquista apoyada por los cuarteles y los púlpitos. Esta cuestión que no había sido suficientemente valorada, se pone de relieve cuando la ciudadanía percibe en primera persona los devastadores efectos de un sistema electoral que reprodujo, eso sí, con el aval de las urnas, un sistema oligárquico de élites situadas sobre la ciudadanía. Lo que ahora se propone es simplemente devolver la soberanía al pueblo, pero no desde un planteamiento de asamblea permanente, sino de una reforma institucional de profundo calado que, progresivamente acerque la toma de decisiones a los ámbitos más pequeños. En nuestro entorno local, esto se traduciría en una “reorganización” municipal utilizando métodos e instrumentos existentes (consejos, juntas de distrito, asociaciones, etc) pero sin mediatizar ni manipular su contenido desde el interés partidario. Pero eso lo deben hacer personas, y lo deben hacer desde la sensatez de saberse representantes en un marco delimitado administrativa y competencialmente. Y esta cuestión, o se tiene clara o simplemente se cae en la demagogia y la retórica más simple.

      ¿Pueden los partidos y coaliciones actuales representar ese cambio, esa transformación democrática, están dispuestos y dispuestas, tienen la voluntad de realizar una efectiva “cesión” de soberanía, están dispuestos a renunciar a determinados privilegios que no son, ni propios ni éticos? Yo creo que si, pero que debería plantearse en el seno de los partidos sin tacticismos; verdaderamente dispuestos a cambiar sus propias estructuras para así adecuarse, no a los tiempos, sino a la verdadera misión y objetivo que como organizaciones políticas tienen: representación y defensa de los intereses colectivos, y en el caso de la izquierda, no solo defensa, sino la transformación ( progresiva y gradual) de la realidad en beneficio de esa mayoría que, aunque silenciosa en muchos casos, existe y sufre.

      Los experimentos, si no se atienen a un método donde las teorías (debates) se concreten en hipótesis (propuestas), pierden razón de ser. Por este motivo, si los movimientos alternativos quieren en verdad aglutinar los deseos de cambio, su primer reto es concretar un método democrático para que el proyecto, la propuesta, esté por encima y trascienda a las personas que han de representarlas para así no depender de los criterios o voluntades personales. Y eso también es de aplicación a los partidos actuales o tradicionales (no me gusta el término viejo), pues de lo contrario correrán el riesgo de quedar en meros reductos de pequeñas oligarquías locales, sin contenido y con el único cometido de sobrevivir.


      Como decía, la coincidencia de objetivos es tal entre los que actualmente están y los que están viniendo (al menos en el discurso) que lo que en verdad nos preguntamos muchos es, porqué es tan difícil la convergencia (la respuesta de los intereses es evidente, pero creo y espero que haya más, pues de lo contrario sería muy desalentador) de las propuestas y métodos para, desde la necesaria diversidad y pluralidad, construir un marco de entendimiento que propicie el vuelco, tanto general como local. Las diferencias ideológicas, a la vista de lo que se dice y se plantea, no son ni tantas ni tan importantes, por lo que únicamente me queda la explicación tacticista o dicho de otra manera; el interés partidario en las futuras contiendas de competencia electoral. Y siendo ( si fuese) así, creo necesario superar esas estrategias en pos de la regeneración de un sistema caduco, corrupto e injusto, que aliente a la sociedad a asumir su responsabilidad colectiva e ir superando la resignación ( que propicia imposición) que nos condena a nosotros y a los que vienen detrás.

jueves, 13 de noviembre de 2014

HABLAR POR HABLAR

Que vivimos en una sociedad profundamente injusta, es una evidencia. Y es una evidencia aunque la realidad simplemente nos roce: que tengamos problemas para llegar a fin de mes, que haya algún recibo sin pagar, vamos; minucias, ¿no?. ¿No les asaltan, en esos momentos en los que la realidad se planta ante sus ojos un desasosiego, una inquietud, una preocupación profunda al ver que la “normalidad” condena a muchos de nuestros vecinos a la miseria?. La respuesta a todas estas preguntas es, además de obvia, absurda: si, pero bastante tenemos con sobrevivir. Y, ¿Cuándo esta respuesta es repetida de forma incesante, no tienen la impresión de que hay un intencionalidad en ella?.  ¿No creen que todo lo que está pasando (y, si nada lo remedia, seguirá pasando) forma parte de una estrategia cuyo fin último es someter a la ciudadanía a través del miedo (económico, policial, cultural en definitiva)?.

Esas preguntas y muchas otras, seguro que están en la mente de muchos y muchas, pero la realidad, la pesada y cruel realidad se planta ante nosotros para atenazar nuestra voluntad y someternos. Ese concepto ( el del sometimiento) es con el que hay que romper. Ni nada es así por obra y gracia de nada, ni lo que pasa es fruto de la casualidad ( más bien de la causalidad). Comprar, tomar unas cañas, acudir a un acto lúdico, etc, tiene una explicación que va más allá de la rutina típica de una vida normal. Por ejemplo, ver programas de televisión que consideramos inocuos, anestesia de tal manera nuestra mente, que vivimos en una realidad subjetiva tal que al final resulta imponerse como algo “normal”. Nuestros gustos, nuestros hábitos, incluso nuestra forma de pensar ( o de no pensar) es fruto de un largo proceso al que todos y todas hemos sido sometidos y que ha permitido construir a nuestro alrededor una cotidianidad que, siendo lo “normal”, es absolutamente artificial.

Otro ejemplo. El hecho de que nos hayan “robado” derechos, de que la situación laboral no es que sea precaria; sino que roce la práctica esclavitud, ¿es lo normal?. Es cierto que se podría argumentar que no todo es fruto de un proceso social, sino que la voluntad individual tiene también mucho que ver. Pero, ¿acaso la voluntad individual es libre, acaso tomamos nuestras decisiones libremente sin condicionamientos impuestos?. Y, sigamos con los ejemplos: los niños. El hecho de que la educación (que no es gratuita, porque pagamos con los impuestos, no lo olvidemos) sea cada vez más precaria, ¿no es sino un medio y un método para que las generaciones futuras crezcan en un ambiente “propicio” a los intereses de ese sometimiento a la “normalidad” del que antes hablaba?. El que la sanidad sea cada día más precaria, ¿no es fruto de un plan para “privatizar” nuestra vida, beneficiando el negocio sobre nuestra salud?.

Seguro que muchos y muchas protestamos, nos quejamos e insultamos a los políticos, culpabilizándoles de lo que ocurre, pero ¿no es cierto que hemos oído en más de una ocasión aquello de “si yo pudiera, trincaria”, o hemos criticado a los que han sido pillados robando pero al mismo tiempo sentimos una cierta admiración por el tipo de vida que este robo les ha proporcionado?. Eso, sin discusión, es una enfermedad. Y mientras esa “enfermedad” no sea erradicada de la sociedad, por más leyes y normas que pongamos, seguirá siendo una sociedad, profundamente sumisa, profundamente resignada y, lo que es más preocupante, profundamente corrupta.

Tenemos la oportunidad dentro de pocos meses de tomar decisiones que nos trascienden, porque no solo afectan a lo cotidiano, sino al futuro, no ya de nosotros; sino de los hijos e hijas de todos. Y tenemos la oportunidad de, con un simple gesto, cambiarlo todo, pero para que de verdad cambie. Escuchemos, pero reflexionemos sobre los mensajes que nos transmiten; analicemos qué nos dicen, pero valorando la viabilidad y, sobre todo, su oportunidad. No dejemos que nos manipulen más, no apoyemos a personas por el simple hecho de que las conocemos o nos caen simpáticas: dotemos al derecho electoral de un sentido y un fin.


La televisión, la radio, la prensa, la escuela, la iglesia y demás instituciones van a querer continuar influyendo en nuestra opinión, pero pensemos que, igual no es un intento vano, sino que persigue un objetivo: someternos. La libertad no es pensar que uno hace lo que quiere, sino hacer lo que uno piensa, sin olvidar que no somos, ni únicos, ni vivimos en la soledad de nuestra microsociedad.